Domingo, 23 Septiembre 2018 00:00

Presupuesto, otro festival de trampas y picardías - Por Ignacio Zuleta

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Mesa de arena. El Presupuesto se convirtió, casi, en un objeto de adoración religiosa. Al mismo tiempo, es el ámbito para negociar plata y política. Los análisis sobre los beneficios y dificultades de una candidatura de Cristina.

 

El Presupuesto se ha convertido en objeto de adoración de la política. Alcanza la polisemia de las devociones religiosas. Para la tradición islámica, la Piedra Negra de la Meca es la Piedra del Paraíso, y se la honra como centro de esa religión. Para otros es un meteorito cuya naturaleza debe esclarecer la ramplona ciencia de la geología, que es también un arte.

El Presupuesto es para el Gobierno la panacea de la liberación de los pueblos porque permitirá, cuando se haya aprobado, bajar el gasto público, que es la peste bíblica que toca en estos años. Para la oposición, en cambio, es la panacea para gastar más y cumplir con las utopías más calenturientas del tercermundismo. Como objeto de devoción que es, oficialismo y oposición protegen el prestigio del Presupuesto. Es una ironía que el debate sobre el contenido del proyecto salte a la superficie en boca de legos, cuando se trata de un mamotreto de 4.538 páginas. Su contenido es de alta densidad técnica, casi hermética, sólo accesible a profesionales de la economía.

Igual, los adversarios del Gobierno no quieren ser víctimas del descrédito que conllevaría rechazar el proyecto oficial. Desplegaron desde el día cuando se conoció el proyecto, todas las picardías para tenderle la primera trampa al Gobierno: les vamos a dar el quórum para que sesionen, si hace falta les vamos a aprobar el proyecto en general, pero nos reservamos el rechazo en particular de una larga lista de detalles, que ya surgieron en las presentaciones que se hicieron en Diputados durante la semana.

El cuadro es conocido: Cambiemos vota a mano alzada, el bloque de Agustín Rossi y la izquierda lo rechaza, el massismo juguetea en el medio pero se inclina por el No, y los “federales” de Pablo Kosiner (Urtubey conducción) van divididos con un Diego Bossio más massista que nunca. Los dos presupuestos anteriores del ciclo macrista contaron en Diputados con el apoyo del eje Bossio-Marco Lavagna. Esos dos racionales se han echado al monte y están jugándose su reelección como opositores. No hay avenida del medio. Era lo que quería impedir Emilio Monzó cuando pedía en Olivos ensanchar la base del oficialismo. Ya ni se hacen las reuniones de estrategia en el Gobierno con los jefes de los partidos de la alianza. Vamos al voto a voto, aunque al final habrá presupuesto, ese fetiche.

Frigerio y Pichetto reabren negociaciones

El Gobierno lo advierte con resignación: qué vivos, aprueban el general que es donde está la fama, pero rechazan en particular, que es donde está la plata. Para eso lanzaron el primer debate que ocupó el fin de semana y que tiene como fecha final el martes. Para ese día el Gobierno cree que tendrán las 16 firmas de gobernadores, que se las han prometido para la adenda al texto del Consenso Fiscal versión 2018.

Es el compromiso para aliviar el recorte de gastos de las provincias, creando nuevos impuestos y postergando la baja de otros que se habían decidido en la primera versión de ese Consenso. Modificarlo equivale a perder la virginidad, según palabras de Nicolás Dujovne. Paciencia, todo viene en la vida. Esa adenda es un pedido de la oposición, o sea que tiene el voto asegurado cuando llegue el proyecto al Congreso.

La negociación es sobre qué cámara será la iniciadora de este segundo proyecto, que va en paralelo al Presupuesto y que complementa el plan del Gobierno. La doctrina estándar dice que como se trata de un proyecto de acuerdo con las provincias, debe entrar por el Senado. Pero el Gobierno desplegó su panoplia jurídica para que vaya a Diputados. El jefe del interbloque Mario Negri armó una carpeta con un informe que elaboró la procuración del Tesoro y otro de sus asesores, que relee los artículos 52°, 75° y 81° de la Constitución, que son los que describen el circuito de formación de las leyes. Según esos dictámenes, al tratarse de materia tributaria, pueden ingresar también por Diputados. Finezas jurídicas para enfrentar las picardías opositoras.

El trámite lo negoció este fin de semana Rogelio Frigerio con Michel Pichetto. El argumento es que una herramienta tan fuerte como es un proyecto pedido por los gobernadores, no puede quedar fuera de la negociación del Presupuesto, logrando una fácil sanción en el Senado y sin los riesgos con los que se tratará en Diputados. Es una herramienta de negociación que el oficialismo no quiere perder cuando deba discutir los detalles con la oposición en la Cámara baja. Ese nuevo Consenso debe jugar, sostiene Frigerio, en donde tiene más valor, que es la ventanilla de Diputados.

¿Cuál es el beneficio de Cristina candidata si beneficia a Macri?

La garúa informativa que vuelca el Gobierno sobre sus especulaciones electorales a través de sus voceros funciona como globo de prueba de iniciativas alternativas, pero ninguna cierra otros caminos. La versión estándar del oficialismo afirma que la estrategia del 2017 no ha cambiado, y que Cambiemos ha elegido a Cristina de Kirchner como contradictora.

La razón es que favorece una polarización que espanta a terceros en disputa y consolida la superioridad de la opción Macri en el electorado de seis de los siete distritos con mayor población del país. Este pergeño estratégico se justifica en afirmaciones superficiales que deben ser sometidas a un examen de racionalidad.

Primero, para disolver esa zoncera de que Macri haya elegido a Cristina como adversaria: Cristina preexiste a Macri y si el presidente hubiera podido elegir un adversario ideal no hubiera elegido a quien sacó más de 37% de los votos, aunque perdiendo, en la provincia de Buenos Aires. Este examen de racionalidad hay que trasladarlo a la propia Cristina.

Si ser candidata lo beneficia a Macri, ¿dónde está su negocio de ser candidata? Detectar el interés de un actor político es el primer deber de quien analiza e interpreta. Si una candidatura de Cristina beneficia a Macri, Cristina debe pensar en serio en no ser candidata. Ella ha dicho en público y en privado que no quiere serlo. No hay que creerle porque en 2017 dijo lo mismo sobre la senaduría, y fue igual candidata. Sus adversarios internos en el peronismo de Buenos Aires le creyeron y así les fue.

Florencio Randazzo, Julián Domínguez y Sergio Massa actuaron en la convicción de que ella no se postularía. Así les fue. Están en sus casas y fuera del Congreso. Esto refuerza la racionalidad eventual de Cristina para no ser candidata, para no correr en beneficio de Macri y, además, liberar al peronismo de su persona, y precipitar una unidad que con ella es imposible. “Une, pero para perder”, ha dicho hace rato Rubén Marín, que aún nos guía. Esa unidad del peronismo puede ser la clave de una mayor competitividad. Para ella sería apostar a que ganase la presidencia un peronista, con quien le sería mucho más fácil negociar su futuro, que con un Macri, que se mueve como si manejase a la Justicia. Otro dislate, porque si hay alguien que sabe bien que el Gobierno no maneja a la Justicia, es el propio Gobierno. No hay nada que pueda hacer Macri para influir en esta comedia. Salvo aprovechar los movimientos ajenos, que también es alta política.

Fueros: Pichetto los defiende para mantener unido el bloque

Quienes dicen hablar con ella afirman, calladamente, que ella insiste en no ser candidata. No mencionemos a nadie para no sentarnos en el timbre y proteger la fuente. Explican, al salir del Instituto Patria, que las causas judiciales la tienen en un corralito que le ha quitado la iniciativa de expansión de alguna postulación.

Las iniciativas que tiene están estrictamente vinculadas a su situación judicial, como avalar un mensaje a Vladimir Putin, una movida que puede inscribirse en el surrealismo de Indias. O mandar a decir que quiere que ex mandatarios del extranjero vengan a mirar el juicio oral de algunas de sus causas. No son movimientos con los que se construye una candidatura ganadora.

Tampoco la de ella es una situación que le permita desplegar energía en otros emprendimientos, que no sean los vinculados a su encuadernamiento. En esta encrucijada Cristina pasa a depender más que nunca del peronismo del Senado. En esto tienen mucho que decir los caciques del peronismo racional. Se van a mostrar juntos en la primera semana de octubre, fecha que pidió Juan Schiaretti en lugar de la que se suspendió por la muerte de José Manuel de la Sota. Miguel Pichetto la defiende en el Senado más por necesidad que por convicción.

Al velar por sus fueros, lo que está haciendo es mantener su bloque unido. Si él moviese alguna ficha hacia el desafuero, habría una migración de senadores hacia el ala cristinista y eso afectaría de manera terminal su poder, que se basa sobre la tensión con la que mantiene la bancada unida. Lo beneficia la nueva doctrina que inaugura el juez Claudio Bonadío, de demorar el pedido formal de desafuero hasta que lo ratifique una cámara. Esta doble instancia la usó Cambiemos en Diputados, para separar de la banca a Julio de Vido, y el criterio se trasladó al Senado.

Cristina ya tuvo un pedido de desafuero, que debió tratarse en el plazo de seis meses y que debe estar al caer. Es por la trama de los iraníes, pero ella no apeló al fallo del procesamiento. Si ahora no apela, logrará que no haya doble instancia de Cámara para que avancen sobre ella. Es un juguete intelectual, porque puede apelar un fiscal y así poner en acción al tribunal de alzada.

Ignacio Zuleta

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