Martes, 04 Septiembre 2018 00:00

Déficit político en las horas críticas - Por Eduardo van der Kooy

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El Presidente Macri resolvió un drástico encogimiento ministerial sin tocar un hombre. Y el compactado tampoco garantiza eficacia.

 

La maniobra urdida desprolijamente por Mauricio Macri durante el fin de semana para colocarse por una vez delante de la crisis que lo desvela desde fines de abril, podría estar persiguiendo tres metas. Primero: brindar otra señal a los mercados sobre su voluntad de reducir el gasto para cumplir con las pautas del déficit fiscal acordado con el FMI. Segundo: pretender, en simultáneo, un impacto político en la misma dirección con la remodelación del gabinete. Tercero: mejorar la gestión de su equipo que supo enmascararse en los tiempos del agradable gradualismo. La crisis terminó por arrancar todas las caretas.

No quedan dudas que la reducción del déficit obsesiona al Presidente. Pareciera hoy por hoy su único norte, sin otro anclaje económico global. De otra forma resultaría difícil explicar ciertas decisiones anunciadas por el ministro de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne, que implican desandar los hechos y mensajes pregonados durante dos años y medios de gestión. No sólo se repondrán las retenciones al agro: también en la práctica a casi todos los sectores ligados a la exportación. La imposibilidad de un mayor ajuste se intentará compensar con recaudación más abundante. Ninguna novedad dentro de los últimos 70 años, por lo menos, de la historia argentina.

La incertidumbre, sin embargo, continuaría envolviendo las otras metas. Un gabinete compactado, como definió el Presidente en su mensaje de ayer, no garantiza necesariamente eficacia. Puede que despeje un exceso de burocratización que siempre exhibió el sistema original de Macri con 22 ministerios. E infinidad de superposiciones. Ahora quedan once. Con seguridad el achicamiento insumirá menos recursos. Pero la austeridad imprescindible no posee un vínculo infalible con la pericia política.

Allí podría descubrirse recurrentemente el Talón de Aquiles del Gobierno. Quedan muchas dudas sobre los verdaderos efectos que tendrán los cambios de gabinete. En especial, como señal política que logre robustecer aquel esfuerzo por contentar a los mercados. Hubo un problema tóxico que merodeó la residencia de Olivos el fin de semana: el procedimiento que se utilizó para realizar una cirugía ministerial tan profunda como desmañada.

Quizás para comprenderlo habría que reparar en el punto de partida. Hasta el viernes pasado a la tarde ni Macri ni Marcos Peña, el jefe de Gabinete, tenían el convencimiento de detonar cambios profundos. El primero lo deslizó en conversaciones reservadas. Su mano derecha lo hizo público. Al hablar en jornadas organizadas por el Colegio de Abogados afirmó aquel mismo día que “todos somos prescindibles. Pero el Presidente hoy no lo piensa”.

¿Por qué razón en 24 horas se tomó otra dirección?. A raíz de la extensa reunión que Macri mantuvo el sábado a la mañana con María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. La gobernadora de Buenos Aires y el jefe porteño machacaron con la necesidad de emitir señales. De conectar con la demanda colectiva. El Presidente, entonces, interrogó a Peña acerca de en qué punto se encontraba el nuevo diagrama ministerial.

El domingo se convirtió en día frenético que pareció dar curso a las peticiones de Vidal y Rodríguez Larreta. Las puertas del macrismo encapsulado se abrieron de tal modo que aún algunos olvidados resultaron convocados. Los radicales en pleno llegaron a Olivos como no había ocurrido en ninguna circunstancia desde el 2015. Emilio Monzó, el jefe de la Cámara de Diputados, fue sacado de su domicilio repentinamente, donde desde el viernes al atardecer, después de dejar el Congreso, se había dedicado a jugar con su hija menor.

La velocidad del cambio de rumbo pudo incidir en la ausencia de una conducción política de las horas críticas. De un timón sereno. Macri siguió los acontecimientos desde su casa de fin de semana bonaerense, Los Abrojos. Recién fue a Olivos por la noche. Elisa Carrió prefirió actuar a través de las redes sociales porque en “la residencia sólo se hablan pavadas y no se decide nada”. Una curiosa manera de ponderar el funcionamiento de Cambiemos en plena crisis. Lo cierto fue que en el tránsito de esas horas se pudieron verificar desmanejos serios.

El primero de ellos fue colocar en duda la continuidad de Dujovne. El ministro que está encargado de cerrar de nuevo el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para que el organismo libere anticipadamente fondos a fin de ahuyentar los fantasmas del default en los mercados. Dujovne anunció ayer las nuevas medidas económicas. Y viaja a Washington. Pero en el medio estuvo la marea de rumores sobre su posible reemplazo por Carlos Melconian. Cuando Macri fue a Olivos el domingo a la noche dijo delante de varios asistentes una frase que sorprendió: “Lagarde (Christine) está muy contenta con la continuidad de Dujovne”. Había hablado un rato antes con la mujer, directora del FMI. ¿Estuvo ajeno el Presidente al rumoreo que enloqueció a Dujovne?

Algo similar sucedió con el supuesto retorno de Alfonso Prat Gay. Ahora a la cancillería. Un cargo que siempre deseó, incluso antes de aceptar por un año el ministerio de Hacienda con Macri. Nadie se hace cargo en el Gobierno del sondeo al ex ministro. Pero formó parte de extenuantes negociaciones con el radicalismo. Que consideró prudente enfocarse antes en las medidas económicas que en un reparto de cargos algo caótico. Porque, como quedó a la vista, el Presidente resolvió un drástico encogimiento ministerial sin tocar un hombre. En contra de versiones que indicaban la salida de tres o cuatro. Apenas aceptó la renuncia de Mario Quintana, uno de los ministros coordinadores. Desgastado como un maratonista después de correr 42 km. Gustavo Lopetegui se mantendrá como asesor formal. Andrés Ibarra, el ex ministro de Modernización, será el segundo de Peña. Aplazará su vocación por reemplazar a Daniel Angelici en Boca.

Las idas y vueltas con Prat Gay tampoco habrían beneficiado al canciller que sigue en funciones, Jorge Faurie. Encargado todavía de llevar adelante la cumbre presidencial del G20 prevista para fines de noviembre. Por esa misma razón, Ernesto Sanz rehusó regresar al gabinete cuando le sugirieron hacerlo en reemplazo de Oscar Aguad, su correligionario. Demasiada falta de muñeca. El mendocino radical sigue sin voluntad de ocupar cargos. Repite aquello que dijo en el 2015. Haber imaginado un hipotético regreso en el ministerio de Defensa denotaría desconocimiento de los hombres del poder. O, tal vez, devoción por la ficción.

El Presidente, en su discurso de ayer, aceptó definitivamente que el gradualismo fracasó. Resultó bastante menos enfático con las dificultades que representó la horizontalidad de su gabinete. Las modificaciones no aseguran que desaparecerán. Tampoco aludió al sistema de toma de decisiones que también tuvo que ver con el pico presente de la crisis. Los manejos de las últimas semanas para tranquilizar a los mercados –en especial las fallidas intervenciones de Macri y de Peña—abrieron una brecha, que no implica riesgo de ruptura, dentro del macrismo. Vidal, Rodríguez Larreta y Rogelio Frigerio quedaron de un lado. El mandatario y su entorno cotidiano del otro. Además potenció la distancia entre Dujovne y Luis Caputo, el titular del Banco Central. Habrá que seguir los pasos de ese tándem.

Macri colocó al Presupuesto 2019 como el próximo hito político a conseguir. Los radicales y la Coalición están en esa tarea. También Frigerio y Monzó. El titular de Interior recibe hoy a 19 ministros de economía provinciales. Pero las condiciones han variado. Porque la oposición, incluso el peronismo dialoguista, descubre a un Gobierno golpeado. Muchas veces sin sintonía interior para negociar con ellos. Aunque siempre descubren un férreo límite desde el otro costado: la intransigencia de Cristina Fernández.

El Presidente sostuvo que la presente debe ser la última crisis de las tantas que acostumbra a vivir la Argentina. Como expresión de deseo vale. Pero hacerlo realidad implicará más que una remodelación del gabinete y un ajuste. La misma exigencia, multiplicada, podrá aplicarse al proyecto de reelección de Macri.

Eduardo van der Kooy
Ilustración: Sábat

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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