Viernes, 10 Agosto 2018 00:00

Explicar que no todos son lo mismo también da votos - Por Eugenio Paillet

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Antes de subirse al avión para una visita de algunas horas a Colombia, donde asistió a la asunción del nuevo presidente Iván Duque, Mauricio Macri dejó una instrucción precisa que por estas horas canaliza Marco Peña. Se trata de organizar uno más de los famosos timbreos de Pro que se realizará el próximo sábado por barriadas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

 

La estrategia, muy puntual, no pasa por machacar delante de los vecinos con el discurso según el cual la economía familiar está en problemas como consecuencia de la tormenta externa e interna que soporta el gobierno desde hace cuatro meses, pero que ha empezado a mostrar signos de que los peores nubarrones han pasado y quedan algunos remezones menores antes de retomar aquel camino de la esperanza y el crecimiento que formó parte del mensaje de Cambiemos de estos dos largos años.

El timbreo de este fin de semana tendrá un objetivo concreto, y para los autores de la idea de un eventual resultado no menor, atado al escándalo de los cuadernos de las coimas: remarcar ante los vecinos que no todos los políticos son iguales frente al desastroso sistema de la corrupción estatal que impide que haya más hospitales, más escuelas o centros de salud, por citar tres faltantes de todo gobierno.

Será ese casa por casa, dicen las fuentes gubernamentales, la reafirmación del slogan "no todos somos lo mismo" que patentó desde el comienzo el Jefe de Gabinete, por ejemplo cada vez que era chicaneado por la oposición kirchnerista durante sus habituales informes en la Cámara de Diputados.

En épocas de vacas flacas en materia de adhesión ciudadana al gobierno y de caída de la imagen presidencial, aunque al parecer atenuada desde que se frenó la escalada del dólar y en franca recuperación de acuerdo a varias encuestas, el mensaje que ordenó difundir Macri es bien directo: explicar que no toda la clase política es corrupta. Insistir en que el escándalo de los pagos de coimas o retornos de empresarios de la construcción a funcionarios gubernamentales es un pecado de la era kirchnerista. Y que además los jueces y fiscales ahora pueden investigar y eventualmente condenar porque no hay presiones ni operadores del Poder Ejecutivo haciendo lobby en los despachos de los tribunales de Comodoro Py.

Seguramente los funcionarios que salgan el sábado a tocar timbres, entre ellos aunque la lista no está cerrada el propio Peña, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, y está por confirmarse si participará el propio Macri, además de ministros y secretarios de los gobiernos nacional, provincial y de la ciudad, buscarán impactar entre los vecinos, a la postre votantes en las elecciones presidenciales del año que viene, con un mensaje que tiene dos o tres componentes firmes, que pretenden hacer carne en la conciencia de esos interlocutores entre los que se encuentran muchos de los "desencantados" con el gobierno.

Todos ellos dirán por caso que frente a la difusión de la denuncia sobre aportantes truchos en la campaña de Vidal en 2015, la gobernadora inmediatamente puso el tema en manos de la Justicia y además echó del cargo a la entonces titular de la Contaduría General de la Provincia, Fernanda Inza, que había sido la encargada de recaudar fondos como tesorera de Pro.

También resaltarán que como consecuencia de los controles que el gobierno impuso sobre el sistema de las contrataciones de obra pública desde que Macri llegó a la Casa Rosada los costos finales de las obras se redujeron en un 15/20 %, precisamente en alusión a que desde ese momento se dejaron de pagar retornos o coimas que hoy investiga el juez Bonadío como parte del entramado de corrupción del kirchnerismo.

Y la frutilla del postre, que los que salgan a timbrear el sábado esperan que produzca un verdadero impacto en el vecindario-electorado, fue la actitud del presidente Macri ante la decisión de su primo hermano, Ángelo Calcaterra, extitular de la empresa Iecsa y una de las principales contratantes de obras públicas durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, de presentarse espontáneamente ante el juez para declarar como "colaborador imputado" y aceptar que aporto fondos destinados a la campaña electoral del kirchnerismo, aunque lo hizo "presionado" por Roberto Baratta, el número dos de Julio de Vido, so pena de perder los contratos que la empresa que originalmente fue de Franco Macri tenía con el Estado. "Me duele porque le tengo mucho afecto, pero esto es el cambio", dijo Macri. Una frase que llenará los oídos de quienes les abran las puertas a los timbreadores.

"Tenemos que salir a decirle a la gente que no todos somos lo mismo, porque creemos que esa diferenciación también nos asegura el voto de los ciudadanos", terminó de destapar sin miramientos la estrategia un funcionario de la Jefatura de Gabinete.

Eugenio Paillet

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