Lunes, 24 Septiembre 2018 00:00

Los planes políticos de Cristina que buscan anticipar el Gobierno y el PJ no kirchnerista - Por Mariano Spezzapria

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La ex presidenta proyecta alianzas con el peronismo, los gremios y los movimientos sociales. El Gobierno piensa que será candidata, mientras lidia con la economía

 

“Lo ideal sería que vayamos todos juntos contra Macri, pero lo veo difícil porque siempre hay un ´garca´ adentro”, se resigna un intendente del PJ mientras termina un mate y se lo pasa a su secretario de gobierno. En un lenguaje coloquial bien propio del Conurbano, el hombre elabora una teoría política que podría resumirse así: Cristina Kirchner no puede darse el lujo de volver a equivocar la estrategia y perder otra elección.

Las razones que esgrime este intendente no son explícitas, pero en la conversación están presentes como telón de fondo. Para decirlo crudamente, en el kirchnerismo hay un temor creciente a que “la jefa” termine presa (no en lo inmediato, por los tiempos de la Justicia y la protección que recibe en el Senado), pero sí más allá de 2019, si es que esa fuerza política y sus aliados no logran regresar al poder.

La propia Cristina siente el peso de esa espada de Damocles, a juzgar por la impresión que se llevaron quienes la vieron en las últimas semanas. La notaron golpeada, de humor cambiante, algo que definieron como “lógico” y “humano” dada su situación. En ese contexto, la ex presidenta y su hijo Máximo Kirchner comienzan a trazar los lineamientos del armado político que llevarán el año próximo a la arena electoral.

En principio, habría un nuevo cambio de nombre para la escudería kirchnerista, que hasta 2015 compitió como Frente para la Victoria (hasta que perdió sentido esa denominación) y luego en 2017 pasó a llamarse Unidad Ciudadana. Pero de cara a 2019, aspira a convertirse en la columna vertebral de un Frente Patriótico que sumaría aliados entre los gremios enfrentados al Gobierno (caso Hugo Moyano) y los movimientos sociales (caso Juan Grabois).

CRISTINA, SÓLO SI GANA

Bajo ese marco general es que se discutirán las candidaturas. Cristina Kirchner sólo competiría si tuviera garantizada una victoria (por las razones expuestas arriba), pero el espacio llevaría a otro candidato si se concluye que puede ganarle un ballotage al presidente Mauricio Macri. En ese punto, las miradas están puestas sobre Felipe Solá, cuyo comportamiento decididamente opositor se asentó en los últimos meses.

Solá reúne condiciones propicias desde el punto de vista del kirchnerismo: es un peronista de vasta trayectoria, pero no es un cristinista y por ende darían una señal de apertura política. Pero hay otra cuestión a tener en cuenta y que cerca de la ex presidenta deslizan por lo bajo: tiene 68 años y podría encabezar un solo mandato, al estilo de una transición. Habrá que ver si el diputado, de comprobada personalidad, se presta a esa jugada política.

En el esquema que pergeña el kirchnerismo, un intendente del Conurbano sería el candidato a gobernador de la Provincia. En la interna del PJ se habla de Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Verónica Magario (La Matanza), pero tampoco se descarta el ascenso de “un tapado”, con la misma lógica de un mandato de transición.

Para el kirchnerismo duro quedarían los primeros lugares de la lista de diputados nacionales.

Allí se anotan dos nombres cantados: Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Ambos concluirán sus mandatos el año próximo por sus distritos originales, Santa Cruz y CABA respectivamente. Pero el hijo mayor de la ex presidenta nació en La Plata y el ex ministro de Economía cambió su domicilio a Pilar, aunque reside en el barrio porteño de Agronomía. “Axel ya estuvo caminando por el Conurbano y es un rockstar”, exageran con entusiasmo en el kirchnerismo.

Pero también sabe que sólo con los propios no les alcanzará para ganar la próxima elección. Por eso no pasaron inadvertidas las menciones directas que en los últimos días hizo Cristina Kirchner al ex diputado Sergio Massa, líder del Frente Renovador, a quien atribuyó erróneamente haberle regalado un cuadro de Páez Vilaró que fue secuestrado de su casa de El Calafate durante el allanamiento ordenado por el juez Bonadio.

Sin embargo, Massa aparece más involucrado con el armado del Peronismo Federal, que esta semana iba a tener una fotografía fundacional –junto a Miguel Pichetto, Juan Urtubey y Juan Manzur- pero que fue postergada hasta el 6 de octubre por la muerte del cordobés José Manuel de la Sota, que impactó especialmente en Juan Schiaretti, el gobernador de es provincia, que fue su amigo y socio político de toda la vida.

Pichetto ratificó, con su estilo inexpugnable, que seguirá aplicando la doctrina de no quitar los fueros de un senador mientras no haya condena firme. Pero no faltan los que hacen notar que el año próximo concluirá su mandato como representante de Río Negro y que posiblemente en 2020 no esté más en la Cámara alta. ¿Qué pasaría entonces si el kirchnerismo fuera derrotado en las urnas y el peronismo modificara el criterio de Pichetto?

PEÑA Y EL ARMADO POLÍTICO

La respuesta salta a la vista, aunque para la política argentina, hablar un año y medio por delante es propio de la ciencia ficción. No obstante, la dirigencia nacional suele ocuparse de esas cosas más tiempo del que convendría. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, perdió exposición pública tras los últimos sacudones financieros, pero ganó espacio ocuparse del armado político-electoral del PRO y por extensión, de Cambiemos.

Peña estaría convencido de que Cristina Kirchner será candidata y como consecuencia, piensa que no habrá lugar para terceras opciones.

En la Casa Rosada imaginan así escenarios muy parecidos a los de 2015 y 2017. Otros sectores del PRO advierten, en tanto, que la crisis económica podría modificar esa ecuación electoral. Macri no los desoye (en la semana apareció junto a María Eugenia Vidal y Rodríguez Larreta) pero lauda a favor de Peña.

Antes de partir ayer hacia Nueva York, donde el martes participará de la Asamblea General de la ONU, Macri y su círculo político más cercano respiraron aliviados por la repentina calma financiera (caída del dólar y también del riesgo país), aunque la economía ingresó en una espiral recesiva, como lo demostró el aumento de la desocupación.

En ese marco, el Gobierno afrontará en la semana un nuevo paro general de la CGT y de otros sectores sindicales.

En paralelo, Macri tendrá fotos junto al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y la directora general del FMI, Christine Lagarde. Como si le resultara más fácil lidiar en toreo ajeno antes que en redil doméstico.

Mariano Spezzapria
Twitter:@mnspezzapria

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