Lunes, 14 Enero 2019 00:00

Con el dólar controlado Macri retoma la iniciativa política - Por Sergio Crivelli

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El respiro en el mercado cambiario afecta la agenda electoral. La Casa Rosada instaló el repudio a Maduro y varias medidas sobre seguridad. Silencio del kirchnerismo y división en el PJ.

 

Después de haber sido ostentosamente vapuleado por la divisa norteamericana durante la mayor parte de 2018, Mauricio Macri inició el año electoral con una calma inesperada. El dólar perforó el piso de la banda acordada con el FMI y el Banco Central tuvo que salir a comprar billetes verdes para mantener la cotización.

La última vez que hizo eso fue en junio de 2017, año en el que el Presidente ganó con una holgura llamativa las elecciones de medio término. Ese resultado cambió drásticamente el cuadro del poder: las chicanas opositoras sobre la fuga en helicóptero fueron reemplazadas por los planes reeleccionistas.

Ahora el Central analiza cuántos dólares compra y cuánto baja la tasa de interés sin presiones. Volvió a controlar la botonera que manejan Nicolás Dujovne y Guido Sandleris, una conducción unificada de la economía que habla por sus resultados y que ganó mucho espacio en la interna del gabinete.

En un principio Macri dividió la conducción de la economía para no habilitar a un superministro (Prat Gay, Sturzenegger, Caputo, etcétera), lo que terminó en desastre. Ahora el comando único a cargo de funcionarios sacados de la segunda línea destaca la magnitud de ese error inicial.

Con un puente de mando que parece en el camino correcto, el Gobierno se aferra a una política de prudencia. No presiona la tasa de interés a la baja demasiado rápidamente y opta por reducir la inflación antes que estimular el consumo, tentación siempre riesgosa en época electoral. Es la señal opuesta a la que dio en la famosa conferencia de prensa de diciembre de 2017 que muchos economistas consideran, no sin arbitrariedad excesiva, el disparador del desastre.

A la incipiente baja del riesgo país, a la suba de las acciones y a la recuperación de los títulos de la deuda se sumó otra noticia auspiciosa para la Casa Rosada. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires anunció una cosecha récord de trigo, calculada en unos 19 millones de toneladas. El 2018 había arrancado para Macri con la noticia exactamente opuesta: la catástrofe de la sequía. Parece que el viento hubiera dejado súbitamente de soplar de proa. Prueba de eso es que los mercados no le piden que les "muestre los dólares". Dan por descontado que los tiene y se desprenden de los suyos.

En este marco y con el Congreso cerrado el Ejecutivo tomó la delantera en la instalación de la agenda. Sin abandonar sus vacaciones en el sur, Macri resolvió martillar sobre el cada vez más aislado régimen de Nicolás Maduro ante el silencio de radio de la ex presidenta y de sus voceros, hasta no hace mucho decididos chavistas.

La identificación del desastre venezolano con el kirchnerismo resulta de todas maneras inevitable, aunque sólo hayan salido a responder al presidente personajes marginales como Alicia Castro o Atilio Borón. Además lo hizo a su manera el papa Bergoglio que no es marginal, pero que comparte algo con los anteriores: no se tiene que presentar a elecciones; puede decir lo que piensa sin temor a perder votos.

También el Gobierno desafió a la oposición con proyectos para combatir la inseguridad. Sobre la imputabilidad de menores el peronismo no apareció en condiciones de oponerse seriamente. Néstor Kirchner y Daniel Scioli la promovieron cuando estaban en el poder.

El mejor ejemplo de la incómoda situación en la que el macrismo puso al PJ en esta materia lo dio la respuesta de la "massista" Graciela Camaño. Aclaró con toda razón que la instalación del tema obedecía a que el gobierno no quiere hablar de economía, pero se vio forzada a reconocer simultáneamente que estaba de acuerdo con bajar la edad de imputabilidad de los menores aún más de lo anunciado por el oficialismo.

La ofensiva se completó con la propuesta de rápida expulsión de los extranjeros que delincan y el uso de pistolas no letales por parte de las fuerzas de seguridad. La cara visible de esta ofensiva es la ministra Patricia Bullrich que escaló como Dujovne posiciones en la interna de gabinete hasta el punto de ser considerada para compañera de fórmula de Macri.

El peronismo, en tanto, siguió paralizado y dividido. CFK se mantuvo en silencio y los gobernadores, dispuestos a recluirse en sus territorios. Toda expectativa está centrada en si Buenos Aires fijará una fecha de elecciones distinta de la nacional. Pero es una preocupación casi superflua. La elección se definirá entre Macri y la ex presidenta en la pelea por el mando nacional. La polarización resulta inevitable, cualquiera sea el cronograma.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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