Lunes, 16 Julio 2018 00:00

La kriptonita del aborto, las lágrimas de Cristina y el viejo método peronista - Por Ignacio Zuleta

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La interna oficialista por la despenalización alerta a Macri. La ex presidenta asume errores y el PJ apuesta a que le vaya mal al Gobierno.

 

El Gobierno le teme a la kriptonita del aborto

¿Hay vida después del aborto? La pregunta señala las lecciones que sacan oficialismo y oposición de un debate que nunca estuvo en los papeles de nadie pero que atraviesa la agenda del final del mandato de Mauricio Macri. El principal activo de Cambiemos ha sido, para el éxito de sus travesías, tener un jefe y un programa indiscutidos. La decisión de habilitar el debate del aborto despertó disidencias en la fuerza oficialista, que Macri resuelve con un dietario liberal: que todos opinen con libertad de conciencia.

Suena simpático si fuera un ejercicio académico. Pero puede poner en peligro el liderazgo y la unidad del programa, porque en un sistema político caciquil como el que rige en la Argentina, lo que dice el jefe genera autoridad. Ya es frágil la autoridad en una coalición transgénica como es Cambiemos. Por eso la principal preocupación hoy de Olivos es evitar que el secesionismo interno, motivado en el debate abortista, le quite oxígeno al Gobierno en el tratamiento de la crisis económica. Es decir, que el debate de un acuerdo con la oposición parta un Presupuesto que contenga el programa acordado con el FMI.

Mauricio, en el espejo de Juliano el Apóstata

Negar la autoridad es lo que buscan los adversarios del Gobierno, después de dos años y medio en los que una fuerza que es primera minoría ha conseguido resultados de mayoría. Algún mecanismo habrá funcionado, y es la conciencia del objetivo de sostener las diferencias ante los opositores, y admitir que hay una autoridad indiscutible. La apelación a la libertad de conciencia puede ser la kriptonita, un remedio traicionero para salir de un problema en el cual el Gobierno cayó para prevenirse de males mayores.

El esfuerzo del Gobierno es en estas horas impedir que las disidencias se trasladen a otras frecuencias de la política, como la unidad de los bloques legislativos o el armado de candidaturas para el 2019. El empeño de la oposición es promover kriptonita para todos. La libertad de conciencia es un dictamen que encanta en los papeles, pero es un camino de cornisa en la política. Juliano el Apóstata, que gobernó el Imperio Romano en el siglo IV°, despachó sus crisis llamando a los prelados divididos de la iglesia a que resolviesen las disensiones civiles, y que cada cual sirviese a su religión sin impedimento ni temor.

Mauricio, que no es apóstata porque no se le conoce profesión de fe militante en su biografía, logró que Horacio Rodríguez Larreta siguiese esa indicación, y consagrase a su persona, su gestión y la ciudad que gobierna, al Sagrado Corazón de Jesús. Había hecho algo parecido Juan Carlos Onganía en 1969 cuando consagró la Argentina a la Virgen en todas sus devociones locales. No se recuerda tamaño extremo clerical en algún gobernante. Se puso en la vereda de enfrente de promotores activos del proyecto. ¿Se vuelve atrás cuando se toman posiciones desde la libertad de conciencia?

​El aborto parece mudar de golondrina de un solo verano a ser un cisne negro. Lo habilitó Macri en febrero para evitar una derrota legislativa. Ya asumió que entró en un problema peor que el quería evitar. Quienes lo rodeaban creían que ganaba el No. Con los días vio que Sí no estaba tan mal para sus objetivos de ahuyentar al cisne negro. Como dice Montaigne de Juliano, el Apostata, es de los gobernantes que, tras no haber podido lo que querían, han fingido querer lo que podían.

Se abre el camino del veto parcial

Más modesta, María Eugenia Vidal escuchó, también el 9 de Julio, al escribiente del papa Francisco, Víctor Fernández, llamar al veto de una eventual ley de despenalización del aborto. De paso, se sacó una selfie con pañuelo celeste. Allí quedó, pero habilitó un nuevo curso de acción: el Gobierno cree que hay un empate en el Senado, que el debate en las comisiones languidecerá en estas dos semanas de casi receso legislativo, y que al final la cámara puede aprobar la ley que mandó Diputados. En ese caso podrá haber un veto, aunque parcial, para habilitar la objeción de conciencia institucional que piden las clínicas de origen confesional para negarse a proceder a abortos. También puede haber un veto parcial a la cláusula que obliga al Estado a pagar por las intervenciones. Esta objeción se les atribuye a los senadores de Córdoba por el tamaño del distrito, el segundo más poblado del país, y que puede aumentar el gasto público. Algo así como rechazar el aborto porque es muy caro.

La referencia de Juliano el Apóstata viene a cuento por el ensayo que le dedicó el ensayista Michel de Montaigne cuando discurre, precisamente, sobre la libertad de conciencia. Según este autor renacentista (1533-1592), Juliano propuso la libertad de conciencia en temas religiosos creyendo que "aquella licencia aumentaría las diferencias e intrigas de la división, e impediría por consiguiente al pueblo unirse y fortalecerse contra él". Montaigne concluye que "dar rienda suelta a las facciones para alimentar sus ideas es extender y sembrar la división, es casi ayudarlos a aumentarla, al no haber barrera ni prohibición alguna de las leyes que frene o estorbe su carrera ("De la libertad de conciencia", 1580).

Empate de dos sobre intervención al PJ

La Cámara Nacional Electoral se fue de feria sin dictar el fallo sobre la intervención del PJ. Los tantos quedaron empatados en la forma de hacer caer la decisión de María Servini. Los dos magistrados que integran ese tribunal entienden que hay argumentos para desandar la decisión que le quitó la llave del principal partido de oposición a Cristina de Kirchner, y se la dio a sus contradictores en cabeza de Luis Barrionuevo. Este dirigente sindical tiene referencias en todas las tribus anticristinistas, del massismo al delasotismo, pasando por fracciones de entidad menor. Se le atribuye al juez Alberto Dalla Vía una ponencia que consiste en un aval a la intervención, pero entregando el partido a una comisión de dirigentes más variada. El otro integrante, Santiago Corcuera, está identificado con la idea de hacer caer la intervención, y avanzar en una normalización reglamentaria.

El tribunal tiene una tradición de fallar por unanimidad en estas causas, un mérito y una necesidad, por la naturaleza política de las materias que trata ese fuero, cargadas de inmaterialidad. Falta designar una vacante, que podría ayudar al desempate y en alguna causa se llamó a un magistrado de otro tribunal a desempatar. Pero los dos magistrados intentan mantener la fuerza de la unanimidad como un resguardo a su independencia. Pesa sobre esta situación un dictamen de sentido común: lo que la política no arregla, no lo arregla la ley, que siempre cumple en este terreno un sol subsidiario.

El cristinismo promete no romper al PJ en ninguna provincia

A la espera de alguna salida que se conocerá después de la feria judicial, los protagonistas navegan sin luces. Barrionuevo se ha cuidado de no dictar medidas como interventor que podrían enredarlo en más entuertos, como intervenir distritos del interior, algo que le costaría porque esas medias chocarían con el Congreso del partido, que manejan fuerzas que enfrentan a la intervención. Del lado del cristinismo hacen lo mismo. Por ejemplo, hay un intento de despliegue territorial fuera de la provincia de Buenos Aires, para alcanzar alguna ingeniería competitiva para 2019. La orden del Instituto Patria es armar células de Unidad Ciudadana en todo el país, pero manera amistosa con otros sectores del peronismo.

"No vamos a romper al PJ en ningún lado", me dice Fernando Espinoza, que se asume como patrón de algunas decisiones del comando cristinista. Esto significa que habrá Unidad Ciudadana en donde se pueda, pero con la seguridad de que jugarán dentro del PJ local como agrupaciones, o como partidos locales en alianza con el PJ. Es una forma de cauterizar la división del peronismo, algo que arrastra desde hace quince años sin poder remediar, ni aún en los momentos de la jefatura kirchnerista. Esa jefatura la intentaron convertir Néstor y Cristina en liderazgo, pero nunca lo lograron. Navegaron con suerte dudosa en varias elecciones y terminaron perdiendo el poder para su partido en 2015.

Cristina, con lágrimas en los ojos, admite equivocaciones

Espinoza es una de las víctimas del cisma del peronismo en su distrito y recompone junto a Verónica Magario un armado que complemente los movimientos de Martín Insaurralde para armar una candidatura, también amparada por Cristina, para el año que viene. La dupla Espinoza-Magario presume de contar con la fuerza de La Matanza, distrito sin el cual el destino del peronismo en Buenos Aires es inviable. Sobre esta constancia arman proyectos de candidaturas cambiantes, a la gobernación o a la intendencia de ese municipio. Magario reconoce la jefatura de Espinoza, y éste admite, cuanto más, que Cristina ha cambiado de criterio para el 2019. Significa no repetir los errores de 2015.

¿Qué errores? Por ejemplo, haber promovido una PASO dentro del partido. Nunca más una interna del peronismo bonaerense. Deja heridos irrecuperables. ¿Por qué lo hizo? Dice que se equivocó, porque creía que si no hacía la PASO sus adversarios iban a acorralar al peronismo. Pero ella lo acorraló con Aníbal Fernández, a quien la Iglesia había estigmatizado no por ser una símil morsa, sino porque había dedicado sus esfuerzos a otra despenalización, la de las drogas que, como el aborto, es otro de los límites del bergoglismo. Ahora dice que fue un error. "Admite que se equivocó -dice Espinoza-, y con lágrimas en los ojos". Para adelante ella promete que cualquier decisión la consultará. Espinoza-Magario dicen que tampoco le cederán la lapicera sin discutir, como ocurrió en 2017, cuando el peronismo volvió a perder.

Las manifestaciones, cañonazos a las nubes

Estas afirmaciones las argumentan en la fuerza y tamaño del distrito, mayor al de varias provincias y que puede aportar poder a cualquier estrategia. Magario presume que La Matanza es, junto a San Isidro y a Vicente López, el tercer distrito con autonomía financiera para resistir cualquier barquinazo. Dice tener guardado en el banco dinero para sostener el pago de salarios por tres meses. Basta para mantener el poder en el municipio y repetir mandato. Ahora tiene que aportar a un esquema ganador que se proyecte más allá, porque cualquier candidatura a gobernador en el peronismo, no va a salir de abajo hacia arriba, sino que va a bajar de alguna estrategia nacional del partido, algo que hoy no tiene. Siempre, además, fue así.

La división que tiene el peronismo en el orden nacional lo condena por ahora al destino de una liga de gobernadores e intendentes con liderazgos enfrentados, y a programas también dispersos. Esa dispersión le deja al peronismo una estrategia negativa hacia adelante: la confianza en que crecerán desde el fracaso de Cambiemos. Por mérito del oficialismo, pero también por carencia de un liderazgo que contenga las diferencias, el peronismo basa todos sus movimientos sobre la presunción de que al Gobierno de Macri le va a ir mal, y que eso tendrá la forma de un estallido social. Nadie prueba, cuando se explica esto desde el peronismo, sobre qué datos se basa.

Este diagnóstico mueve al peronismo a promover esas algaradas callejeras con dirigentes que vociferan desde las tribunas contra el FMI y las medidas del Gobierno. Son disparos de artillería hacia las nubes porque enfrente no hay nada ni nadie. El oficialismo no levanta tribunas, no hace marchas callejeras, no cree que el destino de ellos, o de los opositores, pase por la protesta de las muchedumbres en las calles. Festeja, callado, que la movilización callejera, además, ahuyenta al voto moderado de las grandes ciudades, que elude al peronismo cuando el no peronismo le ofrece un programa y un liderazgo solventes y competitivos, como ocurrió en 2015 y 2017.

En este punto, el diagnóstico y el método del peronismo atrasa algunas décadas. Cree en las patas en la fuente y en que la plaza derrotará al sistema. Los programas que muestra son un viaje por el túnel del tiempo. Tiene sentido que crea eso, porque en el pasado ocurrió y fue la vía del peronismo para llegar al Gobierno, como en 1989 o en 2002. Nada dice hoy, salvo la fe -que se da de patadas con la política, como lo prueba el debate del aborto-, que el método funcione hoy.

Ignacio Zuleta

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