Miércoles, 03 Enero 2018 00:00

Médico a domicilio para el Caballo Suárez - Por Ricardo Roa

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Beber mucho a veces es bueno. Y si no que lo diga el gremialista marítimo, ahora con domiciliaria.

 

Para envidia en Marcos Paz y en Ezeiza, Omar Suárez, de alias Caballo, pasó como quería el fin de año: en casa de su hija. Y, se supone, con brindis saludables, sin alcohol.

Está preso por corrupción y por prácticas mafiosas. Fue 27 años jefe de los marítimos. Había asaltado el gremio en 1989 con mano de obra bien pesada: una patota de carapintadas. Y nadie lo movió.

Uno fue Carlos El Indio Castillo, de la CNU y que había sido detenido por el secuestro y muerte de un estudiante y de un sindicalista antes del golpe del 76. Otro: Osvaldo Paqui Forese, un paramilitar de la banda de Aníbal Gordon acusado de asesinar a los legisladores uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz.

Suárez fue menemista, duhaldista y kirchnerista. Una única lealtad: con el poder. Cosa normal en ese mundo de la política. Menos normal: empezó al lado de la ultraderecha y terminó al lado del ex jefe de la JP Kunkel y de su esposa senadora, que disponían como propios autos del sindicato.

Decía: todo lo que flota es mío, en una adaptación de todo lo que circula es mío de Moyano. Y con ayuda oficial convirtió el sueño en realidad. Hizo del puerto un puerto libre para él. Prestó servicios al kirchnerismo y se aprovechó del kirchnerismo: extorsionó navieras y remolcadores y montó con esa plata un rosario de empresas que investiga la Justicia. También, un barco flojo de papeles al que llamó Cometa. Toda una confesión.

“Me persiguen porque soy el preferido de Cristina y allegado al Papa”, dice. Suárez se abrazó a Bergoglio y creó Papa Francisco, una radio on line. Nadie dice que sea preferido del juez Luis Rodríguez ni que lo quiera tanto o más que Cristina. Pero sí ha resuelto cuidarle la salud: sobre el inicio de la feria y subrogando al juez de la causa, lo benefició sorpresivamente por alcoholismo y otras enfermedades con la prisión domiciliaria.

Rodríguez es antiguo juez de instrucción y nuevo juez federal apadrinado por el padrino de su hija Javier Fernández, que fue operador judicial del kirchnerismo y colaborador del jefe K de los espías Antonio Stiuso.

Gustavo Bursztyn, médico personal de Suárez, dice que sufre “un deterioro progresivo y alarmante... fruto de la ingesta de aproximadamente cinco litros de bebida alcohólica diaria durante treinta años”. Y dice que tuvo un accidente cardiovascular encarcelado, hipertensión y “alteración conductual”.

Por esa “alteración conductual” se niega a la dieta y a la atención médica porque “muchas veces alega temor a ser envenenado”. En cambio, para el Cuerpo Médico Forense no puede ser catalogado como “paciente terminal” ni portador de “enfermedad incurable”. La resolución del juez desconfía de la idoneidad de la medicina del penal. Pero no desconfía de la eventual bodega hogareña.

La nueva foto del gremialista de gustos sofisticados, cámara frigorífica repleta de mariscos y habanos, vinos y whiskies en la bóveda sindical da para decir quién te ha visto y quién te ve: pelilargo, barbudo y de mirada perdida. Fue al arresto domiciliario con una tobillera de 100 kilómetros de alcance.

No se abstuvo de reaccionar el fiscal Gerardo Pollicita que apeló el insólito beneficio. El fiscal dice que nada imposibilita a Suárez a recibir tratamiento en prisión y que sus patologías no son terminales ni revisten gravedad. Este viernes el viejo o nuevo Suárez podrá dejarle los zapatitos a los Reyes a ver si le traen o no de regalo la confirmación de la domiciliaria por parte de la Cámara. 

Ricardo Roa

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