Viernes, 28 Septiembre 2018 00:00

Entretelones de un sonoro portazo - Por Eugenio Paillet

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Solo un fuerte dato que circulaba este mediodía en despachos de la Casa Rosada permitía superar el desconcierto generalizado y la sensación de una nueva y monumental desprolijidad cometida por el gobierno con la renuncia del presidente del Banco Central, Luis Caputo.

 

Decía ese dato en boca de un confidente cercano a los despachos presidenciales que la salida del funcionario del BCRA fue reclamada por el Fondo Monetario Internacional, y consensuada este mismo lunes entre las autoridades del organismo y el ministro de Economía, Nicolás Dujovne.

¿Más claro? El fondo no tardó ni una hora en comunicar su conformidad con la decisión.

Mauricio Macri y Cristine Lagarde bordearon el tema muy por encima en la cena de gala que compartieron anoche en Manhattan. Pero la salida de Caputo se cocinaba en otro sector de la isla, más precisamente en los escritorios del Fondo que compartieron Dujovne y miembros del board en la búsqueda de cerrar el nuevo acuerdo que reemplaza al que se firmó en junio.

Una explicación aceptada por las mejores fuentes de la Casa Rosada dice que Caputo tenía las horas contadas desde el pasado viernes. Y que el primer síntoma de esa renuncia que el funcionario basó en razones estrictamente personales fue su decisión de no acompañar a Dujovne en aquel viaje a Washington para iniciar las conversaciones con el Fondo por el nuevo acuerdo.

Caputo ni le avisó al ministro de Economía que no viajaría y lo dejo "pagando", dicen en algunos despachos. Para salvar la ropa, se subió a ese avión el vicepresidente del Banco Central y amigo de Caputo, Gustavo Cañonero. De hecho, es un secreto a voces en el gobierno que Caputo y Dujovne ya no se dirigían la palabra desde hace un par de semanas.

El hecho de que los portales de los principales diarios nacionales y los medios especializados en temas económicos hayan coincidido en una misma palabra, "sorpresa", para informar a media mañana de la renuncia de Caputo, habla de lo precipitado de los hechos. Lo que por un lado llevó a analistas y a propios integrantes del gabinete con perfil político a hablar de una "enorme desprolijidad", una más, de la desastrosa política de comunicación del macrismo.

A menos que se pretenda, como lo reclamaban por esas horas algunos integrantes del equipo comunicacional de la Jefatura de Gabinete, que la sorpresiva renuncia de Caputo al Banco Central se difundió justamente esta mañana para "tapar" los efectos del paro nacional dispuesto por el sindicalismo oficialista y opositor. O para "competirle" a los dirigentes sindicales en los medios. Tanto, que un asesor se ufanaba delante de un par de cronistas mientras miraba las pantallas de su despacho partidas en dos con la información sobre el paro y la renuncia de Caputo que entregaban todos los canales de noticias.

Más cercano a la realidad de esta crónica de una renuncia anunciada, aunque también en el Banco Central se hablaba al mediodía de "portazo" liso y llano de Caputo, es el dato que sostiene que el Fondo Monetario directamente condicionó ante Dujovne a la renuncia del funcionario el avance para sellar un segundo acuerdo. El hombre que apenas duró un invierno en el máximo sillón del BCRA había desobedecido las directivas de Dujovne avaladas por el FMI de no rifar diariamente reservas para sostener artificialmente el valor del dólar por debajo de los $ 39.

Macri, se decía delante de los enviados especiales en Nueva York y también en los pasillos de la Casa Rosada, no está enojado con Caputo por una salida que suena nomás a una sonora desprolijidad en medio de la negociación con el Fondo y cuando el propio presidente se afanó durante todo el lunes y parte del martes para transmitir confianza y previsibilidad ante los hombres de negocios con los que se reunió. Y de anunciar que está listo para ir por la reelección. O lo que sería todavía más desprolijo apenas horas antes de que se presentase a pronunciar su previsto discurso ante la Asamblea Anual de las Naciones Unidad.

De ser acertadas las fuentes del gobierno que asumieron la mayoría de los entretelones de esta zaga, Macri no podría estar enojado ni molesto con Caputo porque fue parte, de alguna manera y a través del ministro Dujovne, de la operación conjunta con el staff del Fondo para apurar su partida. Del mismo modo que el presidente y Dujovne, se afirma, ya tenían en la cabeza el nombre de Diego Sandleris como reemplazante de Caputo cuanto se subieron al avión que los llevó a Nueva York el domingo por la noche. El nuevo titular del BCRA, por si hacía falta decirlo, es un incondicional de Dujovne.

Presionado por la necesidad de conseguir sin dilaciones un nuevo acuerdo con el Fondo, Macri no pudo resistir entregar a Toto Caputo, un "hermano del alma" como el otro Caputo, Nicky, y miembro fundador de aquella "banda" del Cardenal Newman.

Eugenio Paillet

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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