Domingo, 15 Abril 2018 00:00

Rajoy se volvió a casa diplomado en peronismo - Por Ignacio Zuleta

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Ejercicio de poder. Mariano Rajoy fue espectador de la gran noticia política. Se fue prometiendo que se firma el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Con la intervención al PJ, quedó fuera el cristinismo. Una designación extraña.

 

Mariano Rajoy habrá de recordar aquel día remoto cuando lo llevaron a conocer el peronismo. Podrá olvidar si sirvió el viaje que hizo a Buenos Aires, pero nunca todo lo que escuchó y vivió en la semana tormentosa del comienzo de la pelea electoral para 2019.

Apenas había llegado al comedor de la casa de Gobierno para el almuerzo del martes, asistió al diálogo entre Macri y otros invitados sobre el personaje del día, que no era él. José Torello, siempre oportuno para la sonrisa, le chanceó a Ramón Puerta: “¿Así que lo pusiste a Barrionuevo como interventor en el PJ?” El embajador retrucó: “Lo que escuché es que fuiste vos el que hizo eso”. Torello: “Ya sé, no tengo nada que ver y me están puteando todos”. Macri se enteró en ese entrevero de la intervención de Servini al PJ. “¿A Luisito? ¿Me están cargando? — saltó Macri — ¿A quién se le ocurrió eso?”.

Perplejo, Rajoy buscó que alguien le explicase lo inexplicable. Pero 24 horas más tarde, cuando se sentaba a almorzar con los diputados en el Congreso, advirtió el frío saludo entre los legisladores del oficialismo (Emilio Monzó, Mario Negri, Nicolás Massot, Juan Manuel López) y Agustín Rossi, que presentaba a la oposición en el otro almuerzo dedicado a Rajoy junto a José Ignacio De Mendiguren. Y de nuevo saltó Puerta, mirando al jefe de la bancada cristinista: “No sabes lo que me alegro de que hayan desalojado a los usurpadores del partido después de diez años”. A Rossi se le atragantó el bocado.

Pichetto no aguantó la cola y se fue

Ese dardo indigestó el comienzo del agasajo, previsto para que ocurriera en el Senado, pero que migró misteriosamente a Diputados. Algún capcioso atribuyó el traslado, y la ausencia de las autoridades del Senado, a que el proyecto de convergencia de medios por el cual ha hecho infinito lobby la corona, en favor de Telefónica, estaba desde el día anterior en esa cámara. Mejor estar lejos, más cuando no consta que los enviados de esa compañía le mencionasen el tema a Macri, en el desayuno del día anterior en el Alvear de Puerto Madero. A lo mejor no hacía falta porque está ya todo charlado.

Federico Pinedo y Gabriela Michetti saludaron a Rajoy y se lo mandaron a Monzó. ¿Y Miguel Pichetto? Lo habían invitado, pero prefirió no estar presente, no fuera que el tema saliese en la charla y debiera adelantar criterios que se reserva para el debate del proyecto. No tuvo suerte el senador peronista con esta visita. Lo habían invitado al almuerzo del día anterior en Gobierno, pero lo sometieron a una cola de espera tan lenta que prefirió irse a comer a otro lado. Por mucho menos renunció Ángel Rozas a la presidencia del interbloque de Cambiemos en el Senado, cuando lo destrataron en un almuerzo presidencial con Bibi Netanyahu, al que debió entrar chapeando casi como un colado. Raro en un gobierno cuyo canciller es un experto en protocolo, quizás el más competente que se recuerde, y que llegó al cargo cuando operó el ceremonial de la transición odiosa entre Macri y Cristina, en diciembre de 2015. Le deben una explicación a Pichetto.

Chicana peronista de Rossi a Rajoy

En ese almuerzo en Diputados, Rossi tuvo la deferencia de recordarle a Rajoy que en Semana Santa recibieron en su partido a Pablo Iglesias, el líder del opositor Podemos.

“Nos dejó preocupado por las explicaciones sobre la crisis de Cataluña, y en particular por los presos políticos”.

Rajoy, que tiene la frialdad de un gallego, que es además registrador de la propiedad - empleo que en España, país milenario, requiere una paciencia bíblica, le respondió: “En España no hay presos políticos. Hay políticos que están presos. Lo que ocurre es que en mi país hay jueces que quieren que se cumpla la ley”. El visitante aflojó el gesto, y explicó que los independentistas tienen mayoría de bancas para formar gobierno, pero que deben elegir entre quienes no tienen procesos por insurgencia. Si no, dijo, habrá nuevas elecciones en Cataluña.

Acuerdo Mercosur se firma ahora, prometió

Le puso presión a la charla cuando reveló que “según información muy reciente” (usó esa frase), el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea se firmará más pronto que tarde. No le hizo falta decir mucho sobre su rol como abogado de la región para esa firma, pero consintió la idea de la mesa de que las demoras se están planteando más por las trabas que le pone Brasil a la firma, que por las que pueden esgrimir países como Francia.

La intervención y la estrategia de reelección sin ballotage

La presencia de Rajoy, que comprometió casi tres días de la agenda oficial de una semana que terminó con Macri y parte del Gabinete en Perú, contribuyó a distraer al Gobierno de la trama del peronismo. La decisión de María Servini le quita la llave del PJ al cristinismo, y se la da al otro peronismo, el que cubre una gama de los “federales” que fueron a Gualeguaychú al bloque Pichetto, pasando por el massismo y el peronismo disidente que arbitra Eduardo Duhalde, y que llegó en 2015 a juntar una mesa para un nuevo partido peronista, en un congreso en Avellaneda.

El peronismo anticristinista tenía hasta ahora una sola sede institucional, que era el bloque Pichetto (la otra sede, la liga de gobernadores peronistas, la maneja hoy Rogelio Frigerio fuerza de morral). Ahora tienen al cristinismo fuera del PJ, aunque no les gusta la figura de Luis Barrionuevo. Creen que los expone en una pantalla que evoca a un peronismo desmelenado, que no le conviene a una formación que tiene que buscar el voto de los sectores moderados.

El Gobierno dormía; tampoco le conviene

Cuando se conoció la intervención, en la mañana del martes, sonó el celular de Pichetto. Era Frigerio que le preguntaba si sabía algo. Para los federales ese llamado prueba que el Gobierno no está detrás de la medida de Servini. El cristinismo, apurado, insiste en que fue una maniobra de Cambiemos, pero no puede probarlo. Esto abre el camino para que el año que viene haya por lo menos dos peronismos con candidato a presidente. Uno por el PJ, con Barrionuevo (o sin él) como interventor.

El otro candidato será Cristina. Esas dos ventanillas llamando al voto peronista, facilitan la estrategia del peronismo de precipitar un ballotage, apostando a que el voto de ese sector se reúna detrás del candidato que logre entrar a la segunda vuelta.

Dependerá del trámite judicial si sigue Barrionuevo; la pelea en Tribunales puede terminar avalando en instancias superiores la intervención, pero cambiando al interventor. La Cámara Electoral tiene jurisprudencia asentada sobre que una intervención partidaria no puede recaer en un representante de alguna de las partes en pugna (caso “Pérez Izquierdo”).

Una prueba de poder

Lo que nadie puede explicar es cuáles son las razones para que Servini le haya dado a Barrionuevo, un dirigente con experiencia política, hoy enfrentado con el Gobierno, el manejo del peronismo. Es un gesto, dirían en Casa de Gobierno, pretoriano, que a primera vista sólo persigue demostrar el poder que tiene Servini: interviene el PJ porque puede hacerlo y nadie se lo impide. Es un modelo de ejercicio del poder, facultad que, si no se ejerce en el borde la arbitrariedad, se disipa. La jueza ha ganado todas las batallas contra los adversarios que han querido herirla, desde hace más de 30 años. No han podido ni jubilarla. Y cuenta con la piedra filosofal, que es el apoyo de Elisa Carrió, que la protege de otros enemigos como Ricardo Lorenzetti, que fue denunciado por el hijo de la jueza, cuando ejercía el cargo administrador del Consejo de la Magistratura. Lo desplazaron de esa función y María, que es como la llaman sus amigos — no “Chuchi” — no ha olvidado que el Gobierno no lo defendió. En el Gobierno no están contentos con la intervención.

“O sos vos, o no intervengo”

Servini tenía decidido intervenir el PJ desde hace 15 días. Juntó todos los pedidos que había y consultó a varios dirigentes antes de decidirse por la designación de Barrionuevo. Ofreció antes el cargo a Pichetto, que lo rechazó, y después de Carlos Corach, que también dijo que no. El sindicalista es uno de los políticos con quien tiene más larga relación y confianza.

También habrá ponderado su experiencia en operaciones de riesgo. Barrionuevo fue uno de los armadores del Pacto de Olivos, que permitió la reforma constitucional en 1994. Antes del fin de semana, le dijo que iba a intervenir el partido y que lo iba a designar a él como interventor. “¿Yo? Ni loco, tengo 76 años. Buscate un ‘Pelado’ Ruiz”, en alusión a Ramón Ruiz, agente de la ex SIDE, interventor del PJ entre 2005 y 2007. “O vas vos, o no intervengo”, le disparó María. No le costó nada convencerlo.

Ni falta que hacía. Barrionuevo se guardó la noticia el fin de semana y se cuidó de que no trascendiese. En eso lo ayudó a Alberto Pierri, que tiene en su Canal 26 ásperos programas políticos que podrían haber adelantado la noticia. En la mañana del martes, cuando tomaba mate junto a su esposa Graciela Camaño y su suegra, las sorprendió con la primicia: “Tengo que salir porque creo que hoy me van a notificar que voy a ser interventor del PJ”.

Del cisno negro al patito feo

El martes por la noche, cuando se conocía ya la noticia, Barrionuevo fue anfitrión de una cena en Gastronómicos a la que fueron Eduardo Duhalde —pionero en pedidos de intervención al PJ—, Alberto Pierri, Carlos Acuña y otros dirigentes. Barrionuevo dijo esa noche que su propósito era unir al peronismo y al gremialismo. Duhalde no protestó y se guardó su pensamiento, que expresó al día siguiente, en rechazo de la intervención. Ese giro de opinión es tan inexplicable como la decisión de Servini, que hay que anotar en la trama del intento del peronismo de ganarle a Macri en un ballotage. Lo inexplicable, que tuerce por sorpresa el curso de lo previsible, tiene hoy un nombre, casi un vulgarismo: el cisne negro. A poco que aletee, este cisne negro va a demostrar si no es el patito feo.

Ignacio Zuleta

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