Viernes, 20 Julio 2018 00:00

La grieta que abrió el Papa en Cambiemos - Por Fernando González

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

Durán Barba cree que la Iglesia pierde influencia. Y Francisco, en la intimidad, lo llama "el diablo"

 

Mauricio Macri sabe que tiene tres problemas para ser reelecto en 2019. La suba del dólar, la inflación muy alta y el freno de la economía. Lo que no sabía el Presidente es que, a esas desgracias, se iba a sumar el debate por la ley de despenalización del aborto. Justamente él fue quien lanzó la discusión en el Congreso para contrarrestar las complicaciones económicas. Pero si la ley para interrumpir el embarazo sin consecuencias legales iba a abrir una grieta en el peronismo, lo que sucedió finalmente es que la grieta resulta mucho más profunda en el Frente Cambiemos. Y es la figura amenazante del Papa Francisco la que agita el viento en medio de la tormenta que atraviesa el oficialismo.

Todo parecía bajo control para Macri hasta que apareció una foto que lo hizo tambalear. La selfie en la que se mostró María Eugenia Vidal junto a un militante antiabortista en la Catedral de La Plata el pasado 9 de julio. La sonrisa gana votos de la gobernadora al lado de un pañuelo celeste conmovió la estructura habitualmente sísmica del Frente Cambiemos. Si el viaje de Vidal a El Vaticano, junto a la ministra macrista Carolina Stanley, ya había alterado algunos ánimos en la Casa Rosada, la foto difundida rápidamente y viralizada en las redes sociales por los sectores anti abortistas cayó como una bomba en el triángulo del poder que conforman Macri, el jefe de gabinete Marcos Peña y el influyente consultor ecuatoriano, Jaime Durán Barba.

La hipótesis en ese territorio está clarísima. Para ellos, el Papa puso en marcha una ofensiva cuyo objetivo final es perjudicar a Macri, a quien Bergoglio considera el primer motor inmóvil de la movida abortista en la Argentina. El Presidente ha dicho en varias ocasiones que está en contra del aborto pero fue él quien impulsó la discusión del proyecto que ya tiene media sanción en Diputados. Y sus últimas expresiones confirman ese camino. Hace una semana, el periodista Ignacio Miri publicó en Clarín algo que nadie podrá desmentir. “Esto es una discusión sobre los derechos de las mujeres a decidir y no sólo sobre una cuestión de salud” es la frase que Macri repite en estas horas. El tema está saldado. No habrá veto si el aborto se convierte en ley el próximo 8 de agosto en el Senado.

La sanción parlamentaria de la despenalización del aborto golpeará como un terremoto en la política argentina y, sobre todo, en el corazón de la coalición oficialista. Por eso, como lo anticipa hoy este diario, crece la tensión por el tratamiento del debate en el Senado y el Gobierno sigue de cerca el proyecto alternativo de tres legisladores cordobeses que proponen una ley de aborto con algunas modificaciones. Un resultado consensuado podría atenuar al menos el grado de confrontación entre los sectores más radicalizados a favor y en contra de la legalización. La vicepresidenta Gabriela Michetti y Federico Pinedo, ambos contrarios a la despenalización, siguen de cerca la evolución de la iniciativa cordobesa. Lo mismo le sucede al peronista Miguel Pichetto, ahora a favor de la ley tras 12 años de silencio anti abortista abrazado a los Kirchner. Y también a los diputados que ya la dieron media sanción en la Cámara Baja. Todos temen el día después, en el que deberán volver a convivir aquellos que estuvieron a un lado y a otro de la grieta.

Es que la discusión por la ley del aborto transita momentos de violencia inusitada, aun entre quienes se conocen de toda la vida y comparten visiones políticas e ideológicas salvo en este punto sensible. Hace una semana, Clarín publicó la discusión que sostuvieron en WhatsApp algunos legisladores de Cambiemos. La vehemente diputada Marcela Campagnoli decía que le daban “asco” sus compañeros de bancada que habían cambiado a último momento el voto del rechazo por el de la aceptación del proyecto. Y la siempre correcta titular de la Comisión de Relaciones Exteriores en Diputados, Cornelia Schmidt Liermann, criticaba a este diario en términos tan ramplones por publicar la información que con sólo leerlos ya debería estar arrepentida. Pasada la ira, debe haberse enterado que la información (una discusión política que nada tiene de cuestiones privadas) fue suministrada al periodismo por sus propios colegas de bancada y con lujo de detalles.

Es entendible la confusión entre los legisladores de Cambiemos porque las señales desde lo más alto del poder son ambivalentes. Macri se encargó personalmente de llamar a Michetti y a Pinedo para tranquilizarlos y decirles que defiendan sin temores su postura antiaborto Del mismo modo que recibió con elogios a la diputada bonaerense Silvia Lospennato, días después de la sesión en la que se convirtió en una suerte de heroína multipartidaria de la despenalización con aquel discurso tembloroso que cerró el debate victorioso en la Cámara Baja.

Detrás de la estrategia del equilibrio que sostiene el Presidente respecto del aborto, están las encuestas y focus groups que cimentaron la fama electoral de Durán Barba. El consultor, que acaba de atravesar un delicado episodio cardíaco, sigue convencido sobre la decadencia de la Iglesia como factor de influencia sobre el pensamiento de los argentinos. Y no tiene dudas acerca del triunfo final de la posición abortista, ahora o en el futuro cercano. “El Papa no nos suma un solo voto”, es la frase que desató un vendaval en los días previos a la elección presidencial de 2015. Y es el motivo por el cual Jorge Bergoglio lo llama, en la intimidad “el diablo”. Ya se sabe. Los jesuitas jamás rehúyen una batalla cuando identifican a quien creen que es su enemigo.

Claro que las cosas se ven diferente cuando se cruza la General Paz y el asfalto brillante del Centro porteño cambia por los pozos y el barro del Conurbano bonaerense. Vidal y también su mentor desde los tiempos del Grupo Sofía, Horacio Rodríguez Larreta, creen que sus triunfos pasados y los desafíos electorales del futuro necesitan de los votos de quienes están a favor y de quienes están en contra del aborto. Y que las parroquias católicas de la Provincia están colmadas cada domingo de ciudadanos a los que no quieren descuidar y menos abandonar. “¿Por qué vamos a entregarle los votos de esa gente al peronismo?”, dice un intendente del Gran Buenos Aires que comprueba cada día cómo la crisis económica se convierte en una barrera para las ambiciones de reelección que atesora el oficialismo.

Macri está de nuevo en campaña electoral. En cuarenta y ocho horas dio una conferencia de prensa, un discurso en la Bolsa de Comercio y jugó 22 minutos al contacto virtual en Instagram. Además del secreto existencial de su preferencia por la galletita Rhodesia antes que la Tita, dejó caer casi al descuido que seguirá en el poder tanto tiempo como el que deseen sus interlocutores de internet. Es decir, sus votantes. Un gambito sutil para poner el postre de la reelección presidencial sobre la mesa. Lo que comprende el Presidente que, además del dólar, la inflación y el mantel del FMI que Christine Lagarde le tenderá este viernes a la hora de la cena, deberá sortear el obstáculo impensado del Papa argentino. Un desafío que se tornará gigantesco si la ley del aborto iguala al país adolescente con aquellos que son el espejo donde preferimos mirarnos.

Fernando González

Visto 287 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…