Jueves, 09 Agosto 2018 00:00

Oyarbide da vuelta el cogote - Por Ricardo Roa

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Volvió a Comodoro Py pero a declarar. Sirvió como nadie a los K. Ahora los amenaza.

 

Si hay un juez que fue funcional al kirchnerismo como ninguno de todos los jueces que fueron funcionales al kirchnerismo ese juez es Oyarbide. Estaba tan asociado al poder que apenas el kirchnerismo perdió el poder tuvo que irse. Ha vuelto del modo más impensado para meter en problemas o amenazar meter en problemas al kirchnerismo.

Reapareció en la red de coimas que desnudan los cuadernos del chofer escribiente Centeno. Allí se cuentan reuniones con De Vido y con su secretario Baratta: recibió varias veces plata y otras veces entregó documentos judiciales. Por esto fue citado por el juez y por el fiscal. Y ¿qué les dijo a ellos Oyarbide? Que hubo “personas que me apretaron el cogote para que sacara la causa de los Kirchner”.

A los periodistas Oyarbide les dijo que irá “acercando... todas las pruebas para que tome fundamento mi palabra”. O sea: cómo le apretaron el cogote. ¿Será verdad que está dispuesto a hacer eso? Sabe mejor que nadie que meter en problemas a los que ayudó del modo en que los ayudó puede significar meterse él mismo en problemas.

A menos que crea que también puede ayudarlo a resolver algunos de los problemas que ya tiene en la Justicia: la Unidad de Información Financiera que investiga el lavado de dinero descubrió una trama de empresas fantasmas y cuevas financieras relacionadas con su novio Claudio Blanco, un árbitro entrerriano de básquet infantil con un tan meteórico como injustificable enriquecimiento.

La causa está en manos de Sergio Torres, de perfil bajo y único juez que coló el radicalismo en la Alianza. Nadie espera que frene la investigación. El fiscal es mucho menos transparente: Jorge Di Lello, compañero de ruta de los Kirchner y a quien le gusta presentarse a sí mismo como un perseguido de la dictadura.

Oyarbide es un personaje extravagante que se produce todos los días como un modelo y que toda su vida como juez fue un modelo del servicio al poder. Siempre le caían por sorteo las causas de corrupción que más preocupaban al kirchnerismo y nadie o muy pocos creen que fue por azar.

Número puesto en todos los castings, fue muy rápido o fue muy lento según conviniera. En tiempo récord absolvió de manera vergonzosa al matrimonio Kirchner por enriquecimiento ilícito y frenó por años el caso Skanska, la primera historia conocida de corrupción kirchnerista.

La empresa sueca admitió que pagó sobornos y aun así Oyarbide absolvió a todos los acusados. También durmió el expediente de la estafa de la Fundación de las Madres en la que millones del patrimonio público fueron a los bolsillos de funcionarios y los Schoklender. Seis veces prorrogó el secreto de sumario para que el escándalo quedara en la nada.

Por los medicamentos truchos mandó preso enseguida al gremialista Zanola y tardó meses en procesar al funcionario y recaudador K Cappacioli. A pedido de Zannini paró el allanamiento de Propyme, una cueva financiera del kirchnerista Guillermo Greppi.

Coleccionó cuestionamientos como ningún otro juez y así como el menemismo que lo designó le evitó el juicio político, el kirchnerismo lo defendió a capa y espada y volteó otros quince pedidos en la Magistratura.

Renunciado en abril del 2016, acaba diciendo que lo tenían apretado por el cogote. El kirchnerismo dejó una bomba económica para los demás. Pero se olvidó de apagar la propia de la corrupción que se dejó adentro, sorprendido por la derrota electoral.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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