Jueves, 09 Agosto 2018 00:00

La Argentina revuelta - Por Mauricio Maronna

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La política argentina es un río revuelto. Y a río revuelto, ganancia de pescador. Pero el pescador recién aparecerá en 2019. Hoy, no está.

 

El escandaloso caso de los cuadernos empieza a poner patas para arriba a los que hasta aquí, parecían personajes mudos de las recurrentes causas de corrupción. Que vienen desde lejos, y que estaban amparados por las corporaciones empresaria y judicial.

Empresario que se arrepiente, empresario que queda libre. Eso es tan verdadero, como que, por primera vez, una investigación periodística, derivada en expediente judicial pone contra las cuerdas a 18 hombres del mundo empresario.

No hay que subestimar el alcance de las pesquisas: hasta un ex hombre fuerte de Techint, el grupo empresario más poderoso del país, fue alcanzado por el escándalo. Y Angelo Calcaterra, el primo hermano del presidente de la Nación, debió autoincriminarse para pasar unas semanas en libertad.

Claramente, todos están lo suficientemente dateados como para acusar a la política de todos sus males. De pronto, estos empresarios que fueron liberados dijeron que los pagos ilegales los hicieron para aportar en las campañas del kirchnerismo. Intentan, por esa vía, ser juzgados por medio de alguna ley jurídica-electoral, una ganga frente a lo que verdaderamente han hecho: pagar coimas. Para eso, deberían estar encarpetados bajo la figura del "cohecho".

De la forma más inesperada, el cuardenogate, parece haber puesto en riesgo la tranquilidad ambulatoria del eternamente cuestionado Norberto Oyarbide, quien ayer también pareció autoincriminarse al decir que lo "apretaban del cogote para sacar las causas kirchneristas". Una mirada retrospectiva indica que las sacó a todas.

Pero Oyarbide no es el único ni será el último. Con su hoy juzgador, Claudio Bonadio, eran los dos magistrados más cuestionados en Comodoro Py. "Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano", canta Serrat.

Entre el escandaloso cuadernogate, la detención de Amado Boudou y episodios judiciales colaterales, se perdió un poco el pulso en la previa del debate por el aborto, que el Senado mandaba al arcón de los recuerdos, al escribirse esta columna. Se sabrá si lo que viene es un proyecto parecido al que intentó presentar Omar Perotti o la cuestión queda archivada.

Hasta 2020, mínimo, no habrá cambios en la composición del Congreso. Y, en el Senado, muchos de los electos el año próximo serán tanto o más conservadores que los que están. La Iglesia, sea cual fuere su orientación, no cambiará de posición. Al menos en lo germinal.

"La política debería seguir buscando un corpus legal para considerar al aborto como una cuestión de salud pública"

El muchas veces intolerable nivel de los discursos demuestra lo lejos que está el Senado de representar una Cámara "honorable", al menos desde el porte intelectual y cultural. La primera que dio pena (otra vez y van...) fue la presidenta del cuerpo, Gabriela Michetti, quien insultó al radical Luis Naidenoff.

Ahora bien, entre la difusión de la corrupción proveniente de la obra pública, la detención del ex vicepresidente Boudou y el voto del Senado, lo que quedó mediáticamente reducido a la nada fue la derivación del tema económico, que está peor que nunca y que nadie sabe cuándo cambiará.

Aunque la mejor manera de tapar un elefante es rodearlo de muchos elefantes, esa táctica tiene vencimiento prematuro. Y más cuando lo que se quiere tapar es la realidad del bolsillo. No hay forma. Se puede asistir a un relajamiento de las prioridades cotidianas, pero al otro día hay que pagar los impuestos.

Esta agitación no arroja ni una sola buena noticia, más allá del proceso judicial que encabeza Bonadio. Sin embargo, pese a que todas las luces están encendidas, enfocando a los malos de siempre, en todas las encuestas son más los que creen que "no va a pasar nada" que los que consideran que el cuadernogate es un símil del lava Jato.

Hay que reparar en una cuestión. En Brasil, el costo de las investigaciones por corrupción fueron en paralelo a la caída de la economía, y la flor que parece salir del pantano es negra. En las encuestas, asoma con mayor chance de ganar un postulante de extrema derecha.

En Argentina, la clase política deberá extremar los recursos para estar a la altura de las circunstancias y apoyar la lucha contra la corrupción. El gobierno, a su vez, debería darle un respiro a la sociedad, cansada de ajustes sobre los ajustes. Cada día más, empieza a brotar el "son todos iguales", frente a aquel privilegio que tenía Cambiemos, que llegaba con el nylon puesto. Ese nylon ya no está, y el producto no huele a nuevo, como al principio. Ahí nomás, en diciembre de 2015.

Queda una sola consigna para el mientras tanto: gobierno y políticos, a las cosas.

Mauricio Maronna
Twitter:@MauricioMaronna
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