Viernes, 03 Agosto 2018 00:00

La corrupción encuadernada y las operaciones de manual - Por Jorge Raventos

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El estallido de este escándalo puede servir objetivamente como un sonajero diversionista, pero sería injusto atribuir esa función a una intención oficialista. La sociedad espera que en estas historias de corrupción los malvados sean castigados.

 

"Más allá de esta tormenta o turbulencia, no estoy preocupado, porque este Gobierno va bien y va a ir mejor", declaró unas noches atrás Alejandro Rozitchner, el filósofo de cabecera del Presidente.

Pese a que medita en oficinas de la Casa Rosada y asiste esporádicamente a las reuniones de Gabinete, la visión panglossiana de Rozitchner no necesariamente debe ser atribuida a todo el Gobierno. Sin embargo, el pensador suele reflejar bien las atmósferas que la cúpula del Ejecutivo busca transmitir.

ODA AL ENTUSIASMO (FORZADO)

Los altísimos funcionarios, por caso, se declaran muy satisfechos con su estrategia para calmar la "tormenta cambiaria". Quizás lo hacen para ocultar algunos signos de inquietud.

Por ejemplo: el ministro de Hacienda ("superministro" del área económica), Nicolás Dujovne, decidió modificar la cantidad de dólares oficiales que licita diariamente; la redujo a la mitad. Esa oferta ha sido uno de los instrumentos de aquella estrategia exitosa, pero su uso determinó que, desde la última semana de junio, momento en que ingresaron efectivamente 15.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, hasta el fin del mes de julio se consumiera el 20 por ciento de aquella suma: 3.000 millones de dólares. Una herramienta cara, como se ve. Y escasamente sostenible. Apenas Hacienda decidió administrar más cautamente su alcancía y redujo el monto de sus licitaciones, el dólar volvió a subir.

"Queremos seguir siendo tan entusiastas como al principio", confesó Marcos Peña una semana atrás. Resulta claro que para exhibir el entusiasmo que hasta hace algunos meses le brotaba con cierta espontaneidad, el Gobierno ahora necesita desearlo fervientemente o sobreactuar. Pero, ¿por cuánto tiempo es verosímil hacerlo?

Para abrir una válvula de escape, junto al optimismo profesional (a la Rozitchner) hay voceros empinados del Gobierno que admiten "tiempos difíciles". El propio Presidente se inclina por esta cuerda más franca y reconoce ya, unos días antes de que se difunda la inflación de julio (apenas inferior a 3 por ciento) que la del año será de 30 por ciento.

CUADERNOS Y CONSPIRATIVISMO

A la vista de esos problemas, no faltan malpensados que se asocian a las teorías conspirativas y sostienen que historias como la de los "cuadernos de la corrupción" que acaban de estallar mediáticamente son puros embelecos para distraer a la opinión pública. Se había dicho lo mismo del lanzamiento del proyecto oficial de reforma militar.

Todos los gobiernos, cuando no encuentran soluciones a las demandas sociales más acuciantes, se sienten tentados de usar recursos diversionistas para mantener al público ocupado en otros temas. No siempre esos procedimientos terminan de la mejor manera.

Si la vía libre al debate sobre el aborto constituyó una variedad de esa especie, hoy el Gobierno debe de estar arrepentido. La semana próxima, cuando el Senado se pronuncie (al día de hoy se estima que triunfará el "voto no positivo" y sea rechazado el proyecto que adquirió media sanción en Diputados), es probable que haya agrias manifestaciones de descontento protagonizadas por el activismo propiciador del aborto libre, un sector al que el Ejecutivo -justa o injustamente- fue en la práctica adherido.

Es difícil que de ese colectivo el Gobierno coseche algún tipo de apoyo político-electoral. Es probable, a la inversa, que la ambigüedad exhibida en el tema (apertura del debate, promesa de no vetar una eventual aprobación del aborto legal, compromiso de su ministro de Salud en una posición estrecha que define al tema como "una cuestión de salud pública", en convergencia con el sector favorable a la legalización) le reste simpatía de aquellos que respaldaron el rechazo al aborto, una porción importante de los cuales han sido votantes de Cambiemos. Figuras como la vicepresidente Gabriela Michetti, los senadores Federico Pinedo y Esteban Bullrich y, muy notoriamente, la gobernadora María Eugenia Vidal, son custodios confiables de esos votos.

En cualquier caso, los hechos muestran que la eventual intención distractiva de los gobiernos puede tener resultados inesperados.

EL REVES DE LA TRAMA

Pero, así como en una nota anterior esta página no dio crédito a que la reforma militar pudiera reducirse a un subterfugio de ese tipo, el caso de "los cuadernos de la corrupción" también merece una mirada diferenciada del conspirativismo. La prolija minuciosidad descriptiva del chofer de Roberto Baratta puede tener motivos misteriosos que habrá que elucidar, pero resulta rebuscado imaginar que fuera inducida por el actual oficialismo.

Es el contenido de esas descripciones redactadas durante varios años el que revela la trama de una conspiración: una contra la transparencia de los negocios públicos. La Justicia lo ha considerado tan verosímil como para determinar más de una decena de detenciones (varias de ellas de altos empresarios, del llamado "club de la obra pública" en otros tiempos conocido como "patria contratista").

El estallido de este escándalo puede servir objetivamente como un sonajero diversionista, pero sería injusto atribuir esa función a una intención oficialista. La sociedad tiene otras prioridades (economía, inflación, seguridad, empleo) pero no está en modo alguno desinteresada de las calamidades de la corrupción y los negocios sucios. Más bien espera que esas historias tengan un fin en el que la Justicia actúe con energía y los malvados sean condignamente castigados. Es lógico pues que los medios les presten atención.

Como resultante de este affaire habrá, eso sí, nuevas presiones para que el Senado apruebe la ley de extinción de dominio (destinada a recuperar para el Estado toda clase de activos que integren la riqueza derivada de actividad criminal).

Es probable que Cambiemos quiera hacerle pagar al peronismo el costo de demorar esa norma y también cualquier reticencia que quiera imponer a las medidas de investigación (desafuero incluido) de la ex presidente Cristina de Kirchner­ que reclama el juez Claudio Bonadio. También en tiempos difíciles impera la política.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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