Domingo, 15 Julio 2018 00:00

Tocar el Pacto Fiscal es perder la virginidad (Dujovne) - Por Ignacio Zuleta

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Choques. El gobierno cree que no podrá negociar con el peronismo. Y el enfoque que propone Hacienda ya divide a los gobernadores en propios, federales y kirchneristas. Para cada uno, habrá que tener una propuesta

 

El Gobierno asume que el peronismo no es hoy un agente con quien se pueda negociar. Menos aún ahora, cuando ven que Juan Schiaretti se separa del pelotón del peronismo moderado para negociar por sí sólo con Macri. La matriz que imagina Dujovne para sentarse en estos 15 días de receso legislativo con los caciques de la oposición, divide a los gobernadores en propios, federales y kirchneristas. A esta la cruza con el estado de la administración de cada distrito y el grado de sustentabilidad financiera.

En suma, ve dos restricciones innegociables: cumplir con el 1,3 del déficit, no tocar el acuerdo fiscal, y los términos del compromiso firmado con las provincias (Ley 27.429 de diciembre pasado). Los peronistas piden que se le agregue un anexo que modifique los plazos de cumplimiento de las metas. Dujovne niega esa posibilidad: “Es perder la virginidad, como ocurrió con las leyes de emergencia.

Si se suspende el compromiso fiscal una vez, va a empezar a ocurrir todos los años”, me dice. Cuando le reprochan que ya no se cumple porque hay distritos que aumentan Ingresos Brutos, que debían bajar, pide que se vea la película: este año la recaudación aumenta el 40%, más que la inflación, mientras que Ingresos Brutos sube el 20%, menos que la inflación. O sea —argumenta— que en el neto está bajando. Agrega que el año que viene empieza a funcionar lo que llama “la escalerita”, que lleva a provincias como Córdoba y otras a bajar ese tributo. Ese impuesto, entiende el Gobierno, empezó a caer con la reforma que eliminó las llamadas “aduanas internas”, las sobretasas a productos originados en otra jurisdicción.

La matriz de la negociación cruza billetera con militancia

El Gobierno se ha entregado en el último mes a la terapia periodística: los funcionarios filtran los infinitos formatos que estudian para salir de la crisis, que no es financiera sino política. Estos formatos suman ensayos de acuerdo con los propios, los extraños, los de acá y los del extranjero. La naturaleza líquida de las relaciones de poder que caracteriza a este tiempo convierte cualquier consenso en un episodio que dura menos que la liviana melodía (Borges caracteriza así a la condición humana, hecha de polvo y tiempo).

Esas negociaciones se basan sobre un acuerdo que el Gobierno cree haber logrado: no hay gobernador que no entienda, a puertas cerradas, que la baja del déficit es una necesidad, y lograrla beneficiará a todos. También que el Gobierno ha llevado al sistema a un año récord de transferencias de fondos a las provincias, a niveles que equivalen a los años 90. Parte por una reforma federalista del sistema, parte por los fallos de la Corte, la situación de las provincias es mejor. Afuera suena otra música, porque la agenda de todos gira ya en la campaña electoral.

Que el peronismo no tenga en pie ninguna de las columnas que pueden sostener una estrategia política competitiva, lo mueve al discurso del bloqueo.

La oposición tiene el liderazgo discutido y no hay jefe que los reúna. Tampoco tiene un discurso unificado, porque no es lo mismo Urtubey que Kicillof. También tiene trizada la tercera columna, porque el oficialismo domina en seis de los siete distritos más grandes en cantidad de votos. Hay que ir a Tucumán para encontrar una provincia con peronismo llave en mano, y con futuro indiscutible. Es razonable que la oposición mortifique al Gobierno en el discurso, aunque al final haya presupuesto.

¿Cómo? Haciendo la política de siempre: unos dan quórum, otros salen a la hora de votar, unos cobran, otros pagan. A unos los convencen con la ideología, a otros con el negocio, a otros con las dos cosas. Rogelio Frigerio quería un debate compartido antes de ir al Congreso, pero es difícil convencer a muchos de cantar bajo el letrero del FMI; un demonio de antaño que horroriza a los nostálgicos. Imposible ponerlos en esa foto.

El peronismo del Instituto Patria rechaza todo y en la planta baja de su sede reparten bolsones de comida para mostrar cuál es el problema y su solución. Los moderados cuantifican con otros números. Un informe de ese sector señala que en 2018 el Gobierno ha sobreejecutado las partidas del presupuesto para pago de intereses en un 55% y ha subejecutado las demás. Eso, según la mirada del bloque más racional, es ajuste y menos plata para las provincias.

“Los 60 días más terribles de mi gestión” (Macri)

​Macri confiesa haber pasado por la crisis más atormentadora de su gestión. “Han sido 60 días terribles los que he vivido”, les dijo el martes a los socios radicales con quienes cenó para rearmar la alianza. En la mente de los invitados, gobernadores, jefes legislativos, los ministros propios que acompañaron, se intentó un cálculo para datar esos 60 días. Ocurrió entre la última semana de abril y ahora que el Gobierno cree haber enfriado las turbulencias. “Hemos cerrado esta crisis en 60 días”, alardeó Macri ante sus socios. “La crisis del tequila tardó nueve meses en recuperarse, y la de Rusia, siete meses”, agregó.

¿Quién le pasa los datos? Seguramente Nicolás Dujovne. ¿Quién es el héroe de esa faena? “Toto Caputo en el Central”, premia Macri. “Gran manejo de la situación”. Lo mismo que ponderaba hasta antes de estos 60 días en Federico Sturzenegger. En la cena hubo más zalemas que sustancia, porque se trataba de soplar, paternalmente, sobre algunas paspaduras. Primero, el imperdonable secreto de la reunión del martes 26 de junio en San Isidro, de la cúpula del Pro con el peronismo racional. Macri y Peña se deshicieron en disculpas. “Fue una boludez no avisarles. No tenemos explicación”, dijo el jefe de Gabinete.

Los radicales se sintieron reivindicados con esas genuflexiones, imprescindibles para reparar la affectio societatis, pero salieron intranquilos por la dimensión que le dieron en el Gobierno, si finalmente no se habló en La Rosa Negra (San Isidro) de nada sustancial. “Teníamos que hablar con Massa, y él quiso que vinieran los demás, Pichetto, Schiaretti, Urtubey”, explicó la cabecera de la mesa. ¿Massa arrastra el resto del peronismo?

Es el ejemplo más conspicuo del peronismo en estado líquido y descabezado. Hizo la previa de la cita en una sala del edificio “inteligente” de Tigre —adonde tiene sus cuarteles— mirando por TV aquel martes, el partido Argentina-Nigeria, junto a Emilio Monzó y Nicolás Massot. Era una juntada de amigos que comparten, viendo los partidos del F.C. Barcelona, la afición culé. Monzó no le dijo a nadie en la Cámara, que se verían horas más tarde en San Isidro.

También fue celoso custodio del sigilo Horacio Rodríguez Larreta. Estuvo en San Isidro y no les contó nada a Jesús Rodríguez y Ernesto Sanz cuando se reunió con ellos, al día siguiente, para hablar de Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires. Fue Schiaretti quien hizo alusión al encuentro cuando Negri lo llamó, antes de que este diario publicase la noticia de la reunión, para solidarizarse por un apedreo al auto del gobernador. Creyó que sabía lo que no sabía.

Paspaduras radicales

Otra paspadura era la que ardía en algunos de los presentes por las pullas de Elisa Carrió sobre la domesticación de sus correligionarios. Alfredo Cornejo había pedido que el propio Macri saliese a desautorizarla. No lo logró, como tampoco que otros dirigentes hicieran lo mismo. Ni aun cuando Lilita mandó a decir: “Le tuve que dar un chirlo a Cornejo por el comunicado que hizo. No conoce al radicalismo”. Apenas logró que lo hiciera Gerardo Morales, a quien la diputada le respondió con ironía. Al jujeño lo está esperando desde que se enteró que tiene registrados movimientos para ser el referente de alguna agrupación del radicalismo porteño, que se referencia en Daniel Angelici-Nosiglia, en el distrito Capital.

Esta tribu porteña junta afiliados radicales contaminados por el Pro, para presentar una lista para autoridades del partido, y colonizarlo desde el gobierno de Larreta. Ya viajó a Jujuy una misión desde la Capital para cerrar este acuerdo. ¿Pudo Cornejo conminarlo a Macri con un “o ella o yo”? Si es así, le debe haber quedado claro que Macri ya eligió hace rato. Se lo hizo saber esa noche: “Vos te ponés así. ¿Qué tendría que hacer yo cuando ella habla como una copresidenta?”.

Rogelio Frigerio se sumó a la lección: “¿Y yo, cuando dice que soy un agente doble que trabajo para el peronismo?”. Peña recibió la instrucción de salir de allí pidiendo comprensión ante las humoradas. Entenderla a Carrió es entender a la Argentina. Quien falla en una cosa, se equivoca en la otra. El Gobierno entiende el rol de ella en la alianza, y uno de sus activos es aprovechar lo que aporta y consentir los extremos de estilo, que a veces desconcierta. Lo hizo Macri durante esa cena con los radicales, cuando lanzó un tuit sobre el bife de chorizo que se estaba comiendo en La Cumbre, Córdoba. Los arrobó —es decir que compartió en forma directa— con Peña y Mario Negri, que viven mirando en celular y festejaron, para sorpresa de los gobernadores, a quienes Carrió no divierte —estaba también Ángel Rozas, que es comprovinciano de la diputada. (Qué chistoso este bife de chorizo. @marquitospena @marioraulnegri).

Misión obligada: mantener entera la alianza del 2015

De ese encuentro vale el consenso final que se juramenta a preservar la principal arma de combate del oficialismo, que es mantener íntegra la alianza Cambiemos, o Partido del Ballotage. Con esta herramienta se ganó en 2015 y 2017, y sigue siendo la que le puede dar continuidad al proyecto. Peña explicó que el eje es un cambio cultural, que deja atrás al peronismo, que es el pasado.

¿A todo el peronismo? — preguntan quienes miran al flanco Larreta-Vidal peleando por la cercanía de Massa y los gobernadores y legisladores federales. Sí, también son el pasado. Según este diseño mental, Macri aparece como dándole tiempo al ala peronoide del Gobierno a que ensaye acercamientos, pero actúa como que eso no lleva a mucho, y que hay que volver a los básicos: inventamos el monstruo de los peronistas racionales: quieren ser alternativa de nosotros. Nos ayudan, pero nos sacan el banquito.

Esto lo perciben los federales. Pichetto salió de aquella reunión de San Isidro bramando. Había escuchado que el Gobierno iba a incluir en el recorte la eliminación de los beneficios salariales por zona, que se pagan en la Patagonia. Justo ante mí. Me llaman como el CEO del peronismo moderado, soy de la Patagonia y me dicen en la cara que van a sacar los adicionales. Esta actitud explica que Massa, en la semana que siguió, mostrase un plan económico que repite el que preparó para la campaña de 2017 y que Marco Lavagna está revisando a la luz de lo que pasó desde octubre pasado. Contradice todo lo que quiere el Gobierno. Para producir escozores, el massismo se ocupó de filtrar que Lavagna junior, el economista principal del Frente Renovador, cenaba con Marcelo Tinelli.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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