Domingo, 10 Junio 2018 00:00

Aprendizaje: los radicales tuvieron la primicia del acuerdo con el Fondo - Por Ignacio Zuleta

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Saberes. Para no repetir el blooper de las tarifas, el gobierno les comentó a sus aliados los detalles del acuerdo el jueves por la mañana. Paradojas, o no tanto, de la votación por la ley del aborto. Un viaje con mucha política.

 

Son días de aprendizaje para todos. Mauricio Macri pareció haber tomado nota de que le cruje más el espacio propio que el que le disputan sus adversarios. Por eso los socios políticos de Cambiemos tuvieron, antes que nadie, la primicia de los detalles del acuerdo con el FMI. Fue en la reunión del G-7 -mesa que junta a los jefes del Pro con los gobernadores radicales- que sesionó en la mañana del jueves.

El grupo suspendió el orden del día - minucias estratégicas- para escuchar de boca de Nicolás Dujovne los detalles, montos, plazos y explicaciones del acuerdo que habían cerrado horas antes los enviados de Buenos Aires a Washington. Alfredo Cornejo, Gerardo Morales, Gustavo Valdés y Ernesto Sanz ensayaron diversos modos de la sonrisa ante la novedad. Hasta ahora se enteraban de las decisiones por los diarios. Esta vez les comunicaron los secretos antes que a los demás, que se enteraron recién a la noche.

El gesto es la consecuencia del aprendizaje que hace Olivos del entuerto del año, las tarifas, que le estalló en las manos al Gobierno por boca de Elisa Carrió. La diputada fue la primera en señalarles, antes de Semana Santa, que era un problema imparable que ella había registrado en sus recorridas ante su público. Tan enojada estaba con el plan Aranguren, que adoptó una posición más dura que la que alineó, días más tarde, la oposición peronista. Con cautela y sentido de la oportunidad, Lilita emprendió un viaje silencioso hacia los Estados Unidos, que se extendió mucho más allá de las Pascuas y que la sacó, en días críticos, del debate público.

Ciudad sitiada: temen incidentes el supermiércoles del aborto

Esta vez no podía arriesgarse el Gobierno a nuevos desaires de la familia oficialista. El peronismo cerró de nuevo filas por encima de las disidencias tribales, para rechazar el acuerdo con el Fondo. ¿Cómo no avisarles antes a los radicales qué se estaba firmando? Es la mejor manera de ponerlos de su lado en tema antipáticos.

En la reunión del G-7 estaban, del otro lado de la mesa, Marcos Peña, Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y Horacio Rodríguez Larreta, que escucharon el informe de Dujovne en silencio y sin repreguntar. Larreta plantó una inquietud que ha crecido en el fin de semana: el próximo miércoles 13 se trata en Diputados el proyecto de despenalización del aborto, y la diferencia entre el Sí y el No es muy estrecha -diez votos arriba o diez votos abajo, según quién te la cuente.

El temor del jefe porteño es que haya incidentes, especialmente si en esa sesión gana el No. Contó a la mesa que hay innumerables pedidos de organizaciones para ocupar espacios públicos ese día en la Ciudad. Tantos, que el centro de la Capital puede quedar paralizado. La mayoría de las concentraciones son de sellos que apoyan la despenalización, y el temor es cómo van a reaccionar si sale el No. Monzó describió la sesión: será de un tirón, sin cuartos intermedios, arranca a las 11 y durará alrededor de 20 horas. Si eso es así, la votación caerá avanzada la madrugada, con lo cual esa vigilia se extenderá hasta el jueves. Para mortificarlo un poco, le preguntaron a Monzó cómo va a votar si le toca desempatar como presidente de la Cámara. Se disculpó: ¿están locos? Si abro la boca pierdo la autoridad que me da ese cargo.

Trampas: la realidad imita al marketing

Esa pasión que tienen los políticos por el marketing les hace cometer errores. Justo cuando el Gobierno festeja, colgado del alambrado, el acuerdo con el Fondo, se le viene encima una jornada de suerte incierta en la calle, que le puede tapar lo que considera un éxito de la gestión. Y más con el aborto, que es un tema que el Gobierno habilitó para evitar la derrota legislativa que significaba una sesión especial el 8 de marzo pasado, pocos días después del discurso de Macri de apertura del año legislativo.

Los críticos del Gobierno -entre ellos los obispos- creen que el motivo del anuncio abortista del Gobierno fue tapar las turbulencias de la economía. Está convencido de esa interpretación, se la han transmitido al papa Francisco, y no creen que todo fue más pedestre. El Gobierno se asustó con la presencia masiva de los pañuelos verdes en la manifestación del moyanismo de 21 de febrero. El 22 le mostraron a Macri los números que demostraban que los abortistas podían lograr la sesión especial del 8 de marzo, y por eso dispararon el tema. ¿Y si ahora el aborto les termina tapando un éxito de su economía? La realidad imita al marketing, como muchas veces imita al arte.

Para qué andan sacándose fotos

Enredado en las propias ansiedades -la política es una montaña rusa-, esa pasión por el marketing llevó al oficialismo a promover una riesgosa foto de los funcionarios y legisladores que están contra el aborto, que se registró en la plaza del Congreso el jueves. Fue masiva, si se la compara con la que había reunido, un día antes, a la de los oficialistas a favor de la despenalización, que fue bien modesta en nivel de jerarquía política.

La del jueves, llamada formalmente por Gabriela Michetti, en realidad fue promovida por el propio Macri y por María Eugenia Vidal -ese día en el Vaticano secreteando con Francisco. Estaban los hombres fuertes del Congreso, como Federico Pinedo, cinco ministros del Gabinete y altos punteros del oficialismo, como el vicepresidente del Banco Nación. El ex militar Juan José Gómez Centurión camina como un rock star no aprovechado, y se lo disputaban en selfies y pedidos de autógrafos. Alguno indicó la presencia de Andrés Ibarra como señal del interés directo de Macri, en que hubiera mucho Gabinete en esa foto.

Cuando Joaquín de la Torre, ministro vidalista, bajó de un colectivo bonaerense, demostró que los funcionarios cumplían la orden de Vidal: que todos los funcionarios que están contra el proyecto viajasen a la Capital para esa foto. Estas efusiones demuestran la fragilidad de Jaime Durán Barba como el gran titiritero del macrismo. La manía por las fotografías puede también ponerse en contra del objetivo de buscar prestigio, que es para lo que existen las fotos en la política. Si gana el No, el Gobierno va a quedar identificado con una victoria política en un tema que le arrancaron organizaciones que tienen predicamento en los medios, pero que tienen pocos votos. Pero si gana el Sí, haber aparecido en esa foto será la prueba de que hay una distancia entre la calle y el sistema, y que los funcionarios son almas débiles que vuelan al acaso del viento, como hojas de este otoño (imperdonable, diría María Elena Walsh).

Los inversores inquietos por la política, no por la economía

En el round de los aprendizajes hay que sumar lo que aportó al vértice del Gobierno la experiencia de viajar juntos -intimidad que está al alcance de pocos- de Peña y sus dos adversarios internos, Monzó y Nicolás Massot. Convivieron tres días en Nueva York y tuvieron la oportunidad de sacarse las broncas. Volvieron más amigos que antes y dispuestos a convivir.

Según el relato que hicieron a la mesa del G-7, en las cuatro reuniones que tuvieron con empresarios e inversores financieros lo que les sorprendió es que no les preguntasen de economía sino de política. En el interrogatorio ante más de un centenar de asistentes a esas reuniones, confirmaron, primero de todo, que esos ambientes son territorio amigo, que están dispuestos a no contrariar al Gobierno con preguntas incómodas. Tampoco mezquinando con la plata, que es lo que les sobra.

Las preguntas asumían como cierta la hipótesis del Gobierno, que lo que aquí ha parecido una crisis terminal, es visto desde afuera como una turbulencia cambiaria, ya superada, por la aplicación de remedios ortodoxos. Lo que sí le preocupaba a la mayoría de los interlocutores era si esos tropezones podían alterar el proyecto del Gobierno a futuro.

En este punto del cuento sonríe Monzó. Sabe que en los informes de los analistas financieros que opinaron durante la corrida cambiaria, señalaban la crisis de la mesa chica con Monzó como una amenaza a la gobernabilidad. Se preguntaban si la pelea con quien maneja la Cámara no amenazaba la gobernabilidad. Bueno, acá lo tienen a Monzó... ¿a ver Monzó? ¿Quieren más? Está también su lugarteniente, Massot. La respuesta de Peña a las inquietudes es la que se conoce: el público en la Argentina ha votado por un cambio, y no hay turbulencia económica que quiebre ese sendero, por ahora. Reservó también un reconocimiento al peronismo blanco como seguro de estabilidad.

¿Reelige Macri? -avanzaron algunos. Sí, respondía Peña, y ante alguno de esos grupos agregó que, en una de esas, gana en primera vuelta. Nunca menos. En reuniones con empresarios como la que tuvo el grupo con el Business Council for International Understanding (BCIU), alguno conmovió a los viajeros cuando ponderó los beneficios de invertir en la Argentina, que no vienen de la calidad de los gobiernos, sino de la de los talentos que se pueden reclutar. En eso la Argentina ensayó uno, aporta calidad de gente que no hay en otros lados. Por eso, sonrió, a veces se justifica que uno pague más impuestos o más en abogados, porque siempre conviene más la Argentina que otros destinos de inversión. Anótalo.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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