Martes, 10 Julio 2018 00:00

Tras el pacto de San Isidro, vuelven radicales a mesas del gobierno (También cenan con Macri) Por Ignacio Zuleta

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Este martes vuelven los radicales a las reuniones de mesa del gobierno. Toca gabinete, y está prevista la presencia de legisladores radicales como Mario Negri, jefe del interbloque de diputados.

 

Ese encuentro genera tensión porque se ven las caras después de la revelación de una cena secreta entre ministros, gobernadores y caciques del peronismo no cristinista en San Isidro para semblantearse en vistas del acuerdo para el nuevo presupuesto.

Por la noche, Macri se reunirá con los gobernadores radicales y los jefes legislativos. Se verán Alfredo Cornejo, Gerardo Morales, Gustavo Valdés, Negri y alguno de los senadores. Luis Naidenhoff se excusó pero no está confirmada la presencia de Ángel Rozas. El encuentro se cerró en un cruce de whatsapps entre el presidente y sus invitados mientras viajaba de regreso de Tucumán, en donde participó de los festejos del día de la Independencia.

Ese desentendimiento sobre el encuentro en San Isidro hace dos semanas, exasperó las relaciones entre Macri-Peña y los radicales, que obligó al presidente y al jefe de gabinete a largas charlas de reconciliación. Le echaron la culpa a la dupla Larreta-Vidal por ese encuentro, que justifican en la amistad que tienen con Sergio Massa. El pedido de secreto se lo atribuyeron a los peronistas, que huyen de una foto inoportuna en este momento.

El punto de discordia entre Macri-Peña y Larreta-Vidal es la relación con Massa, que vuelve a operar como el representante de mayor peso en Buenos Aires para enfrentar la opción Cristina. Lo querrían Schiaretti o Urtubey para acompañarlos en listas a presidente, pero con Sergio de gobernador. Éste ni lo sueña; más aún, le atribuyen ser partidario del viejo proyecto de dividir la provincia porque es inmanejable, inviable, diría algún noventista. Massa es el ejemplo más conspicuo del peronismo en estado líquido. Preparó la cita de San Isidro en el búnker de Tigre, mirando el partido Argentina-Nigeria pocas horas antes, acompañado por Monzó y Nicolás Massot. Es una rutina de amigos, que han ensayado muchas veces viendo los partidos de Barcelona – comparten la afición culé. Apareció el jueves en La Pampa junto a Verna, que no sabe a quién quiere menos, si a Cristina o a Macri.

El mismo día, una de las estrellas de su bloque, Marco Lavagna, estaba en el asado que ofreció Manzur a los federales-massistas en su casa de Tucumán. Lavagna apareció en la noche en la sede de Matheu del PJ, intervenido por Luis Barrionuevo, para dar una conferencia. Toda una elección porque entra el proyecto massista de protagonizar una etapa superior de la intervención de Barrionuevo, apoderándose de las llaves de Matheu, que había manejado Cristina durante la gestión de José Luis Gioja.

Difícil imaginar cuál es la estrategia, parecida a la de esos jugadores de casino que juegan en varios tapetes al mismo tiempo. En unos acierta, en otros no, pero se mantiene en carrera con un producto escaso y que demandas sus correligionarios para soñar con una revancha.

También Verna es un multitareas. En la sesión de la mesa del PJ en el exilio (está intervenido por la justicia) del jueves pasado, asumió Rubén Marín como presidente de la comisión de Acción Política. Marín es el autor de la frase-dardo que dice que “Cristina junta, pero junta para perder”. Verna es la rama juvenil de Martín y juegan siempre juntos y son críticos de Cristina de Kirchner.

Que se hayan apoderado de la comisión de Acción Política es una señal de unidad hacia el resto del peronismo que el instituto Patria no había mostrado hasta ahora. Ojo con esto porque el anti-kirchnerista Verna ha dicho que, si al final, Cristina es la que mide…

Marco Lavagna ha sido vocero de la negativa de su padre, bien ranqueado en las encuestas de imagen, a una candidatura, pero construye la propia. Tiene que renovar la banca, aunque en los papeles del massismo hay un prospecto para que dispute una senaduría por la Capital o, si se da la bocha, la jefatura de gobierno.

Clava su pretensión en el formato del distrito, en donde disputan otros dos economistas, Larreta y Martín Lousteau. Prepara para esa puja, entre otros productos de campaña, una nueva edición del libro Programa Económico Urgente. La actualiza a la luz de la economía post FMI. Ese libro fue la plataforma de su partido en las últimas elecciones.

En la oposición, el destino de final de su banca compromete a muchos. En este plano, terminan los mandatos de Bossio en diputados y de Pichetto en el Senado. Van a aprovechar el tiempo del receso para planear un viaje a España. Allí Bossio tiene un amigo en Iván Redondo, campañólogo que fue del PP y armador del irresistible ascenso de Pedro Sánchez en reemplazo de Mariano Rajoy como jefe de gobierno. Redondo es ahora el jefe de gabinete del primer ministro.

Como es temporada veraniega en el hemisferio Norte, hubo mucha actividad en Puerta de Hierro, sede de la embajada en España. Ramón Puerta recibió, en turnos diferenciados, a Juan Manuel Urtubey, Lousteau y a Sebastián Galmarini, diputado provincial, y sedicente jefe de campaña de su cuñado, Sergio Massa. Por eso le llaman en Madrid el “Cuñadísimo”, apelativo que recibía antaño Ramón Serrano Suñer, cuñado de Carmen Polo, mujer de Francisco Franco, a quien halagaban como el “Generalísimo”. En Tigre lo llaman, con más modestia, el “Patito” por su padre, el legendario “Pato” Fernando Galmarini. Urtubey y Lousteau insistieron en que van a ser candidatos a presidente. Admitieron, también, que Macri tiene buena chance de repetir mandato. Si eso ocurre esperarán a otro turno.

En el entusiasmo por el acercamiento, algunos cerebros imaginan formatos imaginativos, aunque anclados en el pasado. Si la realidad repitiese el manual de historia, a esta altura del mandato de Macri, y según el tono de la crisis que todos admiten, el gobierno estaría llamando a un peronista para participar del gabinete. Lo hizo Alfonsín en 1987 cuando llamó a Carlos Alderete para el ministerio de Trabajo. Fernando de la Rúa tuvo la misma iniciativa en 2001, pero el peronismo no quiso sumarse al gobierno. Macri no es Alfonsín ni De la Rúa, si la situación del gobierno es tan grave como en 19787 o 2001. Pero fue este gobierno el que acordó con Massa en 2016 el loteo de la legislatura bonaerense y lo hizo participar con cargos nacionales. También este gobierno admitió como escenarios posibles que Schiaretti podía ser jefe de gabinete y Urtubey canciller de la República. Siempre hay peronistas dispuestos a estos sacrificios. Y más si les permite estar en una foto distinta a la del peronismo que rechaza con énfasis la burguesía de las grandes ciudades.

Visto desde un ángulo desapasionado, hay también peronistas dispuestos a acordar gobernabilidad y sacrificar el futuro inmediato pensando en un round posterior de su biografía. Imagine el lector el destino de Menem en la década de los años ’80, abrazado a Alfonsín. Todos creían que se enterraba con el presidente radical, pero empleó una dialéctica propia para construir el poder que lo llevó durante una década a gobernar el país.

Para el gobierno el acercamiento es agua en el desierto. La experiencia de la ley de tarifas le mostró que el peronismo racional le había perdido el temor a la foto con el cristinismo. Esa experiencia los puso en el lugar de mayor distancia de la oposición. El bloque federal de Pichetto les ofreció un pacto para modificar el tarifario sin tocar el IVA, pero como Macri lo acordó con Urtubey, lo retiró de la mesa y se abrazó al cristinismo. Fue un episodio traumático que sólo se ha podido conmover con la negociación de este acuerdo sobre la base del presupuesto redactado a cuatro manos y en beneficio mutuo. En ese plexo de concesiones, hay que anotar la salida de Juan José Aranguren y de Federico Sturzenegger del gobierno y la entrada del productivista pyme Daniel Sica, un hombre que actuó durante el ciclo Duhalde. Lubrica esta movida que el gobierno haya depositado a Sica en brazos de Carrió, una manera de acercarla al ala acuerdista y de mitigar el ánimo rupturista de la jefa de la CC.

Elisa Carrió permaneció el fin de semana en La Cumbre, Córdoba, oteando los efectos de su broma en Entre Ríos sobre el control que dice tener sobre los radicales. El testigo principal de esa chanza fue el diputado candidato a gobernador Atilio Benedetti que se rio como si fuera una broma. Tampoco hubo reacciones contra ella en la cumbre de mujeres radicales del sábado en Santa Fe, con 2500 militantes de todo el país. “Le tuve que dar un chirlo a Cornejo por el comunicado que hizo. No conoce al radicalismo”, se ríe ella. Alfredo Cornejo pisó el palito y quedó aislado en sus críticas a la jefa de la Coalición. Pidió que otros dirigentes que cargasen sobre ella y casi nadie lo hizo, salvo un amigo de Lilita, el jujeño Gerardo Morales. Los que emitieron Negri (“mi único jefe”, ríe ella) y Miguel Bazze fueron moderados y cerraron el debate. Si es cierto que Cornejo lo intimó a Macri con el clásico “o ella o yo”, le debe haber quedado al presidente de la UCR que Macri eligió ya hace rato.

¿A quién conviene la pelea con Carrió? A la oposición. Es un ataque a otra de las personas con quienes Macri tiene más confianza. Ya le bajaron a dos, Juan José Aranguren y Federico Sturzenegger. Lo balearon a otro de los íntimos de Macri, Jorge Triaca, pero resistió. Atacarla a Carrió es herir a una de las orejas y almohadas de Macri.

Dentro de Cambiemos, este ataque le conviene al Pro porque esmerila el arco radical-Carrió, que es muy sólido en el interbloque. Hay que buscar en la pelea por las candidaturas otras de las razones del chispazo: el radicalismo intentará ponerle un vice a Macri en la boleta para la reelección. Ahí se anota Cornejo.

Macri ha tenido con este episodio una prueba de la lealtad del mendocino. También de su capacidad de paciencia y contención, algo que le ha faltado en el trato con Carrió.

Carrió está furiosa con los radicales que promovieron el voto por el Sí al proyecto de despenalización del aborto. Cree que eso dividió al bloque oficialista. Escuchó de boca de Macri, como Silvia Lospennatto, que los promotores del debate le aseguraron que ganaría el No. Eso alimenta estas furias. Más allá de esas confesiones, es cierto que entre febrero y junio el oficialismo actuó como si fuera a ocurrir eso. En la última semana se dio cuenta de que no le convenía y eso disparó las presiones de la cúpula del gobierno para que ganase el Sí. Si ganaba el No, la plaza estaría aún hoy reclamando.

En otro rango, Lilita tiene registrados movimientos de Gerardo Morales, a quien le respondió con ironía fina, para ser el referente de alguna agrupación del radicalismo porteño que se referencia en Daniel Angelici. Ella tiene un viejo enfrentamiento con el arco Angelici-Nosiglia en el distrito Capital. Por so dilata la integración de Cambiemos en esa plaza, que es la única en la que no existe, a diferencia de todas las provincias. Uno de los fogoneros del acuerdo con Morales es el dirigente porteño José Palmiotti, que se entrevistó con el gobernador en su provincia el mes pasado.

También el ala conservadora de Cambiemos desenfunda. Integra la coalición en varios distritos del país, pero espera tener antes de las próximas elecciones el reconocimiento de la personería del partido Demócrata Nacional. Es un renacimiento desde su extinción en la década del 50, cuando lo presidía el puntano Reynaldo Pastor. Hubo expresiones de ese sector en la Federación de Partidos de Centro, Fufepo, Concentración Demócrata, pero ahora vuelve a ser una fuerza nacional. Los representantes de todo el país se reunieron en el Círculo de Legisladores de la Nación para un almuerzo en el cual fue el principal orador Federico Pinedo, presidente del Senado. Sentaron en la mesa al presidente de ese sello, el exdiputado Daniel Basile. También al presidente del partido en la CABA, el exdiputado Alberto Allende Iriarte y al legislador porteño Francisco Quintana, secretario del Comité Nacional del PRO. Estuvieron, además, el exdiputado y economista Eduardo Conesa, Ricardo Balestra, Juan C. Lynch, Alberto Allende Iriarte, Oscar Arévalo, Marcos Niven, Mercedes Llano, Eduardo Santamarina, Norberto Peruzzoti, Guillermo MacLoughlin -quien fuera el último presidente de las juventudes federalistas nacionales-, Paula Scauzillo, Bernarda Fait, Alberto Arancibia Rodríguez. La delegación mendocina la encabezó el exdiputado Carlos Balter, a quien todos señalan como futuro presidente de la formación nacional. Le disputa esa silla el bonaerense Juan Carlos De Marco.

Pinedo estuvo también en el almuerzo en el Club Americano que sirvió de presentación (otra) del nuevo embajador de los EE. UU. Edward Prado. Cuando uno de los asistentes, el abogado Diego Barovero, cronista del radicalismo, le recordó la visita del primer presidente americano a Argentina Herbert Hoover recibido por Hipólito Yrigoyen en 1929., le respondió: “Pero usted no estuvo entonces, ¿verdad?”. Prado es un exjuez texano que habla buen español, por su extracción cultural hispana. En ese almuerzo estuvieron el senador Rodolfo Urtubey, el viceministro de Seguridad Gerardo Millman, el secretario de Estado para la OCDE Marcelo Scaglione, la directora del Banco Nación y empresaria Ercilia Nofal, Ricardo Ferrer Picado, Diego Armesto, Fernando Ezequiel Mahle y el presidente de Asociación Fundadores de la Patria Mario Paso.

Ignacio Zuleta
Fuente: https://zuletasintecho.com

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