Miércoles, 10 Enero 2018 00:00

La grieta opositora - Por Sergio Crivelli

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La unidad del PJ comenzó con una división entre kirchneristas y antikirchneristas.

 

Todas las encuestas muestran que la reforma previsional tuvo costo político para el gobierno. Para aprovechar ese flanco algunos peronistas propusieron una alianza “al inclusive”, pero se encontraron con un obstáculo: la grieta opositora. Dicho en otras palabras, la unidad del PJ comenzó con una división entre kirchneristas y antikirchneristas.

Cristina Kirchner tiene un caudal de votos imprescindible para enfrentar a Mauricio Macri, pero a la vez representa el pasado, un “modelo” ruinoso y la corrupción llevada a extremos surrealistas. Sin ella no alcanza, pero con ella es imposible. Por eso intendentes del PJ, massistas, randazzistas, piqueteros, sindicalistas y la conducción de la Iglesia quieren formar una alianza con ella adentro, pero que se note poco.

A lo que hay que agregar que como siempre el partido se juega en la economía: si el gobierno fracasa allí hasta el PO se le animará, pero nada lleva a creer eso por ahora. La crisis de la deuda, las corridas cambiarias y otras catástrofes habituales pertenecen aún al terreno de las expresiones de deseos de dirigentes “K” y periodistas opositores.

En este marco el presidente del PJ bonaerense, que es a la vez intendente, dijo que veía “posible” una reunión entre Cristina Kirchner y  Sergio Massa. La declaración se sumó a una reunión de fin de año entre dirigentes kirchneristas y massistas como Agustín Rossi y el ubicuo Felipe Solá. El encuentro fue organizada por otro ubicuo: Alberto Fernández.

La “operación” colmó la paciencia de Massa, que no es precisamente lento para operar en los medios, y tuvo respuesta por boca de Graciela Camaño: “Una persona totalmente desautorizada como Alberto Fernández armó una suerte de rosca con una foto y nada más…. Fue una trapisonda de un tipo que nunca sabés dónde está parado y que no tiene catadura moral para la política. Si el eje de esa construcción es Alberto Fernández, estamos en el horno”. Fin de la historia.

A ese entredicho conviene agregarle otras tres declaraciones llamativas. Cristina Kirchner dijo que haría todo lo posible para que “otro argentino” esté en la Casa Rosada el año próximo, el presidente del PJ bonaerense le pidió que “permita” otros liderazgos emergentes y Martín Insaurralde, que siempre parece a punto de romper con los K, pero nunca rompe, también elogió la unidad.

Conclusión: el problema de unidad no es de todo el peronismo, sino del bonaerense, más específicamente de los intendentes del conurbano, donde CFK tiene el 40% de los votos. Y se volvió una cuestión de supervivencia porque Cambiemos dotó a María Eugenia Vidal de un presupuesto multimillonario para hacer política electoral.

Con ese objetivo hizo aprobar la reforma previsional que desgastó su imagen, pero para el año próximo, cuando lo peor del ajuste haya quedado atrás, los intendentes del PJ temen que Cambiemos vuelva a ganar. Por eso tratan de sumar todas las fuerzas posibles y salen a “caranchearle” dirigentes a Massa a quien creen debilitado. Pero hay figuras como la de CFK que no suman, sino que restan y todo parece indicar que por ese camino las cuentas no les van a cerrar.   

Sergio Crivelli
Twitter:@CrivelliSergio

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