Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00

La difícil lucha del Gobierno para que la codicia venza al miedo - Por Fernando Laborda

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Una palabra es repetida una y otra vez por funcionarios macristas para caracterizar al Presidente en estos tiempos plagados de turbulencias financieras: templanza.

 

Como si fuera un relato guionado, intentan explicar ante quien quiera oírlos que a Mauricio Macri le sobra templanza tanto en las buenas como en las malas y cuando hay que ponerse al frente de los problemas y resolverlos. No sería necesaria tal aclaración si no surgiesen dudas sobre la capacidad de liderazgo presidencial en el llamado "círculo rojo", en especial tras aquel fallido mensaje del 29 de agosto, en el cual, durante poco más de un minuto y medio, el primer mandatario buscó vanamente llevar tranquilidad a los mercados con el anuncio de otro acuerdo con el FMI que aún no se había producido.

"Tenemos al mejor piloto de tormentas", repiten al unísono funcionarios como Rogelio Frigerio. El mejor argumento que esgrimen es que nunca en la historia reciente un gobierno argentino recibió tantas muestras explícitas de apoyo internacional como en estos tiempos de Macri. Y tratan de sorprender al mundo afirmando que la pregonada eliminación del déficit fiscal primario para el año próximo es una verdadera revolución para un país que ha vivido con desequilibrios en sus cuentas públicas durante los últimos 70 años, con excepción de pequeños intervalos.

Confían los funcionarios y algunos empresarios en que, como otras veces, la codicia vuelva a vencer más temprano que tarde al miedo, a pocos días de que el pánico se adueñara del mercado cambiario argentino. Puede ser una esperanza fundada, sobre todo si se advierte que ya hay algunos inversores extranjeros y locales a la caza de oportunidades. Y no deja de ser cierto que algunos de ellos podrían apostar a ganar mucho dinero con tasas del 60% anual en pesos cubriéndose con operaciones de dólar a futuro, o bien adquiriendo bonos argentinos con vencimiento en 2046 que permitirían obtener dólares a poco más de 7 pesos o a unos 16 pesos con vencimiento en 2033.

El problema es que muchas de esas oportunidades no dejan de ser inversiones especulativas, capaces de derrumbarse si arrecian las dudas sobre el nivel de solvencia del país a mediano plazo, en función de que la deuda pública ronda hoy el 80% del PBI.

Los mercados esperan con ansiedad la confirmación del acuerdo con el FMI y este organismo aguarda la sanción del presupuesto 2019, que sería una señal de previsibilidad y de gobernabilidad. Claro que también están los desconfiados de siempre -y que no por eso dejan de tener muchas veces la razón-; esos que no se conforman con señales ni con que el Gobierno pueda comprar calma hasta las elecciones de 2019 con buenas noticias desde Washington. Para ellos no basta con metas, que siempre pueden ser cambiadas: quieren una clara hoja de ruta.

Fernando Laborda

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