Domingo, 08 Abril 2018 00:00

Macri y Vidal, con la topadora en marcha - Por Julio Blanck

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Buscan ser reelectos y aumentar su poder territorial. Apuestan a la mejora de la economía. Y a la dispersión peronista.

 

En Misiones y Chaco, el jueves y viernes últimos, Mauricio Macri les dispensó dos días de diálogo, franela y promesas a los gobernadores opositores del Litoral y el Noroeste. Buscó contrastar las tensiones de los días previos con los mandatarios peronistas de La Pampa y Córdoba por la distribución de fondos. El Presidente viajó acompañado por nueve ministros. Un gesto político fuerte, ampuloso, imposible de pasar desapercibido.

Pero esos jefes territoriales peronistas, que agradecerán toda ayuda que llegue desde la Casa Rosada y jurarán retribuirla con sus votos en el Congreso, saben que lo peor que pueden hacer es dormirse confiando en los buenos modales del Gobierno. Macri va en busca de su reelección, ya puso en marcha la topadora electoral y los candidatos de Cambiemos van a disputarles la gobernación en todas las provincias el año próximo. El instinto de poder del macrismo está recargado.

Marcos Peña, alter ego presidencial, asegura que los gobernadores ya tienen perfectamente claro este doble andarivel, donde cooperación franca y competencia encarnizada son parte del mismo paquete. El efecto no buscado por el Gobierno, pero en el fondo deseado, es el desdoblamiento de elecciones que varios mandatarios opositores proyectan impulsar en 2019 buscando salvar la ropa.

Es que si se cumple lo proyectado, la inversión en obra pública crecería un 30% este año llegando a la bonita suma de 270 mil millones de pesos. Los jefes provinciales conocen bien el peso que ese factor tiene en las comunidades que gobiernan.

El mundo ideal de la Casa Rosada se completa con la expectativa de una nueva baja anual de la inflación, el final de los tarifazos que tanto malhumoran a la sociedad, el crecimiento repetido de la economía y la constatación de que los jubilados terminarán ganándole al alza inflacionaria. Por ahora son sólo esperanzas. Pero no suenan imposibles.

Los gobernadores que decidan desligar su suerte de lo que el peronismo ofrezca en el orden nacional pueden estropear o acotar el plan de Cambiemos de hacerse con el poder en media docena de provincias hoy en manos opositoras. Pero a la vez dejarían libres a sus electorados para que decidan sin presiones cuando llegue el tiempo de la elección presidencial. Eso es lo que pretende la Casa Rosada.

La fórmula para meter miedo es sencilla, casi elemental. Con el peronismo desgajado en media docena de piezas que hoy parecen lejos de poder articularse en una oferta única y consistente, el Gobierno juega con el temor de los gobernadores opositores a una oleada reeleccionista que los termine arrasando a ellos mismos, si se vota todo el mismo día.

Algo de esa medicina amarga probaron en octubre pasado, cuando Cambiemos ganó la elección legislativa -simultánea- en trece provincias: las cinco propias (Buenos Aires, Capital, Mendoza, Corrientes y Jujuy) y ocho gobernadas por la oposición, entre ellas Córdoba, Santa Fe, Salta, Entre Ríos y Santa Cruz. No quieren repetir la experiencia, ahora que el poder real va a estar en juego.

En la mesa política del macrismo aseguran que todos sus candidatos ganadores en octubre están relamiéndose con la posibilidad de ser gobernadores. Pero la plata grande la van a jugar en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, donde la figura de Macri y la gestión del Gobierno mantendrían una imagen positiva muy fuerte.

Vislumbran que en Córdoba, donde gobierna el peronismo de Juan Schiaretti, podrían tener las mayores dificultades para dar el salto a la gobernación. En cambio, el desparramo del socialismo en Santa Fe, quebrada la vieja alianza con los radicales porque la UCR ya juega abiertamente en Cambiemos; y ciertas afinidades fuertes que propios y ajenos notan entre la Casa Rosada y el gobernador peronista entrerriano Gustavo Bordet, les hacen creer en un resultado mejor.

La misma topadora que Macri puso en marcha en el país fue encendida, sin demasiado alarde, por María Eugenia Vidal en la Provincia. La reelección de la gobernadora es pieza insustituible en la estrategia de reelección presidencial.

Hace un mes, la conducción nacional del PRO blanqueó esos afanes de permanencia junto con el de Horacio Rodríguez Larreta en la Capital, que completa el trípode sobre el que se sustenta este proyecto de poder y pretendida transformación del Estado y la sociedad.

La ambición de Vidal, si se quiere, es aún mayor que la de Macri y Peña. El plan de la gobernadora y su jefe de Gabinete, Federico Salvai, es capturar en las elecciones del año próximo más de veinte municipios que hoy están en manos opositoras, básicamente del peronismo.

Cuando Vidal fue elegida en 2015 Cambiemos se quedó con 65 de las 135 intendencias de la Provincia. En el camino sumaron a cuatro jefes municipales que se cruzaron de vereda: hoy ya son 69. Pero en las elecciones del año pasado ganaron 108 municipios. Ese es el techo que se fijan para las disputas de poder local el año próximo.

Los macristas más entusiastas sueñan con llegar a 100 intendencias de Cambiemos, pero en la Gobernación de La Plata aseguran darse por satisfechos con unas 90 victorias. Es gente que está agrandada. Mejor que no se olviden que los demás también juegan, y que los demás en este caso son el peronismo del conurbano, que podrá estar devaluado pero va a pelear casa por casa para retener poder.

Las intendencias de Avellaneda, San Martín, Ituzaingó, Hurlingham, Moreno y la ilusión nunca cumplida de La Matanza son las piedras preciosas que los jefes del macrismo bonaerense quieren ofrecerle a Vidal -y por extensión a Macri- el año próximo. Es más fácil decirlo que conseguirlo, pero van por ellas.

Consideran difícil que a esta altura haya intendentes de otro palo que desembarquen en Cambiemos para repetir y mantenerse al frente de sus municipios. No es que falten postulantes a esa mudanza oportunista; lo que no sobra es lugar porque los macristas y radicales que en 2017 ganaron en territorio ajeno ya se están sacando la foto como candidatos para lo que viene.

A la vez, los peronistas bonaerenses sospechan que Vidal y su gente no van a poner el mismo énfasis en todos los municipios opositores. En su visión conspirativa intuyen, por ejemplo, que en Lomas de Zamora habría menos acoso para Martín Insaurralde que para otros colegas. Insaurralde está jugando fuerte para ser el candidato a gobernador que enfrente a Vidal.

En la Gobernación ponen cara de nada cuando se pregunta por esto. Parecido a lo que ocurre en el orden nacional, cuando se averigua cuánto ímpetu se pondrá en Salta, donde el gobernador Juan Manuel Urtubey apuesta a ser el postulante presidencial contra Macri.

Parece extraño eso de meterle presión a todo el mundo pero de algún modo resguardar a los posibles candidatos opositores a los cargos principales. Serán esa nueva política que el macrismo dice haber instalado en la cultura nacional. O la simple conveniencia de ayudar a consolidar adversarios que quizás no intimiden tanto.

Igual, un macrista de la mesa política confirma que más allá de estas especulaciones “no estamos para elegir demasiado, si viene la ola a favor nuestro se los puede llevar a todos”.

Si esa ola se produce quizás no se deba sólo a la diáspora aguda del peronismo, a la declinación política y los problemas judiciales de Cristina Kirchner, al aislamiento de los ultra K empujados a una alianza operativa con la izquierda dura, o la reorganización de la CGT con formato amigable para el Gobierno.

Podrían pesar, además, el eventual nuevo retroceso en los índices de pobreza, la mejora en la economía si es que se sostiene, el crecimiento del poder de compra del salario si tal cosa ocurriera, y el impacto que la montaña de obras públicas tendrá sobre la vida cotidiana en los barrios más vulnerables.

Algunos optimistas de la Casa Rosada, como el jefe de asesores presidenciales José Torello, estiman que Cambiemos podría disputar hasta la mitad del voto duro peronista del GBA gracias a la mejora en las condiciones de vida de esas amplísimas zonas desfavorecidas.

Una primera pista había ofrecido Jaime Durán Barba, durante una conferencia en la George Washington University, cuando sostuvo que Macri "perdió imagen entre los ricos pero la aumentó entre los pobres".

Es el mismo Durán Barba que acaba de afirmar que Marcos Peña se parece a John F. Kennedy y que terminará siendo presidente de este país.

Los que conocen bien al ecuatoriano, asesor estrella de Macri, admiten que le gusta demasiado provocar y llamar la atención, pero que difícilmente diga algo que no piense.

Si esto es así, quizás la interna del macrismo algún día sea menos pasteurizada que lo que mostraron hasta ahora.

Julio Blanck

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