Viernes, 18 Mayo 2018 00:00

El peronismo espera que se le abra una ventana - Por Fernando González

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El peronismo está fumando y espera. Hace tres semanas observa como Mauricio Macri se debate en medio de la crisis cambiaria. Es un deporte que conoce bien y requiere de cautela institucional. Ninguno de sus integrantes quiere calzarse la corona de golpista que rodeó a varios de sus dirigentes importantes en la tragedia argentina del 2001.

 

Por eso Cristina Kirchner está callada, ejercitando el silencio táctico que describió en Clarín el periodista Pablo De Léon. Sergio Massa también prefiere el perfil bajo mientras activa a sus diputados del Frente Renovador para empujar el proyecto que propone un tope al precio de las tarifas de los servicios públicos. Y Juan Manuel Urtubey es el único que hace algunas críticas moderadas en público y propone “federalizar” la discusión por el costo de la energía. No es un verbo inocente. El salteño plantea que la ciudad y la provincia de Buenos Aires se hagan cargo del costo de la distribución de la electricidad, una maniobra que busca hacerle las cosas un poco más difíciles a María Eugenia Vidal y a Horacio Rodríguez Larreta.

Es que los dos gobernadores PRO no sólo gestionan los distritos más ricos y poderosos de la Argentina. Tienen la misión de ser los tractores electorales en los comicios presidenciales del año próximo y hasta podrían ser los elegidos de Cambiemos para enfrentar el desafío de competir por la Casa Rosada si la hipoteca del Fondo Monetario llegara a complicar las chances de reelección de Macri. Es una hipótesis extrema pero ya se sabe cuánto les atrae a los cisnes negros la intensidad del país adolescente.

El peronismo del mes de mayo se divide en dos sectores claramente identificados. El kirchnerismo más ultra cree que la corrida cambiaria abrió una oportunidad histórica para volver al poder, y si es rápido mejor. Subestimaron a la democracia de jóvenes y de viejos no tienen tiempo para esperar los frutos de la tolerancia. Los otros, moderados, racionales, dialoguistas, también sintieron crecer adentro el optimismo olvidado. “Creíamos que no había chances para el 2019 pero ahora sentimos que se abrió una ventana”, dice uno de ellos. Urtubey y Massa están enrolados en esa corriente, aunque el ex candidato presidencial sigue abonando la tierra por afuera del gran movimiento.

Y aunque la política argentina enseña que no se pueden inventar candidatos en 18 meses, hay un peronista más que reprime cada vez menos su fantasía presidencial. El senador Miguel Ángel Pichetto, por ejemplo, quien saca partido de su habilidad negociadora y la atracción que ejerce cuando aparece en público. Ayer aprovechó la presentación de un libro sobre la vida de Carlos Menem para deshacerse en elogios sobre el ex presidente. “Él inventó todo”, dibujó Pichetto, menemista, duhaldista, kirchnerista y cristinista de la primera hora. “Va a llegar a la presidencia; no tengo dudas y puede contar conmigo”, respondió Menem. Se los ha dicho a tantos que, a los 87 años, no le costó nada endulzar también los oídos de Pichetto.

El martes Urtubey y Pichetto compartirán el lanzamiento de una revista del sindicalista Hugo Quintana. Ese día vence el plazo que le dieron al Gobierno para que presente un proyecto alternativo para las tarifas. Pero Macri ya les ha dicho que va a vetar la ley opositora. El encuentro huele a lanzamiento y entusiasmo es lo que sobra en el peronismo. Pero falta mucho tiempo y, además de las de luz y gas, la sociedad tiene muchas otras facturas para pasarle a los peronistas. La historia reciente dice que fueron derrotados en las dos últimas elecciones y que ni siquiera han intentado todavía el karma de la renovación.

Fernando González

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