Viernes, 31 Agosto 2018 00:00

Salir de la locura - Por Carlos Mira

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Da nada sirve decir “se los dije”. Cuando el agua le llega a uno al cuello, todo ese tipo de “reverberancias” ya no aportan ninguna solución. Pero lo que ocurre es que el gobierno, por sus principales figuras es el que está diciendo: “me lo dijiste”.

 

Haber mentido en el instante de mayor poder de Cambiemos, en ese momento mágico en donde los gobiernos gozan del apoyo y de la simpatía de la mayoría por haber ganado las elecciones, no tiene perdón de Dios. Lo dijimos hasta el hartazgo: digan lo que recibieron y, por supuesto, al lado de eso -para que no nos caigamos todos muertos- digan lo que tienen pensado hacer para solucionarlo, aunque la solución (como siempre) incluya enormes sacrificios para todos. Pero todo explicado; en detalle, con rigor científico y a la vez con sencillez comunicacional, para que todos lo entendamos; tanto el desastre como la solución propuesta.

No lo hicieron. Dejaron pasar la oportunidad, apostando a unas “ondas de amor y paz” que los primeros que deberían saber que los mal nacidos derrotados no les concederían, deberían haber sido ellos mismos.

Ahora, cuando el gobierno intenta retrotraer la explicación al 10 de diciembre de 2015, todo el mundo se les ríe en la cara. ¿Quién fue la lumbrera a la que se le ocurrió mandar al presidente a hablar un minuto cuarenta segundos por las redes sociales para anunciar que el Fondo nos iba a dar más plata? ¿Quién está suficientemente loco como para hacer eso, cómo para jugar con fuego de esa manera?

La respuesta del mercado dejó muy golpeado al presidente. Casi al borde del papelón. Los genios de la comunicación, Peña y el Dr. “Carmela” (Duran Barba), deberían renunciar ya mismo. Creen que jugando con Facebook e Instagram se puede gobernar un país como la Argentina. Están literalmente chiflados.

La Argentina es un país acostumbrado a los rebenques. Esta mal que así sea, pero esa es la realidad. Si no hay un buen par de rebencazos dados en el momento justo aparecen los operadores del default, desde Duhalde hasta los Kirchner. Y esos operadores tienen dinero. Eso no les falta. Llegaron a mover el amperímetro de la cotización local del Euro años pasados, a tal punto que la Embajada norteamericana la previno a la entonces presidente Fernández, lo que le permitió a ella darse cuenta de que le estaban llevando la “de ella…”

De modo que el gobierno necesita dar una señal fortísima de que está en control de la situación. Y muchas veces eso se logra dando un golpe de efecto grande, inesperado.

Por ejemplo, cuando todo el mundo cree que el presidente no cambiará nada, cambiar todo: reducir los ministerios, rajar ministros, llamar gente nueva, bajar los impuestos, mandar un proyecto profundo de reforma laboral y fiscal, unificar la gestión económica y mostrar la plata, dejar de hablar de pedir y mostrarla; con los hechos consumados, no con el “vamos a hacer”.

La paranoia generalizada es muy común en la Argentina y hay que saber cortarla. La sociedad también debería saber que hay unos cuantos vivos que haciéndose los boludos ganan fortunas en un par de pases. La gente no debe dejarse llevar por las “operaciones”.

Pero no hay dudas de que en las presentes circunstancias es el gobierno el que debe dar los primeros pasos. Es el gobierno el que tiene la responsabilidad de la conducción. Y hay gente muy apta para hacerlo, si logra desembarazarse de otros que habiendo cumplido un ciclo ya no están en condiciones de continuar.

El jefe de gabinete debería hacerle un servicio a su presidente y retirarse. Ha sido un funcionario fiel y que seguramente creyó estar haciendo lo mejor por el país y por el gobierno que integra, pero en esta función ha fallado. Fue el artífice del “no contemos nada” y ahora es el adalid de “la herencia recibida”. Para todo hay un momento Peña, para saber irse también, como Manu Ginobili lo demostró antes de ayer.

Los subjefes de gabinete, Quintana y Lopetegui, también están muy desgastados. El doble comando se ha mostrado como manifiestamente ineficiente para un país como la Argentina: la sociedad no concibe la idea de un dueño doble de los rebenques, siempre concibió uno.

El presidente ha malgastado dos oportunidades democráticas, a falta de una: la de diciembre de 2015 y la de octubre de 2017. Es como si no se hubiera creído que ganó, actúa como si constantemente necesitara revalidar sus títulos.

Es posible que la sociedad, respecto del peronismo, requiera inconscientemente que se lo doblegue una cantidad interminable de veces para terminar de creer que realmente perdió. Pero una cosa es lo que la sociedad puede demandar y otra es la responsabilidad de un gobierno democráticamente elegido. Pensar diferente sería un directo desafío a la propia democracia.

Todo esto es tan vertiginoso que probablemente cuando llegue a sus ojos ya sea viejo. Quizás haya que empezar a ponerle hora a los artículos que uno escribe. Esto fue escrito a las 12:57 del jueves 30 de agosto. Ese es otro síntoma de la locura de la que debemos salir cuanto antes.

Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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