Lunes, 12 Marzo 2018 00:00

El día que termine el Mundial irán por la Triple Reelección - Por Fernando González

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La inflación sigue alta e impactan las tarifas. Así y todo, en el Gobierno registran un freno significativo en la caída de imagen de Macri.

 

La fecha está anotada en las agendas de todos los funcionarios importantes de la Argentina. El lunes 15 de julio empieza la campaña para las elecciones del 2019. Salvo que ocurra algún imprevisto, de esos que hacen temblar al país de tanto en tanto, en la Casa Rosada se preparan para lanzar el plan de las tres reelecciones: la de Mauricio Macri como presidente; la de María Eugenia Vidal como gobernadora bonaerense y la de Horacio Rodríguez Larreta como jefe de gobierno porteño.

Hay un solo factor de incertidumbre. Nadie sabe cuál será el ánimo de la mayor parte de la sociedad ese día. Es que ese lunes será la jornada posterior de la final del Mundial de Rusia. Y aunque se sabe que la euforia futbolera jamás ha ganado una elección en el país adolescente, el Frente Cambiemos se sentirá más acompañado si la Selección de Messi y Sampaoli vence el karma de las últimas tres décadas y se consagra campeón de una vez por todas.

Macri sabe que nada puede hacer para alinear los planetas rebeldes del fútbol. Por eso, ha puesto a su equipo a preparar el escenario político. El 15 de julio faltarán 15 meses para los comicios presidenciales y en el Gobierno creen que hasta esa fecha la cabeza de los argentinos estará ocupada por sus preocupaciones personales; por el impacto de la inflación en su economía familiar y, a partir del 14 de junio, habrá una suerte de shock colectivo en torno a los partidos y a los resultados del Mundial. Cualquier atisbo de campaña preelectoral, en esos 30 días locos, pasará fatalmente desapercibido.

Pero si el Mundial es incertidumbre qué se puede decir de la percepción política y económica de los argentinos. Hace dos meses, en esta columna se registró como el ánimo social se deprimía al ritmo de la suba del costo de vida e impactaba negativamente en la imagen del Presidente. Después de mucho tiempo, la inflación superaba a la inseguridad como la principal preocupación del país. Hasta el peronismo, sumido en el torbellino de su decadencia actual, había comenzado a ilusionarse con la alternativa de un ballotage que lo volviera a situar en posición competitiva frente a las ínfulas del macrismo.

Pero ha vuelto a registrarse un cambio en esos números caprichosos. Todavía la inflación es muy alta; todavía el aumento de tarifas atemoriza a los asalariados y el debate para despenalizar el aborto es una ráfaga de aire fresco institucional que, sin embargo, no alivia los bolsillos de nadie. De todos modos, las diferentes encuestas que consulta el Gobierno están detectando una modificación en el ánimo social y un freno significativo en la caída de la imagen presidencial. Algo es algo, dicen los cultores del optimismo militante.

Uno de esos trabajos, la Medición de Humor Social que realiza el Grupo de Opinión Pública, registra un freno en seco de la percepción del susto económico, político y social. También perdió fuerza la sensación de que se está peor que un año atrás y que la situación empeorará todavía más el año próximo. La inseguridad ha vuelto a despegarse de la inflación como principal preocupación argentina y la marcha reciente que encabezó Hugo Moyano se leyó mayoritariamente como un intento del camionero para mejorar su delicada retaguardia judicial, acompañado políticamente por el kirchnerismo y la izquierda. En el Gobierno muchos celebran el respiro.

Si bien Macri buscó anticiparse en el Congreso durante el discurso del 1ª de marzo, diciendo que “lo peor ya pasó”, está claro que la situación sigue siendo tan compleja como la describió ayer en Clarín Julio Blanck al decir que “lo peor todavía está pasando”. Entre los argumentos que explican el freno de la caída y el cambio de percepción, el trabajo del GOP señala cuatro factores claves que explican las últimas iniciativas políticas del Presidente.

Los argentinos expresan opiniones mayoritarias a favor de la despenalización del aborto; de fomentar el presentismo entre los maestros; de cobrarle a los extranjeros los servicios de atención sanitaria y que el Estado mantenga un papel de regulación en la economía aunque sin ocupar el rol de las empresas privadas. Todas esas variables están incluidas en el sorpresivo cambio de agenda que el Gobierno ensayó en las últimas semanas.

El sondeo del GOP investiga también el comportamiento electoral que podría tener la sociedad ante una instancia de ballotage. Midieron a Macri y a Vidal ante posibles candidatos peronistas. Los dos le ganarían con claridad a Cristina. También vencerían sin mayores problemas a Juan Manuel Urtubey y a Axel Kicillof. Pero difieren en una eventual disputa con Sergio Massa. La gobernadora lo vencería y el Presidente quedaría tres puntos por debajo del tigrense con un 22% de indecisos que sí podrían darle la victoria al oficialismo si es que mejoran su situación actual.

Hoy es apenas un ensayo de probabilidades estadísticas. Pero plantó en la agenda del Gobierno un punto que los ocupa y los preocupa. La frontera entre el camino que lleva a la triple reelección y el que podría conducir a una derrota en ballotage ante un peronismo unido es demasiado estrecha. Con una inflación tan rebelde y un crecimiento económico tan tímido, serán los pequeños detalles los que alumbrarán la fiesta del éxito o empalidecerán el infierno del fracaso.

Fernando González

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