Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00

Cuando la comunicación se convierte en un problema político - Por Carlos Fara

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Un importante fondo de inversión dice que la última crisis se produjo por una falla en la comunicación del gobierno. El FMI le reclama al Banco Central que mejore la comunicación de su política monetaria. Los operados financieros creen que el gobierno no comunica bien sus metas.

 

En el círculo rojo ya es un lugar común pensar que existe una fuerte falla en la comunicación. Los socios políticos dentro de Cambiemos le reclaman hace mucho sobre los problemas de comunicación (caso submarino, caso reforma previsional). Los colegas consultores creen que la comunicación en las crisis ha sido fuertemente deficiente. Y como si esto fuera poco, los ciudadanos en los focus hablan de “falla en la comunicación de las medidas”. Una tormenta perfecta.

Cuenta la historia que Mitre le dijo a Roca en 1901 “cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón”, cuando el segundo, por entonces presidente, quería tomar una medida de reunificación de deudas, en teoría muy positiva, que no gozaba de adhesión popular. Algo semejante se puede aplicar a la evaluación de la comunicación del gobierno. Puede ser la administración Macri sea genial comunicando… pero nadie lo cree. Y tampoco los votantes!

El gobierno tomó nota, no se quedó cruzado de brazos. Acaba de hacer un giro importante al decidir que todos los ministros son voceros, mientras que el cerebro comunicacional (Peña) da un paso atrás en este sentido. Esto era algo que se lo venía reclamando el ala política de la coalición oficialista, indicando que a la gestión le hacían falta voceros de peso que salgan a dar la batalla mediática, poniéndole el pecho a las balas.

Por qué no lo hacía el gobierno? Porque no creía en eso. Para el tándem comunicacional a la gente no le interesa la política, la gran mayoría no ve programas políticos, no lee las columnas de los analistas, etc. Todo eso es verdad… pero la formación de la opinión pública es un proceso más complejo, no es una simple lógica de “me gusta – me encanta – me sorprende – me entristece – me enoja”, como ofrece Facebook.

Cuando se produce una situación que afecta “el primer metro cuadrado” (concepto inspirador de Peña – Durán Barba) + sistema de valores previo del ciudadano + interpretación de la realidad coincidente con otros allegados (vecinos, amigos, familiares, etc.), se quiebra la idea de “no me interesa la política”. Porque ahí es donde empiezan a operar la conjunción de “indicios concordantes”, como dicen los penalistas.

Por supuesto que echarle la culpa permanentemente a la comunicación también es un error, ya que sería atribuirle un poder mágico y sanador, excluyente del tipo de decisiones que se toman (y que dicen más cosas y más potentes que cualquier conferencia de prensa oficial o estrategia hábil en redes).

Volviendo al giro que pegó el gobierno, está claro que mandar a los medios a programas donde se debate solo a legisladores está bien, pero no alcanza. Existe siempre un escenario de batallas mediáticas a las que se les debe prestar atención porque alimenta “la conversación” con los ciudadanos.

Para concluir: solo a alguien muy creativo se le puede ocurrir que el presidente no hable de la desaparición del submarino “porque es un tema militar”, o que no tiene sentido hablar de la reforma previsional “porque los estudios dicen que el tema no está en la gente”. Para la opinión pública, el affaire ARA San Juan son 44 argentinos desaparecidos en el medio del mar, y la reforma previsional es jugar con la vida de nuestros mayores. Demasiado delicado para el rol de aprendiz de brujo.

Carlos Fara

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