Viernes, 04 Mayo 2018 00:00

Macri y el espejismo del ministro fuerte - Por Fernando González

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La paradoja es que Macri comenzó su gestión con un ministro como Alfonso Prat Gay.

 

Si el peor fantasma de la Argentina del siglo pasado fueron los golpes de Estado, la pesadilla más temida de este comienzo de siglo es el deja vu del 2001. Cualquier signo de inestabilidad en los mercados y cualquier disparada del dólar agita los miedos más oscuros de cada ciudadano mayor de 20 años. Y peor si el que aparece por la tele para aconsejarnos qué hacer es Domingo Cavallo, convertido en una suerte de Freddy Krueger tras participar con rol protagónico en la crisis post Malvinas de 1982, en el impacto del tequilazo de 1996 y en la secuela trágica de aquel diciembre inolvidable que terminó con la caída de Fernando De la Rúa.

Esas imágenes perturbadoras son las que intenta despejar en estas horas el gobierno de Mauricio Macri mientras salta alocado de dejar flotando el dólar a sujetarlo a golpe de suba de tasas de interés sin lograr la calma del billete que enciende los nervios del argentino medio. El mercado y su concierto de analistas buscan al culpable de la inestabilidad cambiaria. Algunos le apuntan al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger; otros al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y algunos al gerenciamiento que ejerce el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, a través de sus viceministros coordinadores, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Los dos tienen amplia experiencia en crisis al frente de empresas importantes pero todavía muy pocos kilómetros del lado del mostrador estatal cuando cada centavo de suba golpea en la credibilidad del Presidente.

Más allá de los antecedentes que lo condenan, Cavallo incluyó entre sus consejos a Macri el de sumar a su gabinete a un ministro de Economía fuerte. “Uno como yo”, le faltó decir, aunque quedaba claro hacia dónde apuntaba la cosa. Pero Mingo no es el único que hace flamear esa bandera. Hace dos semanas, Martín Redrado desarrolló en una interesante entrevista que Silvia Naishtat le hizo en Clarín su teoría de por qué no hay un ministro fuerte en la actualidad. “Si uno mira la trayectoria del Presidente está claro por su estilo de conducción que, en su historia personal, siendo presidente de Boca lo sufrió a Bianchi, lo sufrió a Riquelme, lo sufrió a Maradona: no hay espacio para un cerebro único. Hay una mesa de coordinación que está en la vicejefatura de gabinete donde están todos los ministros del área económica. Lo que uno ve es que buscan coordinar, pero el problema es que después cada uno vuelve a su metro cuadrado”. Con elegancia y un toque de fútbol, el Golden Boy explica el riesgo de convertir un estilo en dificultad.

La historia argentina cuenta que, desde la restauración democrática de 1983, sólo hubo tres períodos económicos positivos y todos estuvieron conducidos por ministros de economía fuertes. Juan Sorrouille lideró el año de baja inflación y expectativas de despegue que despertó el Plan Austral en junio de 1985. Cavallo logró mantener durante cinco años la inflación cero y el optimismo aperturista del Plan de Convertibilidad junto a Carlos Menem. Y Roberto Lavagna cabalgó casi cuatro años entre el final de la gestión de Eduardo Duhalde y el arranque con superávits gemelos e inflación de un dígito que compartió con Néstor Kirchner. Los tres fueron despojados de sus ministerios y la bonanza le cedió paso rápidamente al declive económico. La novela argentina siempre terminó mal. Alfonsín, Menem y Kirchner complicaron sus gestiones cuando nombraron a ministros de economía menos protagónicos y más dóciles.

La paradoja de Macri es que comenzó su gestión con un ministro de economía experimentado y de alto perfil. Alfonso Prat Gay había sido presidente del Banco Central con Kirchner y era uno de los economistas más respetados del mercado. Pero tardó menos de un año en pasar a ser una presencia incómoda para el Presidente, que lo mencionaba como el primero de sus ministros en una lista de egos que fue trascendiendo con los meses. Pocos creyeron en la posibilidad de que fuera echado del gabinete porque allí brillaban entonces otras luminarias del macrismo como Federico Sturzenegger en el Banco Central; Carlos Melconian en el Banco Nación e Isela Costantini, la ejecutiva multipremiada que había dejado la presidencia de General Motors para asumir en Aerolíneas Argentinas.

De todos ellos, sólo queda Sturzenegger. El mismo que ayer debió ser ratificado ante el gabinete porque la presión de los mercados golpeaba las puertas del Banco Central y llevaba el dólar hasta los 23 pesos. Melconian e Isela se fueron con más pena que gloria y Prat Gay fue reemplazado un par de días antes del fin de año de 2016. Había sido el artífice del blanqueo de fondos argentinos en el exterior por más de 100.000 millones de dólares, el más exitoso de la historia de un país desconfiado que tenía el cuádruple de esa cifra en bancos y propiedades en el extranjero. Pero Alfonso cerró su performance con un almuerzo amable que él y Macri compartieron en la calma de Villa La Angostura. Ahora evalúa una alternativa política de futuro incierto: enfrentar y desalojar al peronismo de la gobernación de Tucumán, que Juan Manzur controla con mano de hierro.

El dilema que Macri tiene por delante es el más difícil en sus 30 meses de gestión. El peronismo le está tendiendo una encerrona con la cuestión sensible de las tarifas. La sociedad está esperando que la inflación baje y vuelva a estar al menos por debajo del 20% anual. Y los mercados han puesto a prueba como nunca la variable que atormenta a todos los presidentes del país que sueña en dólares. En un par de semanas vendió cerca de uS$ 8.000 millones y subió 600 puntos la tasa de las Lebacs pero la divisa estadounidense quebró ayer la barrera inquietante de los 23 pesos. El dogma de la flotación administrada sigue sin descubrir el modo de contener la presión cambiaria y, por lo bajo, los funcionarios admiten que todavía no saben cuál es el techo de estos movimientos estremecedores.

En el Banco Central anoche quedaban unos 55.000 millones de dólares. Una cifra que los especialistas consideran suficiente como para seguir aguantando el temporal. Los rumores de cambios en el gabinete atosigaban las cuentas de Whatsapp y de Instagram de macristas, radicales, peronistas y empresarios. Pero el mensaje que llegaba desde lo más alto del poder siempre fue el mismo. Macri pretende mantener el mismo equipo y dar únicamente señales de fortaleza. En esa línea van el aval a Sturzenegger y a Dujovne; y el anuncio anticipado de un veto para el proyecto opositor que la semana próxima buscará atar la suba de las tarifas a la de los salarios.

El Presidente enfrentará el desafío combinado de los mercados locales e internacionales con el esquema de su gabinete coordinado por Marcos Peña e integrado por ministros que no concentren todas las funciones económicas. Debe atravesar estas semanas ásperas para llegar al segundo semestre y volver a planificar el 2019 en términos de reelección. Así es como se siente más cómodo y está confiado en revertir el bajón de imagen que le gritan las encuestas. El espejismo del ministro de economía fuerte por ahora lo tiene sin cuidado. En definitiva, la Argentina se ha encargado de frustrar los proyectos de todos los gobiernos recientes sin reparar en la fortaleza o en la debilidad de los funcionarios de turno.

Fernando González

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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