Jueves, 10 Enero 2019 00:00

El nombre de la ausencia y el ministerio de la venganza - Por Edgardo Moreno

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No es un dato menor que la mayoría de las provincias se encuentran con superávit en medio de la recesión.

 

¿Qué aprendizaje obtuvo la política argentina del diciembre del no-estallido?

¿Y qué está aprendiendo ahora del enero del desdoblamiento?

El análisis político dominante parece ser reacio –tal vez perezoso– para indagar sobre las tendencias sociales menos visibles, que suelen ser las de más largo largo aliento.

Resulta al menos llamativo que la lectura más frecuente del final de año (que se pronosticaba como la toma de la Bastilla, pero se limitó a la pedrea por un partido de fútbol) haya sido la siguiente: Carolina Stanley alquiló con presupuesto público la voluntad revolucionaria del pueblo.

Que la ministra de compresas presupuestarias haya agotado hasta la hernia la asignación de subsidios a los gerentes de la protesta social puede ser muy cierto. Tanto como insuficiente para explicar lo ocurrido. Convendría indagar en la eventualidad de motivaciones un poco más profundas.

¿Acaso el hartazgo social con la insistencia remanida y fantasmagórica del diciembre ardiente no podría ser un factor subjetivo tan relevante como lo es la recesión económica desde las condiciones objetivas?

¿A santo de qué ese factor subjetivo debería ser ignorado como un determinante clave de las conductas colectivas? No sólo del hombre vive el pan.

Quienes vienen leyendo en silencio esas tendencias, y tomando decisiones en consecuencia, son los jefes territoriales del peronismo. La secuencia de desdoblamientos electorales es la expresión fáctica de esa lectura. La consigna de la hora es el desenganche.

Si se observan las maniobras que están desarrollando sobre los regímenes electorales en sus distritos –incluso con manipulaciones de nivel constitucional– se puede concluir que en ese peronismo ya se asumió una conclusión pragmática: no se puede ser al mismo tiempo el partido garante de la gobernabilidad y el partido promotor del estallido. No cuando la crisis ya se encamina en el cauce electoral.

Y pese a las reacciones justificadas de sus opositores, los jefes territoriales del peronismo están encontrando para esos movimientos una doble permeabilidad.

La más visible es la del Gobierno nacional, que ha optado por desentenderse de esos conflictos. Pero la tolerancia más relevante es la de las comunidades locales. Donde el principio de gobernabilidad parece importar tanto que admite incluso la degradación de la competencia política con evidencias de cancha inclinada.

Puede presumirse que no es un dato menor para entender ese fenómeno que la mayoría de las provincias se encuentran con superávit en medio de la recesión. Sus planteles administrativos funcionan como factor de contención. No aplicaron ningún ajuste significativo.

La pragmática feroz de los jefes territoriales del peronismo contrasta con la pasión por los relatos y la política de la gramática que entusiasma a Cristina Fernández.

En el Instituto Patria, la expresidenta busca reencontrarse con el peronismo repitiéndole el libreto de los populistas europeos de izquierda.

Sugiere detectar las nuevas demandas sociales, articularlas con el hilván de la construcción de un nuevo sujeto colectivo emancipatorio, cavar la trinchera identificando una frontera antagónica, nominar al enemigo: Macri. Y prometer un liderazgo y un cauce para esa marcha épica, sin importar la cantidad, ni el costo, de ninguna hipoteca.

Construir un pueblo es designar el nombre de una ausencia.

Y ese nombre es Cristina. Dice Cristina.

¿Qué está sucediendo que los jefes territoriales del peronismo están desenganchando sus vagones de esa locomotora que Cristina cree conducir en Siberia, con la mirada perdida en el horizonte como el comandante soviético Strelnikov en la historia del Doctor Zhivago?

Una primera y obvia lectura es que conocen muy bien a Cristina. Que no les propone acordar un liderazgo para ganar. Prefiere ganar para liderarlos. Esa suturación de propósitos se asemeja a un ministerio de la venganza.

Pero tal vez exista una lectura menos superficial. ¿Hay otro peronismo que intenta encontrar su nombre en una identidad distinta?

Sería una identidad que diferiría con Cristina sobre los significantes vacíos.

Aquellos que son potentes portadores de legitimidad política y están en disputa con el oficialismo: democracia, república, ciudadanía, interés nacional.

Edgardo Moreno

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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