Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00

La pulseada por el presupuesto expone las fallas del sistema político - Por Sergio Berensztein

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El hiperpresidencialismo es también nefasto cuando permite la reasignación de partidas y redefine casi unilateralmente las metas aprobadas por el Congreso

 

La gran crisis cambiaria hizo emerger un Macri inesperadamente autocrítico. Modificó el método de toma de decisiones vigente desde el inicio de su gestión, reestructuró y redujo a la mitad su gabinete y opacó la figura de Marcos Peña, que resistió durísimos embates desde el corazón de su propia coalición (y no solo del denostado círculo rojo). Estos cambios se completaron con un rediseño de la estrategia comunicacional: ahora los ministros son también voceros y están a disposición permanente de los medios masivos tradicionales, hasta hace poco prácticamente ignorados por los estrategas del oficialismo.

El foco de la política económica del Gobierno también mutó de manera tajante: cuando falta un año para el próximo proceso electoral, el ajuste fiscal no puede ser postergado otra vez. La metáfora de la tormenta perfecta, sostenida desde fines de abril, se desvaneció en el momento en que el Presidente abandonó el barco del gradualismo para satisfacer al mercado y frenar la corrida. El paquete se enfoca más en el cobro de impuestos que en la reducción de gastos, los cuales apuntan a la obra pública e ignoran la reducción del personal. Este Macri más flexible hasta se vio obligado a resignar algunas de sus máximas prioridades. ¿Adónde quedaron aquellos planes de pavimentar el camino al éxito electoral, sobre todo en el inasible conurbano bonaerense, mostrando eficiencia en proyectos de infraestructura que mejorarían la calidad de vida de la gente? El objetivo primordial, reconocido públicamente, consiste ahora en evitar los saqueos. Nuestra experiencia histórica sugiere que el juego perverso que produce un sistema político personalista, desestructurado e incierto a menudo se convierte en binario: de ganar cómodos a evitar la goleada.

Los cambios implementados por el Gobierno no parecen ser suficientes para la siempre sonriente señora Lagarde, que reclamó esta semana un plan económico más sistemático que incluya una política monetaria consistente y criterios de sustentabilidad claros en cuanto a la deuda soberana (con la megadevaluación, el ratio de la deuda en relación con el producto genera una entendible inquietud).

¿Habrá sido una concesión a los técnicos del Fondo, acotados en su margen de acción ante el contundente apoyo que obtuvo el país por parte de Donald Trump? Macri es consciente de que la crisis de confianza está lejos de haberse mitigado y que no depende solamente de su voluntad de asumir el costo del ajuste ni del acompañamiento vital y hasta ahora insoslayable de sus socios de Cambiemos. Por eso buscó con ahínco la foto del martes con los gobernadores, entre ellos importantes referentes del peronismo, para consensuar los criterios del proyecto del presupuesto para el año próximo. Como los vecinos porteños en aquel otoño lluvioso de 1810, los mercados quieren saber de qué se trata. Si en efecto lográsemos el déficit cero el año que viene, ¿qué puede pasar después? Un Macri debilitado y en minoría en el Congreso no es garantía de continuidad y, por definición, todas las políticas son reversibles en la Argentina.

Los frutos del incansable esfuerzo de Rogelio Frigerio no fueron en vano, pero tampoco alcanzaron. Los gobernadores podrían ser parte de una eventual solución si estuvieran, en su mayoría, de acuerdo con el plan oficial. Un núcleo clave está dispuesto a cooperar para asegurar la gobernabilidad, pero pretende minimizar el eventual costo de acompañar al oficialismo. Nadie busca ni espera un acuerdo marco entre los principales actores políticos moderados y democráticos: la utopía de los consensos estratégicos sobre políticas de Estado deberá postergarse para otro momento. ¿Podría haberse acordado, sin embargo, alguna hoja de ruta que aliviara, aunque sea en parte, la carga tributaria extra que pagará la sociedad ante el empecinamiento de la política de no reducir el gasto público?

Una de las voces más moderadas y sensatas entre los líderes provinciales, la del salteño Juan Manuel Urtubey, recordó que, más allá de la foto del martes, difícilmente se apruebe el nuevo presupuesto hasta fines de noviembre o comienzos de diciembre. Más aún, los detalles finales surgirán del inevitable debate y de la capacidad de negociación de diputados y senadores: es lo que estipula la Constitución respecto de la ley de leyes. Se trata de definir las prioridades de gasto, en especial, de la provisión de los bienes públicos fundamentales: seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura pública, vivienda social y cuidado del medio ambiente. Son las responsabilidades inalienables del Estado que benefician a todos los ciudadanos por igual, aunque no estemos directamente involucrados.

¿Qué señal tiene más importancia? ¿La foto o la de los líderes parlamentarios que van a votar el presupuesto? El viejo sesgo de la política nacional hacia los poderes ejecutivos y el desdén por la actividad parlamentaria no contribuyen a que los mercados y los ciudadanos despejen sus interrogantes respecto de 2019, en especial los que adhirieron al blanqueo entre estos últimos. Algunos abogados estudian la viabilidad de una eventual acción de clase por parte de damnificados si se incrementara la tasa con la que se gravan los bienes personales radicados en el exterior. ¿Cuál sería la reacción de los mercados si se judicializara este asunto? En otros países de la región, como México, se generalizó el uso de las medidas cautelares para frenar la presión tributaria por parte del Estado.

Estas cuestiones serán seguramente debatidas en el Congreso. Pero hay otro elemento que aportó el Presidente cuya importancia no se puede soslayar: la gravitación real de los presupuestos en la vida pública de la Argentina. En una inusual confesión acerca de los problemas estructurales de calidad institucional que arrastra nuestro país, Macri aseguró ante su gabinete que desde "hace 70 años se hace mal". El mensaje tenía como objetivo bajar la tensión ante la posibilidad de que no se cerrara el acuerdo y cuestionar a los anteriores gobiernos peronistas, pero Cambiemos tiene en su haber dos presupuestos mal configurados. En especial, el aprobado en diciembre del año pasado, que contemplaba un crecimiento del 3,5% del PBI, un dólar a 19 pesos y una inflación de 15,7%. Al margen del impacto de la crisis cambiaria en esos ingenuos parámetros, las metas de inflación fueron modificadas con la anuencia del propio Macri apenas dos semanas luego de haberse sancionado.

Es justo reconocer que el gobierno anterior utilizaba los parámetros del Indec morenizado para calcularlo y que el voluntarismo en las previsiones no es una particularidad de esta administración. El hiperpresidencialismo impregna negativamente casi todos los ámbitos de la cultura política nacional, pero se vuelve nefasto en la reasignación de partidas mediante los decretos de necesidad y urgencia para implementar ajustes y redefinir de manera casi unilateral las metas establecidas por el Congreso. Por ejemplo, pueden utilizarse hipótesis demasiado moderadas de crecimiento o minimizarse la inflación para luego utilizar discrecionalmente la recaudación adicional. O como ocurría a menudo en la época de Menem, cuando se aprobaban presupuestos a partir de hipótesis exageradas de crecimiento de la economía para lograr el apoyo de legisladores y luego se establecían recortes gracias a leyes de emergencia que operaban como instrumentos de disciplina: se canjeaban votos y favores gracias a la no cancelación de determinados programas.

El Presidente debe conocer estos secretos, pues en su equipo de colaboradores más estrechos tiene al coautor de un recordado artículo académico sobre la cuestión.

Sergio Berensztein

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