Viernes, 06 Abril 2018 00:00

Miguel Ángel Pichetto, en Gualeguaychú: arranca el gran tour del nuevo peronismo - Por Marcos Novaro

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El jefe de la principal bancada opositora del Senado da inicio con una reunión en Gualeguaychú a su proyecto más ambicioso, recomponer el PJ -dejando atrás la experiencia kirchnerista- para volver a conquistar la mayoría perdida.

 

Miguel Ángel Pichetto es un hombre con gran experiencia, y sabe lo que hace. Pero en su larga historia nunca hizo algo parecido a lo que ahora intenta: fue siempre instrumento de estrategias de poder diseñadas por otros, líderes mucho más poderosos que él; ahora no, es él quien diseña una estrategia de poder, para ofrecérsela a un liderazgo que todavía no existe. ¿Funcionará?

Su plan no está mal. Parece ser el perfecto reverso del que viene desplegando Cristina Kirchner. Lo que no obedece solo a la manía de diferenciarse de su última jefa, sino a que aspira a construir un peronismo realmente muy distinto al suyo.

Ella apuesta todo al fracaso de Macri. Lo acaba de repetir en una insólita entrevista que le hizo nada menos que el ex presidente Correa (que parece ha hecho del periodismo otro de sus entretenimientos, junto a cantarle al comandante Guevara y despotricar por la traición de su sucesor). A ojos de la señora de Kirchner, que Macri se hunda es tan inevitable como que salga el sol, así que solo hay que esperar. El rionegrino, en cambio, está convencido de que el macrismo se ha consolidado y por su propio peso no sólo no tiende a caer sino que se expande, así que hay que contraponerle mucho arte político, y sobre todo tratar de representar al menos parte de lo que él se ha apropiado y le provee su fortaleza. ¿Qué parte? ¿La moderación, el ajuste, el planteo productivista y pro inversiones, algo de mano dura en seguridad? No está muy claro pero sí la idea general de competir por el centro político.

Cristina apuesta a la calle, a estar en los medios y a radicalizar cada conflicto que divida la escena entre “ellos y nosotros”, dando por supuesto que la gente ya sabe quiénes son ellos y quién nosotros, por lo que no hace falta explicar nada sino volver a dar, y ganar, las mismas peleas que hace un par de años se empezaron a perder. Pichetto pretende hacer el camino inverso en una escena distinta, renovada: llevar el impulso renovador de su Peronismo Federal de las instituciones a la sociedad, empezar reorganizando y coordinando los muchos instrumentos en los ejecutivos provinciales y locales y en los legislativos de distintos niveles que todavía ese peronismo controla, para recién después presentarse ante la sociedad y proponerle una alternativa de política nacional, capaz de convencer a los votantes de que “puede hacerlo mejor que Macri”. Todo un homenaje al institucionalismo y el gradualismo a tono con estos tiempos que corren.

Por último, mientras Cristina promueve la unidad pero no de todos los peronistas hoy dispersos, sino de todos los que se sientan parte del “campo popular” y enfrentados a “la derecha” (por eso insiste en incluir allí a la izquierda, hasta algo de la extrema izquierda si es posible), Pichetto a lo que aspira es a recuperar la unidad partidaria, volver a ser un partido y dejar de ser un movimiento, un espacio o un “campo”, y romper lazos con esa izquierda que él cree entre las fuerzas políticas pero también en relación a movimientos sociales, de derechos humanos y sindicales, consume más legitimidad peronista de lo que ofrece a cambio en términos de representatividad y apoyo social real. Principalmente porque aleja al peronismo de actores mucho más relevantes para formar mayorías y gobernar, los empresarios, los sindicatos realmente existentes, las clases medias moderadas, la iglesia y su grey, etc.

El principal problema que enfrenta Pichetto no es convencer a los peronistas de que el camino definido por estos tres elementos es mejor a seguir atados al carro de la expresidenta. Eso lo piensa ya de movida el 90% de su dirigencia política. El problema es si no tardará mucho en completarse el recorrido para estar en condiciones de competir de igual a igual con el macrismo, y mientras tanto no habrá que soportar un largo ciclo de vacas flacas. Que tal vez se atraviese mejor no haciendo oposición a nivel nacional, sino siendo más bien ambiguo y cooperativo en ese plano y dedicándose a la política local. Es decir, más o menos lo mismo que los peronistas no especialmente entusiastas de las banderas kirchneristas ya hicieron durante los 12 años de dominio del matrimonio de Santa Cruz.

Por eso es que Pichetto enfrenta, más que resistencias, falta de entusiasmo. Está en cierto sentido ante Macri como estaba Duhalde frente a los Kirchner, rodeado de amigos peronistas que lo animan y le dan espaldarazos, pero en público disimulan o directamente se desmarcan.

Encima esa falta de entusiasmo se refuerza con una dificultad extra: ¿Cómo entusiasmar al peronismo con un plan de acción que tiene tan poca sintonía con su tradición, luce y ofrece tan poco en demasiados asuntos caros al gusto peronista, liderazgo, estética, apelación histórica, nacional o de clase? ¿No le pasará a Pichetto y su gente como a los cafieristas en los ochenta frente a los menemistas, no se estará pareciendo tanto a lo que quiere contraponerse que los votantes terminarán buscando otra opción más propia, telúrica y populista, en suma más peronista?

Marcos Novaro

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