Miércoles, 14 Febrero 2018 00:00

El drama peronista - Por Sergio Crivelli

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El que hasta 2015 fue el partido hegemónico de la Argentina enfrenta un problema inédito: su máxima candidata, Cristina Fernández de Kirchner, no es peronista y le bloqueó el camino al poder. Le faltan votos para llegar al poder y para colmo atrae a figuras en decadencia como Hugo Moyano.

 

El peronismo chocó con un problema inédito. Su candidata con más votos no es peronista y, lo que es peor, le bloqueó el camino al poder. Esto ocurre porque Cristina Kirchner divide al que fue hasta 2015 el partido hegemónico de la Argentina y de esa manera lo saca de carrera. Lo que Massa le hizo a ella en 2013 y 2015, ella se lo está devolviendo con creces al peronismo.

La ex presidenta se quedó con el voto peronista de la provincia de Buenos Aires y redujo a los demás dirigentes partidarios de primera línea a actores de reparto. Está obligando además a los de segunda y tercera a buscar refugio a su lado para no desaparecer.

CFK tiene 3,5 millones de votos en el distrito decisivo, pero con eso no le alcanza para volver. Armó una coalición de centroizquierda que carece de inserción en el poder, salvo algunos sindicatos estatales, y que como todos los proyectos de ese sector amenaza con terminar convirtiéndose en testimonial.

El ejemplo histórico del peronismo testimonial que CFK está resucitando desde la oposición es el frepasismo y su símbolo perfecto, Chacho Álvarez, que renunció al poder y nunca volvió. El frepasismo puede tener un barniz peronista, pero en los hechos es un peronismo contra natura. Un peronista jamás abandona el poder, porque es su razón de ser. Marchar con Carlotto, Bonafini y Baradel podrá resultar, pintoresco, festivo, atractivo para los medios y algunos sectores de la clase media pero no sirve para regresar a la Casa Rosada.

Una señal de la decadencia de Hugo Moyano no es sólo su aislamiento del resto del gremialismo en la pelea con Mauricio Macri, sino su acercamiento a Cristina Fernández. En el ocaso y arrinconado, el camionero está traicionando su propios genes al unirse a perdedores. No es juntándose con Filmus y Alberto Fernández que zafará.

Lo contrario hacen los gremialistas que lo abandonaron. Primero fue Daer, pero con el correr de los días se sumaron los que deben negociar con Macri de manera permanente. Hasta el amenazante Barrionuevo terminó por alejarse del cortejo fúnebre antes de llegar a la puerta del cementerio. Los sindicalistas pueden empujar a un gobierno cuando está en el borde del precipicio, pero si la situación no es esa deben negociar. Perón los creó dependientes del Estado, por eso negociaron con todos los gobiernos civiles y militares desde los años 40.

Pero el primer problema del ala política del peronismo no son los gremialistas sino Cristina Kirchner. Repudió al aparato del PJ y no le fue mal. Su competidor que conservó el escudito del partido, Florencio Randazzo, tuvo un desempeño humillante en octubre. El en otros tiempos poderoso efecto de los símbolos tradicionales se disolvió en el aire.

El segundo problema de los peronistas es Macri, porque no ataca a la ex presidenta. No promueve su desafuero. No quiere convertirla en "mártir". La deja seguir con su tarea de mantener al PJ en estado de hibernación. Un estado que, de no ocurrir una catástrofe, difícilmente abandone antes de 2019.  

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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