Miércoles, 08 Agosto 2018 00:00

Amado Boudou preso y Ángelo Calcaterra arrepentido importan más que sus excusas - Por Marcos Novaro

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La condena al exvicepresidente es una bocanada de aire fresco. Y por primera vez empresarios poderosos, ligados al Estado por vínculos espurios durante años, están hablando ante la Justicia de pagos ilegales.

 

Es razonable ser prudente en los pronósticos sobre cómo va a seguir la causa de los cuadernos de Centeno. Ya nos desilusionamos varias veces con investigaciones que parecían prometedoras, que dieron incluso lugar a detenciones e imputaciones espectaculares, pero que con el tiempo se desinflaron y quedaron en nada.

La Argentina no tiene una fuerza de investigaciones de la calidad de la policía de Brasil, ni un juez Moro que desde fuera de la red de connivencia entre juzgados, gobiernos y empresas vaya a destapar las ollas de podredumbre sin titubear, ni tampoco una ley del arrepentido suficientemente eficaz. Así que a moderar el optimismo.

Sin embargo, otra cosa es volverse ultra escéptico. La condena de Amado Boudou es una bocanada de aire fresco, doblemente importante en el ambiente enrarecido por la desconfianza en que nos movemos, que merece celebrarse.

Es cierto que al exvicepresidente hace tiempo que le habían soltado la mano desde el peronismo, e incluso desde el kirchnerismo. ¿Hace cuántos años que Cristina ni lo saluda, ni se acuerda de él? Los K hicieron con Amado lo que los menemistas con María Julia: lo entregaron a los leones, a ver si calmaban así su apetito y ellos dejaban de molestar a la gente realmente importante.

Pero el clima de hoy es muy distinto al del ocaso de Menem: ni gobiernan los mismos que habían estado metiendo la mano en la lata en la década anterior, ni rige ya una disciplina estricta en Comodoro Py acorde al sistema de protecciones mutuas.

La otra extraordinaria novedad que no conviene minimizar es lo que se ha conseguido, en poco tiempo, en materia de confesiones empresarias en el caso de los Cuadernos: ninguno de ellos se hubiera acogido a la figura del imputado colaborador de no ser porque se tomaron en serio las acusaciones en su contra. Así, por primera vez, empresarios poderosos, ligados al Estado por vínculos espurios durante años, están hablando de pagos ilegales ante la Justicia.

Ha sido flor de golpe, para empezar, para ese sector privilegiado de la sociedad. Y esperemos que también un ejemplo, y una oportunidad para que en él avance la disposición a cambiar de conductas.

Para que la economía argentina tenga algún futuro, ser empresario debe dejar de asociarse (como sucede hoy para buena parte de la sociedad, y para la propia opinión empresaria) antes que con el curro, con el esfuerzo, la competencia y la innovación. Las cosas están tan mal en este sentido que hoy el sector, según la encuestadora Taquión, es considerado corrupto por el 79,8 % de la opinión, un poco peor que la situación de jueces y sindicalistas.

Muy oportunamente el Foro de la Convergencia hizo su esfuerzo para apuntar en esa dirección. Igual que Macri, el Foro se puso del lado de los que quieren que las cosas cambien, que el capitalismo argentino sea más competitivo y tenga una relación más sana con la democracia. Aunque avanzar por ese camino signifique que algunos colegas la pasen mal. Dado que la primera empresa privada del país, Techint, tiene un exdirectivo detenido, estamos hablando de algo más que daños colaterales: lo del Foro sonó a una invitación a asumir las responsabilidades que a cada uno le toquen.

Angelo Calcaterra pareció decidirse a ir por ese camino cuando disculpó a los directivos de su empresa y confesó: “Yo ordené entregar el dinero”. Nada de empleados descarriados, con los que intentaron disculparse los jefes kirchneristas, y sus seguidores detrás, cuando se descubrieron los bolsos de López.

Aunque también es verdad que lo de Calcaterra vino condimentado de varias excusas, explicaciones de lo sucedido con las que espera que su caso sea tipificado como una falta menor. Y ese intento, de prosperar, también podría disculpar en alguna medida a los funcionarios involucrados.

Si fuera cierto, por un lado, que el dueño de IECSA pagó por presiones, lo extorsionaron y sus únicas faltas habrían sido “corrupción pasiva” y que no habló antes de lo sucedido. Y por el otro, también fuera cierto, que el dinero que entregó se destinó a campañas políticas; su delito sería sólo financiamiento ilegal, como mucho dádivas. Nada demasiado grave: prescriben rápido y no suponen penas de cumplimiento efectivo, tal vez con una multa zafa.

Y tampoco nada demasiado grave para los Baratta, Lazarte y De Vido: ellos recaudaban para pagar carteles y colectivos, como mucho habrían cometido desprolijidades al recaudar entre las empresas contratistas, pero podrían alegar que no fueron mucho más graves que las que se atribuyen a Vidal en la última elección.

El problema para todos ellos es que, una vez que confiesan las entregas de dinero, por las características que ellas tuvieron y estar documentadas en los cuadernos, todas esas excusas se desmoronan.

Los pagos se hicieron tanto dentro como fuera de períodos electorales, en forma regular. Si el juzgado logra probar que coincidían con adelantos de obra realizados desde el Tesoro, y encuentra además conexión entre esos pagos y sobreprecios en los presupuestos convenidos, entonces la fábula del empresario extorsionado se desarma en un santiamén.

¿Hay alguna chance de que Bonadío, Stornelli y Rívolo, el segundo fiscal de la causa, no sigan ese camino? Sería muy difícil entender que hayan llegado hasta aquí para virar en redondo y desarmar su propio argumento: recordemos que lo que investigan es, ni más ni menos, una asociación ilícita. Pero además sería seguramente inefectivo que lo intentaran: serviría solo para que se incineraran, porque en la Cámara, que va a revisar y controlar sus pasos, no hay mayoría posible para una vía de escape como esa.

Hay quienes dicen que haber soltado a Calcaterra tan rápido fue un error, o peor, fue un anticipo de que se va a abrir esa vía de escape, al menos para los que pagaron las coimas. Pero es más razonable pensar que se trata de un modo de estimular al resto de esos implicados a seguir el ejemplo de los arrepentidos. Si después de hablar estos hubieran seguido presos, ¿por qué los que todavía no han confesado iban a sentirse estimulados a imitarlos? La gran ventaja de tener a esta gente a tiro de una preventiva es que saben que el costo tanto personal como para sus empresas puede elevarse de un momento a otro si incumplen sus compromisos. Que así como entraron salgan de prisión no es señal de que el proceso no avanza, sino de que les toca el papel de ratones en un juego que por ahora controlan los gatos.

Marcos Novaro

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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