Miércoles, 02 Mayo 2018 00:00

El aumento de las tarifas también castiga la imagen positiva de Vidal - Por Mariano Pérez de Eulate

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Acaso por primera vez desde que María Eugenia Vidal es gobernadora de la provincia de Buenos Aires, en su entorno se admite una real preocupación por la baja en la consideración popular que estaría mostrando su figura.

 

Esa caída, por cierto, es mucho menor de la que evidencia la figura del presidente Mauricio Macri en la provincia de Buenos Aires, pero la sensación que imperó por dos años respecto a que la mandataria parecía “blindada” parece diluirse.

Se conocen infinidad de encuestas de consultoras privadas y universidades que coinciden en señalar que, más allá de las cifras puntuales, de ningún modo la imagen negativa de Vidal ha superado a su registro positivo, como sí reflejan algunos sondeos respecto al Presidente y a la percepción del rumbo de su gobierno. Dentro de la caída, para la gobernadora esa es una buena noticia. La otra radica en el hecho de que Vidal sigue siendo la dirigente con mejor imagen de todo el oficialismo.

Números reservados de Cambiemos a los que accedió este diario, brindados por fuentes nacionales y provinciales, detallan un descenso pronunciado en la imagen positiva de Vidal durante las últimas tres semanas, ubicando ese guarismo en un 54%. La negativa habría trepado a un 44%, algo inédito para ella. Serían números del equipo del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, que se viralizaron entre dirigentes amarillos.

Ese trabajo también ubica a Macri con poco más de 60% de imagen negativa en el Conurbano, la zona geográfica que Cambiemos se propuso conquistar en el momento en que accedió al poder.

Vidal estaría experimentando, pues, cierto efecto de arrastre en contra de los números desalentadores del Presidente.

Es justamente la situación inversa que se veía en los inicios del gobierno de Cambiemos, cuando la excepcionalmente alta imagen de la gobernadora contagiaba en forma positiva a los número del Presidente.

Como sea, en La Plata explican que esa tendencia a la baja que muestra la imagen de Vidal en particular y la de Cambiemos en general es absolutamente recuperable para el año que viene, cuando se realicen las elecciones. Eso, claro, si las cosas en materia económica mejoran, tal como establece el optimista pronóstico que recitan los hombres del oficialismo.

Conviene volver a Vidal. El rechazo social al aumento tarifario habría sido una de las causas de la caída de su imagen. Explican en la gobernación que si bien la gente no la visualiza a la mandataria como la responsable final de ese tema (se identifica como una cuestión nacional, a pesar de que la Provincia decide sobre precios de energía y agua), sí la alcanzarían los coletazos negativos de esta cuestión por ser ella misma una parte central de Cambiemos. Esto explicaría una parte del asunto.

Pero otra parte se explica por la problemática de la inseguridad en Buenos Aires, esta vez sí una cuestión que la involucra directamente. Los casos aberrantes que se vienen sucediendo –el carnicero y el canillita asesinados, el colectivero acribillado, la balacera en la comisaría de La Matanza- no hacen más que profundizar la idea de que la Provincia es tierra de nadie, un “far west” hiper poblado y descontrolado que nadie puede dominar.

Para colmo las soluciones propuestas, como aquella de obligar a usar chalecos a los motociclistas para combatir al “motochorro”, tienden a irritar más a la población, acentuando la sensación de que se recurre a parches o soluciones con una alta cuota de improvisación.

El tema de la inseguridad, pues, estaría empezando a hacer mella en la imagen de la gobernadora, después de más de dos años de gobierno.

Es que ese tema fue una de sus banderas de campaña, cuando enfrentaba al kirchnerismo y prometía, justamente, revertir una de las grandes falencias de los gobiernos peronistas de los últimos años: el crecimiento del delito. Entre otras cosas, Vidal ganó en 2015 porque dejó sin argumentos a sus rivales respecto a las responsabilidades que tenían éstos en la áspera actualidad bonaerense de ese momento.

Aunque no lo dicen en público, los vidalistas sienten ahora que ese tiempo de gracia inicial se les empieza a acabar. Algo parecido pasa en el gobierno nacional respecto al combate contra la inflación: se dejó de percibir que la suba de precios está menguando y se pasó a exigir que baje definitivamente y en forma más rápida.

Para Vidal, algo positivo de todo esto es que la oposición parece incapaz de capitalizar a su favor el mal momento del oficialismo. Un poco por la atomización del universo justicialista y otro poco por decisiones que se toman. Como la de oponerse, sin una pizca de picardía política, a la baja del componente impositivo de las boletas de luz, agua y gas que había impulsado la gobernación.

Probablemente la explicación del desfinanciamiento de los municipios que implicaría esa ley, tenga racionalidad. Pero será usado como argumento por Cambiemos para exponer a los intendentes y legisladores opositores como los chicos malos de la película y diluir así la verdadera discusión de fondo: la manera en que se hizo un aumento tarifario que era inevitable.

Mariano Pérez de Eulate
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