Jueves, 11 Octubre 2018 00:00

Menos mal que el dólar está quieto - Por Ricardo Roa

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Por si nos faltaba algo, estalló un escándalo en la Corte entre el nuevo y el ex presidente.

 

Acá pasan tantas cosas y todo el tiempo que se pierde noción de las dimensiones de las cosas que pasan. Acaban de pelearse y de pelearse públicamente el presidente de la Corte Suprema y un miembro de la Corte Suprema que hasta hace 10 días y por 12 años fue su presidente. Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti.

Menos mal que la Corte es un cuerpo de apenas cinco miembros, toda gente de mucha educación y de buenos modales que debe o que debería preservar como nadie la moderación, el equilibrio y la sensatez.

Mucho más cuesta entender la pelea si uno mira por qué se pelearon. Se pelearon por el control de un puñado de empleados que se dedican a subir a la web comunicados de prensa y sentencias de los jueces. Está claro que no fue sólo por eso la pelea.

Lorenzetti quería otro período como presidente y se sentía seguro de conseguirlo para completar 14 años y después ir por más. No es el sillón de Rivadavia pero se le parece. Pero el 11 de setiembre tres de los cinco jueces le dijeron no y ya perdido, terminó votando en contra de él mismo.

Le cuesta asumir que perdió. Dominó la Corte y manejó la política de la Corte. Ya no fija su agenda ni firma último los expedientes: podía apurarlos y podía demorarlos. Y no se acostumbra a ese rol secundario: de jefe máximo pasó a vocal y se llevó a su vocalía a casi todo el personal de la secretaría de Comunicación que había creado y dependía de él y ahora depende de Rosenkrantz.

El sainete empezó cuando la jefa anterior y mano derecha de Lorenzetti, María Bourdin, desmanteló la oficina y bloqueó el acceso a los equipos del portal al jefe nombrado por Rosenkrantz. Una maldad. O una revancha.

Por falta de experiencia o por personalidad, Rosenkrantz eligió transparentar el conflicto en lugar de intentar arreglarlo directamente con Lorenzetti.

Y Lorenzetti contestó a puro conventillo: en una carta que hizo pública y que dicen escribió la propia Bourdin, denunció “un clima de temor y de amenazas”. Y llegó a decir sin decirlo expresamente que Rosenkrantz era “un mediocre”. Lorenzetti ha perdido el poder pero conserva poder de daño. Aunque el exabrupto expresa debilidad más que fortaleza: lo deja más solo.

Encima Bourdin acusó a Rosenkrantz de querer privatizar el servicio informativo al poner a cargo a un consultor externo. El argumento es un bumerán. Lorenzetti manejó la comunicación con un consultor externo en las sombras: Guillermo Seita, un operador político y periodístico que en realidad acostumbra a moverse en unas cuantas sombras. Todas cerca o directamente en el poder.

Como la renuncia de Caputo al Central cuando Macri renegociaba de apuro con el Fondo, la pelea en la Corte estalla justo en momentos en que aquí sesiona el J20, la reunión de representantes de las cortes de los países del G20, los que cortan el bacalao y cuyos presidentes vendrán a fines de noviembre.

Lorenzetti tenía previsto inaugurar este capítulo judicial del G20 y más que eso: había mandado a imprimir folletos con su nombre como principal protagonista. Finalmente, el protagonista es Rosenkrantz. Seguramente esto pesó o apareció en la pelea.

Los dos volverán a verse las caras en la reunión de acuerdos de esta mañana. El plato fuerte se servirá al final cuando se hayan ido los secretarios y los cinco cortesanos queden a solas. No más noticias por hoy.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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