Martes, 09 Octubre 2018 00:00

Carta para Cristina desde Brasil - Por Ricardo Roa

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Bolsonaro acaparó el voto rechazo a Lula. No fue lo único. Pero la corrupción se paga.

 

Era cierto: los mercados no tienen corazón. Volvió a probarse en Brasil. Jair Messias Bolsonaro era el candidato que mejor le caía al mundo del dinero y la bolsa de San Pablo celebró su triunfo con una suba que arrancó en 6 y terminó en 4%. La fiesta siguió con el dólar: bajó 2,5%.

Donde las cosas siguieron igual el día después de las elecciones fue en el mundo de la inseguridad: favelas de la zona oeste de Río, no muy lejos de la casa de Bolsonaro, amanecieron bajo tiroteos entre narcos y policías. América Latina es la región con más ciudades violentas. Y 17 de las peores 50 están en Brasil tomando el número de homicidios por cada 100 mil habitantes.

Nadie leyó este drama y la demanda de seguridad como el capitán retirado Bolsonaro, que llega a la segunda vuelta con un stock impresionante: 49,2 millones de votos. Decodificó lo que busca la gente. El combate al delito por cualquier medio y la reivindicación del derecho a la autodefensa fueron dos puntos clave de su agenda electoral, condimentados con el respeto a la propiedad privada y la defensa a ultranza de la familia.

El tsunami conservador de Bolsonaro barrió a la política tradicional salvo en unos pocos estados. Es, entre otras cosas, un producto derivado de la explosión del Lava Jato en la clase dirigente. Un fenómeno parecido al que provocó la operación Manos Limpias que llevó al poder a Berlusconi. El lunes lo saludó el premier italiano Salvini, cortado por la misma tijera.

Bolsonaro le ganó al lulismo y destruyó al social demócrata PSDB: le arrebató 9 de cada 10 ciudades que había conquistado en las últimas elecciones al partido de Cardoso, Alckmin, Serra y Neves. El PSDB apenas cosechó el 5% de los votos. Se convirtió en polvo.

Brasil se quedó sin centro. En la cárcel por corrupto, Lula mantuvo hasta el fin su candidatura y obligó al PT a polarizar con Bolsonaro creyendo que el miedo a Bolsonaro sería mayor que el repudio a su figura. El fracaso fue tan grande que estuvo a punto de hacer presidente a Bolsonaro en la primera vuelta.

Dirigentes de su partido que ahora buscan correrlo del comando de la campaña propusieron una alianza de centro izquierda con Ciro Gomes a la cabeza y Haddad en segundo lugar. Ciro obtuvo más de 13 millones de votos, el 12,5%. Al rechazar el frente, Lula empujó a muchos a votar por Bolsonaro. Otro error.

El voto del domingo no fue esencialmente un voto de derecha. Además de la inseguridad y de la larga recesión económica, fue un voto contra Lula y la corrupción. Y un maremoto antipolítico: muchos que hace años ocupan asientos en el Congreso no pudieron renovar. 32 senadores intentaban ser reelectos. Casi el 80% no lo consiguió. Tampoco Rousseff.

Otro dato: el peso de las iglesias evangelistas. Los pastores electrónicos tienen poder económico y poder político. Se corrieron de Lula a Bolsonaro y con ellos se corrió su enorme llegada a sectores populares. Bolsonaro solo dio en tevé una entrevista importante: a la cadena Record, de una de esas iglesias que tiene sede acá en avenida Corrientes.

Sin estructura partidaria, Bolsonaro casi no dispuso de espacios gratuitos en televisión. No tuvo más remedio que apelar a las redes. Las aprovechó a full, sobre todo después del atentado en la campaña que le dio un nivel de conocimiento que no tenía.

Dato final: el lulismo no llegó al 30%. Aviso para Cristina: sufre un rechazo parecido al de Lula. El punto es si Macri podrá aprovecharlo.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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