Miércoles, 10 Enero 2018 00:00

Elisa Carrió jugó un rol clave para Cambiemos en 2017 - Por José Di Mauro

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El papel de Elisa Carrió dentro de Cambiemos fue determinante a lo largo del año pasado. No sólo por su desempeño electoral, sino también por sus intervenciones clave en la Cámara baja.

 

Aquellos que desde el propio oficialismo cuestionan por lo bajo a Elisa Carrió desconocen el aporte que le ha brindado y le brinda al oficialismo la líder de la Coalición Cívica.

Fue el propio Mauricio Macri el que advirtió el valor que podría generarle esa alianza cuando la formalizó el último día de enero de 2015, sábado en el que ambos publicaron en las redes sociales una fotografía que los mostró juntos y al aire libre, anunciando que competirían en internas.

Durante las últimas semanas ambos habían coqueteado con un acuerdo al que Carrió había intentado arrastrar al espacio Unen. El radicalismo tardaría un tiempo más para sumarse y formalizar Cambiemos.

Claramente la territorialidad del partido centenario fue fundamental para que Mauricio Macri se transformara en presidente, como así también su presencia numérica legislativa para poder gobernar, pero el aporte de Lilita fue clave y el primero en reconocerlo es el Presidente.

En esa misma dirección rumbeó tiempo después al anunciar también por las redes sociales su acuerdo político con Carlos Reutemann.

Aunque en ese caso el entendimiento fue más acotado y eminentemente electoral. El Lole fue candidato de Cambiemos a renovar su banca como senador, pero nunca se integró al bloque oficialista, ni siquiera ahora cuando Cambiemos necesitaba sumar para pelearle la primera minoría al bloque de Miguel Ángel Pichetto.

Podría decirse que el mayor rédito que Macri le sacó a esa alianza con Reutemann fue alejarlo de Sergio Massa, que hasta entonces lo sumaba como propio. No fue poco...

En cambio Carrió es claramente oficialista, más allá de los cohetes que suele lanzar hacia adentro del espacio y cuestionamientos que a veces hace a través de las redes sociales, generando pánico en el plano interno. “Carrió es inmanejable”, suele decirse, y un comentario en ese sentido despertó una airada reacción de Lilita en contra de la mismísima vicepresidenta Gabriela Michetti, que convenientemente se llamó a silencio para evitar que escalara la polémica. Lo cierto es que, veterana en estas lides, la blonda diputada sabe cómo administrar sus cuestionamientos y durante estos dos años como oficialista ha sabido administrar sus enojos y reproches.

Cuando la tensión se hizo extrema, ahí intervino el Presidente convocándola a Olivos para brindarle explicaciones y contención. La propia Lilita admite que Macri ha sabido relacionarse con ella, que le responde poniéndolo siempre a resguardo de sus críticas.

A Macri le sirvió en su momento el acuerdo con Carrió para reforzar su costado más vulnerable y aportarle una pátina de institucionalidad a su proyecto, más la garantía de que avanzarían en dirección a la búsqueda de justicia que demandaba la sociedad sobre el final del kirchnerismo. Fue lo mismo que quiso replicar Sergio Massa con su acuerdo con Margarita Stolbizer. No le fue bien.

De cara al año electoral 2017, Carrió pareció transformarse en un problema cuando dejó traslucir su deseo de competir en la provincia de Buenos Aires. El proyecto diseñado por Jaime Durán Barba obviamente no la contemplaba a ella, sino a la gobernadora María Eugenia Vidal en la que debía recaer todo el peso de la campaña, como en efecto sucedió.

Lilita finalmente entendió las señales y aceptó mantenerse en la Ciudad de Buenos Aires, para regocijo del jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, con el que estableció una relación similar a la que tiene con Macri. Y el resultado fue acorde a las expectativas, con la arrolladora victoria obtenida por la lista que encabezó Carrió en las PASO primero, y en octubre después.

El único punto opaco de esa campaña lo dio en el debate porteño, en el que su exceso de autosuficiencia le jugó en contra y terminó derrapando al aventurar porcentajes sobre la suerte de Santiago Maldonado. Igual ganó las elecciones con holgura.

Pero el servicio de Carrió no se limitió el año pasado a la cuestión electoral. También tuvo un importante desempeño legislativo. Podrán endilgarle que no está en todas las votaciones, y que a veces su verborragia la lleva a territorios enmarañados, como aquella vez que se fastidió con los diputados progresistas que resistían un proyecto sobre el régimen para la donación de alimentos. “Hay un progresismo estúpido que cree que es preferible que vayan a buscar a bolsas de basura en vez de tener los alimentos de marca en su casa”, disparó. La reacción de Lilita provocó que casi toda la oposición abandonara el recinto, atribuyéndole haber insultado a sus pares. La sesión se levantó.

Lo cierto es que Carrió tuvo intervenciones clave que sirvieron en otras ocasiones puntuales como contención. Como cuando el 15 de febrero del año pasado, al debatirse en extraordinarias la reforma de la Ley de ART, y promediando la sesión, diputados de la oposición comenzaron a ventilar en el recinto que el gobierno había modificado la fórmula para calcular la movilidad jubilatoria. En pleno desmadre, Lilita corrió a todos por izquierda presentando una cuestión de privilegio contra su propio gobierno, para el caso de que lo que decía la oposición fuese cierto. La cuestión de privilegio era “por haber modificado la ley, y me comprometo, y nos comprometemos, a que impere la actual ley de actualización”, señaló, logrando encarrilar la sesión.

Luego revelaría que había llamado de inmediato al Presidente “para que cambie lo de las jubilaciones. Discutimos, nos dijimos todo porque es una relación muy franca”, señaló.

Más cerca en el tiempo, Carrió tuvo una especial participación en las dos sesiones más calientes de la Cámara de Diputados: las de la reforma previsional. Primero, había aventado reparos sobre el nuevo cálculo para la jubilación y cuando la sesión del 14 de diciembre que terminó levantándose aparecía desmadrada, tomó la palabra para pedirle personalmente a Emilio Monzó lo que ya habían acordado: el levantamiento de la sesión. En ese marco, aclaró que “va a haber una compensación a los jubilados, por eso estoy acá sentada, así que no asusten más a la gente”.

“Lo peor que puede hacer una Cámara de Diputados es sesionar en este ambiente de violencia que no ha sido generado por el interbloque Cambiemos”, y concluyó diciendo: “la violencia se opone a la Constitución y la paz. Y como nosotros la rechazamos, le pido al señor presidente que levante esta sesión escandalosa”.

Ese mismo día, cuando trascendió que el Ejecutivo estaba dispuesto a usar la alternativa del decreto, ella salió a rechazar airadamente esa medida a través de su cuenta de Twitter. Fue determinante para que el gobierno volviera sobre sus pasos.

En la sesión siguiente, en la que finalmente se aprobó la ley previsional, pronunció la única cuestión de privilegio del oficialismo, alertando ante los intentos por hacer caer la sesión que podría llegar a darse la situación de que pudiera no permitirse funcionar a la Corte Suprema de Justicia, o que “mañana decida un grupo en las calles que no puede funcionar un gobierno”.

En ese marco, advirtió que estaba hablando “ni más ni menos que de golpe de Estado. En consecuencia, nosotros somos diputados de la Nación, ejercemos una representación; queremos tratar la ley. El artículo 21 de la Constitución establece que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. Y al concluir, no pudo con su genio y denunció una “conspiración institucional”.

Esa es Lilita, la que terminó el año mandando señales al gobierno sobre el acuerdo Angelici-Nosiglia que, dijo, “me aleja mucho de Cambiemos”. Y concluyó deslizando que “ellos sabrán lo que hacen y yo sabré lo que haga (...) Si la sociedad se inclina por un Cambiemos más ligado al fútbol, a los negocios, a las viejas tradiciones políticas, seguramente nosotros no tenemos más nada que hacer. Y esa es una definición de 2018, no llego al 2019 sin definiciones claras en esta materia”, advirtió.

Seguramente la sangre no llegará al río, verán cómo hacerlo. Pues está claro que el Presidente necesita a Carrió, y que Lilita está cómoda en esa condición.

José Di Mauro

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