Martes, 10 Julio 2018 00:00

Macri no puede negarse a oír las malas noticias - Por Agustín Bottinelli

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El presidente no quiere dar una sola muestra de debilidad y se resiste a los pedidos, incluso de miembros de su Gabinete, de reducir el número de ministerios y de achicar la jefatura del mismo. Marcos Peña está siendo cuestionado desde adentro y desde afuera de la coalición por su falta de respuestas concretas a la hora de implementar soluciones.

 

Mauricio Macri tiene ahora que ordenar con urgencia el frente interno en Cambiemos porque las crisis económica y la falta de resultados a la vista, han generado un estado de desconfianza tanto en las relaciones políticas como en las personales.

El presidente no quiere dar una sola muestra de debilidad y se resiste a los pedidos, incluso de miembros de su Gabinete, de reducir el número de ministerios y de achicar la jefatura del mismo. Marcos Peña está siendo cuestionado desde adentro y desde afuera de la coalición por su falta de respuestas concretas a la hora de implementar soluciones.

El jefe de los ministros resiste porque sabe que él tiene la llave que tranquiliza a Macri y es el equipo de campaña que ya le dio triunfos electorales desde 2005 hasta 2017, cada vez que debió competir con cargos políticos. Sus últimos tres aciertos fueron las derrotas que le infringieron al peronismo en las últimas tres elecciones. En materia de ganar comicios, Peña está invicto y tiene un aparato aceitado y profesional que maneja lo comunicacional con una gran destreza. Ahora además cuenta con los recursos del Estado para potenciar esa fuerza.

Si la situación económica comienza a enderezarse el presidente sabe que con Peña al mando tiene casi asegurada su reelección. Mientras tanto tiene que resistir los embates de propios y extraños y superar los fracasos de sus estrategias de acercamiento a la oposición, producto de que él les pide a todos que cedan pero no está dispuesto a ceder.

Las tensiones internas pueden lesionar gravemente la alianza con el radicalismo y una deserción masiva de miembros del PRO pueden ponerlo en verdaderos apuros y hoy, estas dos cosas no están demasiado lejos de poder producirse. Hay desencanto entre la propia tropa y aunque Macri lo sabe parece no reaccionar ante el problema. Se apuran a decir desde su entorno más cercano que "tenemos demasiados problemas para ocuparnos de Carrió", pero no pueden desentenderse y dejar que la diputada del ARI rompa el vínculo con el radicalismo que se muestra enojado con "Lilita" y también con el presidente porque no ha reaccionado antes sus dichos agresivos contra el partido.

Los círculos no se cierran y mientras el presidente convoca a las fuerzas políticas a presentar proyectos alternativos a los suyos, aparece Sergio Massa con un plan económico y desde el gobierno lo ningunean abriendo más la distancia para conseguir un diálogo con todos.

Es verdad que Massa aparece después de muchos meses de silencio ante el desastre que le muestran las encuestas tras las últimas elecciones y de haberse conocido que su campaña fue financiada por el camionero Hugo Moyano.

Esta denuncia la realizó Florencia Arietto, la ex jefa de seguridad del club Independiente y abogada penalista que estuvo militando tres años en el Frente Renovador y que aseguró hace unos días que "Puedo entender algunas cosas de la política, pero no que pidan que no denuncie a Hugo Moyano porque nos va a financiar. ¡Porque yo a Moyano lo quiero preso!".

Macri no puede desperdiciar la opción de sentar todo opositor a la mesa del necesario acuerdo político para sacar adelante el presupuesto 2019 que incluya las condiciones de ajuste pedidas por FMI, porque de ello depende que el año electoral transcurra con las menores tormentas económicas y políticas posibles.

A Macri le recitan al oído que el peronismo no tiene candidatos, que en un año no pueden formar uno, que acabarán llevado a Cristina, que la provincia con Vidal la pierden de todas formas y que no tienen un aparato electoral para competir con el de Cambiemos.

Dichas así estas premisas parecen tener cierta lógica, pero si la confianza en la economía no se restablece, la inflación empieza a frenarse y el gobierno recupera la credibilidad en los sectores productivos del país, el no llegar a fin de mes puede provocarle un susto en las urnas y el "voto odio" que castigó al kirchnerismo cambie el rumbo y se aplique contra la alianza gobernante.

Ese caudal de votos, no calculados debidamente cuando Scioli perdió, no es menor y tampoco es militante, vota por sensaciones y si votó contra la corrupción y el maltrato dese el Poder Ejecutivo, bien puede en octubre de 2019 decirle no al gobierno que castigó sus bolsillos de manera dramática.

Tal vez a Macri le convenga oír más campanas, tal vez deba ceder y reducir el número de ministerios sin que eso signifique una muestra de debilidad.

En estos días que vienen deberá también enfrentar a sus dos aliados más fuertes, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta a quienes el presidente pretende pasarle los subsidios de las empresas de servicios Edesur y Edenor y tal vez AYSA, lo que significaría un golpe mortal a los presupuestos de la Provincia y de la Ciudad de Buenos Aires. La gobernadora podría aceptar si este traspaso se hace escalonadamente y sin que afecte su estructura presupuestaria y menos en un año de elecciones. Larreta pide tiempo para revisar los números pero se negaría a un traspaso brutal. Ambos sí aceptarán hacer ajustes para ayudar a bajar el déficit como exige el FMI.

Los próximos meses serán duros para los ciudadanos y también para el Gobierno porque debe cerrar muchos problemas que están abiertos y que por ahora en este estado no garantizan continuidad para otro periodo. Claramente el presidente tiene que poner el otro oído y después decidir, si escucha como hasta ahora una sola campana que suena como a él le gusta, pueden ahondarse los conflictos y la situación tornarse mucho más difícil de lo que está.

Agustín Bottinelli

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