Lunes, 22 Enero 2018 00:00

Triaca, un obstáculo en la batalla de Macri contra los gremios - Por Fernando González

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No ha sido el amo y señor de los millones de la obra pública como lo fue Julio De Vido con Néstor Kirchner. Ni se apropió de la fábrica de hacer billetes como lo logró Amado Boudou con Cristina.

 

Jorge Triaca está muy lejos de esos dos pájaros, que sobrevivieron en sus cargos durante el festival de corrupción de la década kirchnerista. Pero la discrecionalidad, la soberbia y la torpeza con la que el ministro de Trabajo manejó la situación de su empleada Sandra Heredia lo convirtieron en el regalo más inesperado que pudo recibir el sindicalismo en estado de guerra con el Gobierno. Aunque lo estima y valora el hecho de que haya sido uno de los primeros peronistas que lo acompañaron en la aventura política del PRO, difícilmente Mauricio Macri pueda sostenerlo mucho tiempo más en el gabinete.

Eso fue lo que evaluó el Presidente, en un áspero diálogo que mantuvieron apenas estalló el escándalo. Triaca escuchó como Macri lo castigaba en términos durísimos, en presencia de Marcos Peña y de Mario Quintana. Allí se decidió alejarlo del epicentro del conflicto por lo que el ministro marchó a su quinta de Chapadmalal a completar sus vacaciones. Mientras que Peña fue el encargado de hablar por radio Mitre el viernes para ensayar una defensa pública del hombre en llamas y deslizar un obligado gesto conciliador hacia los gremialistas.

“Es un excelente ministro que cometió un error”, fue una de las frases clave del jefe de gabinete sobre los insultos telefónicos del ministro. Y la otra fue “la mayoría de los sindicalistas está siendo responsable y dialoga”. La traducción al castellano de la jerga macrista es la siguiente. Si Hugo Moyano no se sube al tren anti Triaca hay espacio para negociar. Y, en ese caso, dejarían en el lugar de la tribuna antidemocrática solo a Luis Barrionuevo. El mensaje del desgastado dirigente gastronómico contra Macri, amenazándolo con el mismo final caótico y anticipado de Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa, lo sepultó en una tumba de la opinión pública donde ningún otro sindicalista quiere volver a estar.

Pero la contundencia de la defensa de Peña es apenas una ola en la superficie del mar embravecido. Triaca deberá volver hoy o mañana a Buenos Aires para dar una batalla de final incierto con el objetivo de mantenerse en el Gobierno. El escándalo por la designación de Heredia como delegada en la intervención del Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU) lo convirtió, como adelantó Clarín, en uno de los 27 funcionarios de Macri investigados por la Oficina Anticorrupción que conduce Laura Alonso. La normalización del gremio del temible Omar “Caballo” Suárez es uno de los modelos de transformación que Macri lleva como bandera.

Aliado de Moyano hace algunos años, temido por las extorsiones contra los empresarios navieros y enriquecido como varios de sus colegas gremiales, el “Caballo” Suárez fue a prisión en el marco de una investigación del juez Canicoba Corral. Pero una decisión judicial le había permitido hacía dos semanas el beneficio del arresto domiciliario con el argumento insólito de su adicción al alcohol. El fallo ya fue corregido y el “Caballo” volvió a la cárcel pero hay dirigentes en el Gobierno que le adjudican al gremialista la difusión de los pecados que hoy arrinconan a Triaca. “Menos mal que fueron dos semanas porque si el Caballo estaba libre más tiempo se lo llevaba puesto a Macri”, ironizan en la Casa Rosada.

Triaca se ha convertido en otro cisne negro para Macri. Hijo del jefe sindical del plástico, que mantuvo demasiada cercanía con la última dictadura militar y que fue ministro de Trabajo e interventor de SOMISA con Carlos Menem, se crió en la misma quinta de San Isidro donde ocurrió el episodio que ahora jaquea su futuro. Se recibió de licenciado en Economía en la Universidad de San Andrés y fue elegido diputado porteño a los 34 años. Una carrera exitosa y esforzada si se tiene en cuenta que quedó parapléjico por un accidente de tránsito a los 9 años.

Triaca representa ahora un obstáculo complicado para el Presidente, que tiene como objetivos avanzar en la democratización y la modernización de los sindicatos; en destrabar la ley de reforma laboral en agonía; que quiere combatir el trabajo en negro y negociar las paritarias sin cláusula gatillo cuando la inflación baja en forma mucho más lenta de lo esperado. La pulseada contra los Moyano y el resto de los monarcas sindicales será impredecible con el lastre de un ministro que designó a varios de sus familiares en el Estado y que no respeta las mismas reglas que le debe hacer cumplir a esos líderes desprestigiados.

No será una decisión fácil para Macri. En los próximos días deberá decidir si acomete la batalla cultural contra los gremios con uno de sus generales herido. O si lo reemplaza para no pagar el costo de los errores de Triaca en cada combate ante la opinión pública. Maquiavelo decía que “no hay nada más peligroso de emprender sin garantías de éxito que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas porque la innovación tiene como enemigos a todos aquellos que se beneficiaron de las condiciones antiguas…”. Habrá que ver si el Presidente, o algunas de las personas de su confianza, tienen en cuenta las lecciones de “El Príncipe” para navegar por las aguas borrascosas del poder. 

Fernando González

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