Jueves, 12 Julio 2018 00:00

La mesa no está servida - Por Mauricio Maronna

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Macri no quiere que crezca el pasto opositor y se niega a favorecer un liderazgo que compita con Cristina, la preferida de Cambiemos a la hora de imaginar el 2019. Expectativas santafesinas.

 

"No podemos acordar con el peronismo, porque es un movimiento sin líderes. Salvo Cristina", dice Mauricio Macri y les baja el precio a todos los opositores. No quiere que aparezca otra figura que pueda oscurecer el liderazgo módico —pero liderazgo al fin— de la ex presidenta de la Nación. Es lo único que, hoy, le viene como anillo al dedo.

Dicen los que saben de economía que si se cumplen los pronósticos del gobierno, en cuatro años de gestión habría descenso del PBI per cápita, "con una inflación y un nivel de pobreza promedio similar a los del kirchnerismo. Y más de 100 mil millones de dólares de nueva deuda pública". Es decir, en el mejor de los casos las buenas noticias económicas serán relativas, si es que hay. Por ende, si hay reelección de Macri no será por la economía, sí por el mantenimiento de "la grieta". Por gris de ausencia en la oposición.

El consultor Federico Aurelio, de Aresco, dijo a La Capital que una de las peores amenazas que tiene el gobierno es la unidad de la oposición. "Simplemente de la lectura de los resultados de 2015 y 2017, donde uno haga el ejercicio de ir sumando los porcentajes que tuvieron a lo largo del país los distintos peronismos, se puede dar una idea de la importancia de la unidad de la oposición", reveló el muy consultado consultor.

Racionales, pero sin votos

Al mismo tiempo, no sólo Aurelio, sino todos los encuestadores, sostienen que fuera de Cristina (la única que experimenta una mínima suba cuando Macri se cae), "nadie mide nada" en el peronismo federal. Podrán ser muy "racionales", pero no mueven el amperímetro ni Juan Urtubey, ni Juan Schiaretti ni Miguel Pichetto. Y las elecciones se ganan con votos, no con otra cosa.

Ese desértico panorama opositor le viene de perillas a la Casa Rosada, que necesita a Cristina libre, correteando de aquí para allá y subiéndose a las polémicas. Por ahora, la ex jefa del Estado sabe que le conviene no abrir la boca, evitar la exposición que le permita a Jaime Durán Barba maximizar los beneficios de la contradicción. A Cristina le ganó hasta el impávido Esteban Bullrich.

"Si no crece el pasto en la Quinta de Olivos, que no crezca en ningún lado". Esa parece ser la fórmula de síntesis del gobierno, en momentos en que todo marcha para atrás. ¿Qué hacen los aliados, mientras tanto? Poco y nada.

Macri le concedió al radicalismo la posibilidad de verse las caras durante una cena en la residencia presidencial. Esa fue la exclusiva razón de ser de la convocatoria a comer asado, acompañado por rúcula y parmesano. Y frutillas con crema, de postre.

Los radicales venían golpeados y ninguneados por la Casa Rosada. Antes de la cena del martes, Macri había convocado a Miguel Pichetto y gobernadores peronistas para intentar bosquejar un simulacro de presupuesto. Esos jueguitos molestaron a algunos y llevaron a otros a plantear un escenario hipotético de salida de Cambiemos, algo que voceó el presidente de la convención nacional, Jorge Sappia: "No hay argumentos para sostener Cambiemos".

Lejos de esta posición, cerca de José Corral rechazan las críticas al sí Mauricio con el que, por ejemplo, los castiga Beatriz Sarlo, quién se preguntó cuál es la razón de ser del radicalismo. "Hay un hijo narcotizado en Cambiemos que se llama UCR", dijo la escritora.

"Se respeta su trabajo de crítica literaria y cultural, pero de política no entiende nada. Desde su tardía adhesión a Montoneros hasta su incomprensión del debate en 2015, pasando por el apoyo a (Italo) Luder en el 83", le respondieron desde el radicalismo, tras haber leído las críticas de la socióloga el domingo pasado en este diario.

"Se vendrán tiempos muy difíciles para las campañas políticas. Los escenarios económicos condicionan las voluntades y el entusiasmo"

Lo cierto es que hay ruido de fondo en el centenario partido, que ha quedado atravesado por la mala situación económica del país, otra vez desde el oficialismo. Esa situación nacional, hace crecer los valores internos de los radicales santafesinos que están en el Frente Progresista, y reproduce con cierta actualidad lo que dijo hace un tiempo un viejo dirigente de boina blanca: "El PRO nos ofrece subir a una balsa que no se sabe ni cuánto ni cómo resiste. Tal vez nos convendría quedarnos en el barco del Frente Progresista, que está como el Titanic antes de hundirse pero con orquesta y copas de champán para los que viajamos en la cubierta". Aunque, debe decirse, que champán ya no hay para nadie.

En Santa Fe, el gobernador Miguel Lifschitz internaliza por estas horas que el futuro del socialismo en el poder estará atado a la mejoría de la seguridad en Rosario, en contraplano del macrismo con la economía. Por eso, esta semana permaneció en Rosario recorriendo zonas icónicas de la ciudad, y pidiendo respuestas cotidianas a los funcionarios del área de seguridad. Economía y seguridad. Esos son los dos grandes temas, no hay otro intríngulis que pueda transformarse en decisorio para el 2019.

Próximamente, la cuestión preelectoral comenzará a empalmar hacia el 2019. Serán tiempos dificilísimos para hacer campaña política, en momentos de espiral inflacionaria, caída del consumo y probable recesión. Tendrán que ser muy ingeniosos los políticos para seducir a una sociedad, hoy estragada por el pesimismo.

Se sabe: un pesimista es un optimista con buena información. Y, en ese sentido, el bolsillo es el termómetro que está marcando las prioridades. Entre las que no figura el 2019.

Mauricio Maronna  
Twitter:@MauricioMaronna
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