Domingo, 08 Julio 2018 00:00

El peronismo de los gobernadores sale del estado gaseoso - Por Ignacio Zuleta

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Posiciones. El peronismo no cristinista prepara un gran encuentro de gobernadores, jefes de distrito y caciques legislativos. Encuestas, marchas y contramarchas. Disculpas oficiales y nuevos, y más extensos, acuerdos.

 

El peronismo no cristinista pasó en la última semana del estado gaseoso al estado líquido. Espera alcanzar solidez en agosto, cuando convoque a una cumbre nacional de gobernadores, jefes de distrito y caciques legislativos. Una manera de adaptarse a la naturaleza líquida que le han impreso a la política las dos otras formaciones que se mueven en el campo de batalla y que entienden mejor ese signo de los tiempos, que son el Gobierno y la Iglesia.

Lo prueba su actitud ante el debate del aborto, donde toman posiciones sin que sus jefes hayan encabezado en la superficie a sus militantes, que son incontrolables desde la cúpula, como el agua que se filtra por cauces también fuera de control.

Esa cumbre será a mediados de agosto en la Capital Federal o algún punto de la provincia de Buenos Aires, lejos de sedes contaminantes que puedan recortar el significado del emprendimiento. Eso quiere decir, lejos de La Matanza, sede del cristinismo, y lejos de Tigre, santuario massista.

La decisión sale de los debates que ocurrieron en lugares tan distantes como la Casa de Entre Ríos de la Capital -adonde el martes estuvieron ministros provinciales y, de paso, algunos gobernadores- , la residencia de Juan Manzur en Tucumán, que albergó a una juntada de dirigentes de “Argentina Federal” y del Frente Renovador, y la Casa de Gobierno de La Pampa, adonde fueron Sergio Massa, Diego Bossio y unos pocos más para oficiar en el altar de Carlos Verna.

Ese circuito registró tensión en la decisión de adelantar los tiempos de presentación de un frente, originalmente planeado para ocurrir recién después del verano de 2019. La intensidad de la refriega prelectoral, que explica todos los movimientos del oficialismo y de la oposición, convenció a los gerentes de aquel arco que demorar la consolidación de su frente puede beneficiar al Gobierno en su proyecto de reelección, y también a su adversario interno, el peronismo del Instituto Patria, que ya tiene -como el oficialismo- candidato a presidente.

La presentación tiene un complemento, que le puede poner más nervio a la trama política: la aparición de un interbloque formalmente constituido -hoy funciona de facto- entre los diputados del bloque federal de Kosiner-Bossio y el del Frente Renovador que maneja Graciela Camaño e inspira Massa; ¿o es el revés? Nunca se sabrá. Ese interbloque puede convocar a más de medio centenar de bancas.

La pelea por algún futuro

Este peronismo, que lleva aún el rótulo de “racional” o dialoguista, preparaba con cautela alguna encerrona a la candidatura de Cristina de Kirchner. Pero se espabiló al leer una encuesta que dice que el 39% de los consultados creen que el año que viene la situación será mejor que la actual (D’Alessio-Berenstein).

El número contradice la pantalla incendiada que angustia al oficialismo, y alimenta la estrategia de basar una candidatura de Mauricio Macri a la reelección sobre los 40 puntos del voto no peronista que alcanzó en 1989 Eduardo Angeloz -en nombre de un radicalismo que se desangraba con el país - frente a Carlos Menem. Ese escenario posible hunde más la brecha con Cristina de Kirchner, en un mano a mano que desplazaría a un peronismo alternativo del juego. Mejor no esperar y mostrarle los dientes al oficialismo.

El giro es clave porque pasa a hacer política en defensa propia, un formato lleno de riesgos. Ese ánimo se mostró en la reunión del martes de la Casa de Entre Ríos, adonde los funcionarios provinciales conciliaron posiciones con mandato de sus gobernadores: endurecer el diálogo con el Gobierno y no ceder.

El argumento es el que se conoce: basta de pagar la factura de la electricidad y del agua del área metropolitana, y levantar esa artillería para impedir el avance de Hacienda, en el nuevo presupuesto, sobre partidas para provincias. Los gobernadores han escuchado que todo es posible en la dimensión presupuestaria, siempre que se mantenga la meta de reducción del déficit del año que viene del 1,3.

Por eso le comunicaron que no están dispuestos a sentarse todos juntos a discutir con el Gobierno el nuevo presupuesto que, según Nicolás Dujovne, será en términos nominales, igual al de 2018. O sea que le da lo mismo que se lo voten o no. Una idea pícara que le sirvió a Cristina de Kirchner en 2011 a gobernar sin presupuesto, pero disponiendo de más dinero del que hubiera tenido si se lo hubieran aprobado. Pero una tragedia para un gobierno que busca una calificación de excelencia en el plano institucional. No tener presupuesto alimentaría la incertidumbre. Es no tener futuro.

Hacienda Manos de Tijera

El Gobierno ya lo sabe y ha tomado nota de que los gobernadores, cuando más, están dispuestos a discutir el presupuesto de a uno y según sus necesidades. Por ejemplo, evitar, como le dijo Verna a Massa el jueves en La Pampa, “que un pampeanito tenga que pagar el subsidio de la luz de un porteño”.

El Gobierno busca la alquimia que le permita amortiguar los efectos de la transferencia de Edesur y Edenor a Buenos Aires y CABA. Pero Aysa - obras sanitarias- no se entrega. Parece imposible porque no hay un ente jurisdiccional que pueda recibirlo y pagar los subsidios. Eso tranquiliza a la familia sindical que lo protege a José Luis Lingeri con una pasión digna de mejor causa. La tijera de Hacienda intenta compensar con la amenaza de adelantar medidas que estaban previstas en el Compromiso Fiscal - que es una ley- para el futuro y que se apliquen ahora.

Por ejemplo, la obligación de que los fondos que envía la Nación por el FONAVI (Fondo Nacional de Viviendas) sean efectivamente aplicados a la construcción de viviendas. En la crisis de 2002 se les autorizó a las provincias que esos dineros pudieran derivarse a otros gastos más urgentes. Eso lo quiere adelantar el Gobierno para ahora.

También está en la mira manotearles a las provincias las transferencias que se hacen para finalidades de educación y salud. El Fondo de Incentivo Docente solo, es algo así como $20.000 millones. O que Hacienda se haga a un costado y deje de pagar las deudas que tienen algunas provincias con la empresa Cammesa, que intermedia entre productores y distribuidores de electricidad. El impago de esos distritos puede estar en los $15.000 millones que pone el Gobierno nacional y que es materia de demandas judiciales.

El argumento del oficialismo es que las provincias, por los acuerdos fiscales ya firmados, pasarán en 2020 a recibir entre el 42 y el 45% de la coparticipación, frente al 28/30% que recibían hasta 2015. También están mejor perfiladas para llegar al superávit que la Nación.

El secreto de San Isidro lo pidieron los peronistas

Una de las muestras de ese endurecimiento es el marco de la reunión entre el Gobierno y el peronismo que juntó hace dos martes a Marcos Peña, Rogelio Frigerio, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Emilio Monzó, con Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Miguel Pichetto y Sergio Massa. Se la revistó de secreto por pedido del peronismo, no porque el Gobierno quisiera producir una situación de cuernos con sus aliados que se quedaron afuera, los radicales y la Coalición de Elisa Carrió.

El sigilo lo impusieron los visitantes a la mesa de La Rosa Negra en San Isidro. “Ustedes gobiernan, estamos para ayudar, pero no estamos para la foto”. La revelación del encuentro golpeó a la coalición, que suspendió la participación de los gobernadores y dirigentes de la UCR en las reuniones de las diversas mesas en las que se articula el oficialismo.

Hubo llamados de disculpa y explicación de parte de Macri y Peña a cada uno de los caciques, indignados por enterarse por los diarios de que había relaciones carnales sin avisar. “Pegaron el volantazo y nos tiraron a la banquina”, exageró un gobernador radical.

Pero ojo, en política los cuernos duelen, pero no matan. Hasta le ponen cierto morbo atractivo. Los dos atribuyeron la responsabilidad al plan de Larreta y Vidal de acordar alguna gobernabilidad, aprovechando la llegada amistosa que ellos dos tienen con el peronismo de su edad y condición.

Ese punto, como réplica toda la información que filtra Olivos, separa hoy a Macri-Peña de Vidal-Larreta. La novedad es que éstos dos han admitido a Monzó, que se peleó con ellos hace dos años porque proponía ese acercamiento, y ahora se sienta con ellos y aporta el know-how que empleó en sus grandes campañas de recolección de aliados en todo el país, durante la construcción preelectoral de Cambiemos.

Acuerdistas quieren doble pacto

Este sector acuerdista disiente con la dupla Macri-Peña, que querría un acuerdo de gobernabilidad en torno al debate del presupuesto, pero no un pacto electoral. Entienden que hay provincias en donde el peronismo va a ganar y que convendría ampliar al acuerdo para que sea doble, presupuestario y electoral.

Esta perspectiva piensa también en el largo plazo, aun con Macri ganándole un ballotage a Cristina de Kirchner. Sin un peronismo amigo, el presidente en un segundo mandato, y el resto de la oposición, terminarían con una Cristina enfrente, derrotada en un difícil ballotage, pero parada en una base más alta que la que tiene hoy.

Un riesgo grande para Cambiemos, que nació de la decisión de la convención radical de Gualeguaychú de marzo de 2015, que le cerró el camino al acuerdo con Massa. Ahora reaparece Massa en conversaciones que enojan a estos socios. Hoy el terreno de disidencias es el interbloque de Diputados. El cisma que trajo el debate del aborto reabrió inquinas internas que nadie puede cerrar.

Carrió habló ya de la posibilidad de que la CC salga del interbloque. Sigue enfrentada con Monzó, a quien imagina en una trama conspirativa con sus amigos peronistas. Mario Negri pensó algo parecido después de la disputa por la reforma previsional a finales de 2017. En ese replanteo afloran más diferencias, que acercan a Macri y a Carrió.

El presidente pregunta si es conveniente dejarse llevar por los reclamos del Círculo Rojo de adelantar un debate del presupuesto al mes de julio. También insiste en la regla fiscal como eje innegociable. Carrió se suma a las críticas al apresuramiento. Apoya la idea de ralentizar compromisos, como lo impuso en la Capital para regular la alianza del Pro+CC con el radicalismo.

Por ahora no. Ya habrá tiempo.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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