Viernes, 14 Diciembre 2018 00:00

Esmerilados: como Gallardo, Macri y Durán Barba esperan remontar el partido - Por Hugo Grimaldi

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"¿Querés grieta? Tenés grieta". Estas cuatro palabras tiradas al aire, surgieron de la boca de un consultor de opinión pública, peronista para más datos, cuando en una rueda informal conversaba hace un par de días con algunos asistentes a un cóctel de fin de año sobre el viejo tema de la acción psicológica.

 

Según el experto, hoy las diferentes vertientes opositoras peronistas se están colgando masivamente de las redes sociales y de otros artilugios comunicacionales, como el nunca olvidado boca a boca, para degradar de a poco a Mauricio Macri en su carrera hacia 2019, como antes se sirvieron de "la tiza y el carbón para entronizar al General (Juan Perón) en 1946", graficó.

Luego dijo en voz más baja que aquel comentario estaba dirigido socarronamente a su colega Jaime Durán Barba quien, a juzgar por el desarrollo de este Ríver-Boca de la política, con algún gol en contra derivado de un 2018 para olvidar, parece haber perdido la pelota de momento, aunque es evidente que aún conserva el dominio territorial, ya que el partido se sigue jugando bajo la tónica de la polarización con Cristina Fernández, tal como a él le gusta. Como Marcelo Gallardo, el ecuatoriano espera darlo vuelta de aquí a octubre.

En esa línea, con solo seguir la información de todos los días y su reflejo en las redes sociales o en muchos de los incultos graphs de la televisión, es fácil observar como todo lo que sucede en materia de cosas que se dicen cae en una grieta que circunstancialmente hoy cava con mayor profundidad la oposición, sobre todo el kirchnerismo y la izquierda, pero también otros protagonistas de la vida cotidiana: los desencantados, los liberales, las organizaciones sociales, los industriales, la Iglesia, las centrales obreras, muchos radicales, buena parte del periodismo y hasta Elisa Carrió.

Está bien claro que al Presidente y a los suyos le entran por estas horas todas las balas y que como no pueden (o no saben) detener la hemorragia, la campaña tiene cada día nuevos adeptos desde todos los costados del arco político que huelen debilidad. En cuanto a la mala onda derivada de cuestiones económicas tangibles (tasas altas, menor consumo por falta de dinero y la recesión ambiente) son lastres que serán difíciles de revertir. No se observa cuándo se va a detener puntualmente esa sangría, aunque desde el Gobierno confían en que la cuestión económica podría ayudar a remontar el partido desde abril, como dicen casi todos o desde el mismísimo enero, como arriesgan los más osados.

Al desgaste eventualmente inducido hay que agregarle necesariamente los aplazos que el Gobierno se ha sabido sacar en tres años, sobre todo en materia de números, circunstancias objetivas que comprometen gravemente su rol de administrador eficiente: inflación (160%); tipo de cambio (280%); pobreza (38%) y baja del Producto Bruto, sin considerar el devenir negativo del salario real, los problemas de empleo, la suba de las tasas, el endeudamiento como paliativo a la no emisión, la enorme presión fiscal que surge del impagable gasto estatal y todos los ajustes que se han hecho en las tarifas de servicios públicos, demagógicamente atrasadas en la última década, pero que han impactado ahora en los bolsillos de los ciudadanos.

Desde el otro lado, cerca de Cambiemos, contra restaron estos números poniendo sobre la mesa la cantidad de 81 logros atribuidos al Gobierno: la reversión del déficit energético; la explotación de Vaca Muerta; la construcción récord de autopistas; mayor cantidad de pasajeros por avión; el prestigio recobrado del Indec; los avances en energías no renovables; la cobertura de cargos en la Justicia; la producción de carne vacuna, etc. Todo, por supuesto, comparado con los doce años previos.

Es notable como los dos listados precedentes muestran con gran claridad las características que tienen las dos veredas de la grieta: la del Gobierno, más centrada en temas de mediano y de largo plazo, algunos planteando una transformación cultural y otros de cuño conservador, mientras que la del otro lado se trata de evaluaciones de pura coyuntura, algunas extremadamente populistas, aunque con fundadas críticas hacia la mala praxis de ejecución de las actuales autoridades.

Lo más peligroso es que. finalmente, todo se hunde en ese pozo fatal que tiene dividida a la sociedad en cuanto tema surge a la consideración pública, desde las interpretaciones críticas al Protocolo del uso de armas (son sólo tres páginas que muy pocos leyeron y que bastardearon a gusto ocupando el terreno que una vez más dejó libre el Gobierno) hasta las situaciones judiciales de Amado Boudou o de Franco Macri o aún, a partir de la gravísima denuncia sobre un aberrante delito de violación que hizo el colectivo de actrices que más de uno observó demasiado ficcionalizada y endilgó a la política.

Por el tono, es más que probable que lo que dijo el consultor local sobre el operativo de desgaste, más que una apreciación analítica sea lo que verdaderamente está ocurriendo, ya que, aún sin connotar el sentido de victimización que le ha dado siempre el kirchnerismo al adjetivo "destituyente", aquel que recicló Néstor Kirchner en tiempos de la 125, existe hoy un progresivo esmerilamiento de ideas y de personas que abarcan no sólo al Presidente y a su gobierno, sino especialmente al modelo todavía en ciernes que cuenta con algunas ideas bien diferentes a las que hicieron la historia argentina desde 1930 para acá. Y como Macri será el primer mandatario de signo no peronista que va a terminar su mandato desde 1983, la novedad de todo este proceso de desgaste es que, en la oportunidad, la vuelta a casa podría darse esta vez a través del voto, aunque el Gobierno, como en Madrid, seguramente buscará ir al alargue y ganarlo allí.

La gran novedad de toda esta práctica es que, más allá de la acción de la calle, de las huelgas interesadas, del repiqueteo de las redes o de los permanentes recortes de la realidad, que por interés o por ignorancia hace parte del periodismo y que impacta entre los amigos, las familias y los taxistas, el soporte principal de la estrategia antimacrista sean las redes sociales, justamente el terreno que defiende Durán Barba y en dónde el Gobierno viene perdiendo la pelea por muchísimos puntos. Tampoco la gana desde lo discursivo, debido a que sus eventuales voceros han perdido mucha credibilidad.

Si se juzga por el tufillo que existe en el ambiente, la pretensión de mínima que hoy tendría la parte de la sociedad que a estas alturas no parece dispuesta a votar por Cambiemos, sería que se tiren a la basura los actuales esquemas y que desde 2019 se asista a un volver a empezar, pese al costo económico y social que fatalmente va a tener el nuevo reciclaje. Probablemente no se perciba que, una vez más, tamaña volatilidad va a condicionar el futuro. Ese es justamente el temor de quienes hoy se abren de la Argentina, tal como lo marca el riesgo-país de mediano plazo y los rumores también bastante interesados sobre una probable reestructuración de la deuda para 2020.

Más allá del deterioro que se observa en las encuestas de imagen (aunque la caída parece haber cesado), por estos días de aniversario se ha pesado en una balanza de dos platos lo mejor y lo peor del período de tres años que hasta ahora ha transitado el gobierno de Cambiemos y quedó claro que, al estilo de los verduleros aprovechadores que existían antaño, el exceso de gramaje que aportaron todos los dedos que se pusieron adrede sobre uno de los platillos para desnivelar la situación hacia el lado negro, explica mejor que nada por qué el resultado de cualquier relevamiento deja tan desguarnecido a Macri.

Hoy, ser antimacrista es bien "cool" y quizás, por eso, bastante poco se ha reconocido sobre alguna mínima cosa positiva del actual gobierno, como podría ser el fin del cepo, la mayor transparencia en muchos procedimientos de gestión, el avance de la obra pública o la tarea desarrollada para reinsertar a la Argentina en el mundo, cuyo colofón más que positivo fue la reciente reunión del G20. El gen individualista del argentino medio, cortoplacista y negador de todo lo que no le cae bien a su estómago, suele no perdonar a quien lo afecta, ya sea porque hoy está agrandado del otro lado de la grieta o porque creyó ingenuamente que la misión del Presidente iba a ser inocua. O mejor dicho, porque el Gobierno dejó que lo creyera.

Hugo Grimaldi

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