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Viernes, 18 Enero 2019 00:00

Macri, entre Bolsonaro y Lavagna: apuntes sobre el "trabajo sucio" - Por Hugo E. Grimaldi

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Con la particular taquigrafía que domina Twitter, un integrante bastante activo de las redes sociales acaba de poner en fila en una frase a dos de los protagonistas de la semana política: "Bolsonaro es a Temer lo que Lavagna a Remes Lenicov".

 

El paralelismo, que tiene por detrás el sobreentendido de un eventual "trabajo sucio" realizado por los dos antecesores en beneficio de cada sucesor, es referencia de la actual temperatura política, habida cuenta la transitoria paz que ha invadido a los mercados, que se ha verificado a partir de la vuelta al ruedo del presidente de la Nación, de visita en Brasil y de la fulgurante aparición del ex ministro de Economía, muy de entrecasa, en Cariló.

Para enmarcar la primera parte de la comparación, valen mencionar las flagrantes diferencias macroeconómicas que, de modo bien grosero, se han observado durante el último año a favor de Brasil, sobre todo en los índices de inflación o en cuanto a la devaluación de la moneda o aún en la velocidad de la recuperación económica, todos temas que la ponen a la Argentina en un incómodo vagón de cola.

También desde la macro hay cosas en común que igualan a los dos países para mal, como la necesidad de ambos de hacer sustentables los deberes fiscales, la enorme presión tributaria récord en los dos estados, el gasto muy alto en salarios de empleados públicos o la baja inversión pública. Otra cosa similar que se observa entre la Argentina y Brasil es que tienen casi el mismo volumen de endeudamiento en términos de PBI (aunque el grueso de la deuda brasileña es en reales), deuda que los vecinos podrían mitigar con el producto de las privatizaciones.

El analista argentino Gustavo Segré, quien reside desde hace muchos años en San Pablo, estima que "la herencia que Michel Temer le dejó a Jair Bolsonaro está mucho más acotada que aquella que el kirchnerismo le dejó a Mauricio Macri, sobre todo porque la transición fue manejada por el presidente saliente con intervención del Congreso, desde dónde logró sacar algunas leyes que asfaltaron en parte el camino a recorrer, como la reforma laboral".

Por su parte, el consultor Marcelo Elizondo señala que "el gobierno de Temer incorporó a la Constitución un enfoque del gasto público y hoy en la agenda de Bolsonaro está el ajuste fiscal, la simplificación impositiva, la desregulación de la economía, las privatizaciones y una reforma previsional que irá hacia una capitalización a la chilena, similar a nuestras ex AFJP", tema que Segré estima que "va a salir" pese a que se necesita una mayoría especial en el Congreso, "porque el sistema actual no resiste".

En cuanto al sector externo, Brasil tiene menos desequilibrios, pero además la Inversión Externa Directa que recibe es varias veces la que llega a la Argentina. Pese a esas "ventajas", la performance exportadora de Brasil no se condice con su poderío y por eso, "la necesidad de generar un Mercosur más dinámico que le permita internacionalizarse es prioridad para el nuevo Presidente", añade Elizondo. Ambos analistas, concluyen en lo mismo, ya que aseguran que toda esta movida de Bolsonaro quien, para no caer en el error de Macri de dormir las reformas está apurando mientras transcurre la luna de miel, le exigirá a la Argentina mayor competitividad.

La mención tuitera puso sobre el tapete también un segundo debate sobre el "trabajo sucio", pero éste de carácter doméstico entre quienes conforman la cúpula activa de Alternativa Federal (AF), los gobernadores Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, el senador Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa, sobre todo. El punto de discusión estratégica es si a ese peronismo le conviene exponer ya mismo, en este turno, las dotes del ex ministro de Economía Roberto Lavagna para que sea él quien se lleve los laureles y deje el terreno ordenado a la hora de emprolijar la economía, aunque sin hacer mayores reformas de fondo.

Para estos peronistas, la cuestión se enlaza con lo que podría capitalizar Macri de su encuentro en Itamaraty, ya sea que el Presidente haya visto la necesidad de cambiar la velocidad de su propio chip antes de que Brasil se corte definitivamente solo, sobre todo si Bolsonaro consigue sacar adelante todas las leyes que necesita para que su país sea cada vez más competitivo y desplace más y más inversiones a su favor, en toda la región.

Por todo eso, en la mesa de arena de los federales, hoy se preguntan si no les convendría dejar que el actual presidente termine de desgastarse en un segundo mandato enviando leyes al Congreso que busquen equiparar a la Argentina con el Brasil que parece estar perfilándose. Un informante del interior de AF comenta que algunos piensan en una estrategia similar a la que manejó el peronismo en estos años, especialmente en el juego de pinzas entre los gobernadores y Pichetto, que les permitió afianzarse como referentes, mientras que todo el costo político (FMI, devaluación, tarifas, etc.) lo terminó pagando el Gobierno. Mientras tanto, estiman que durante esos cuatro años se podría ir consolidando dentro del peronismo no kirchnerista un conductor con más pergaminos que quienes hoy se sientan alrededor de esa mesa, tema que a Urtubey o Massa "no debería molestarle demasiado, ya que tienen tiempo por cuestiones de edad", dice la fuente. Y agrega: "aunque Sergio siempre es un misterio".

Está claro que una alternativa de este tipo sería funcional a la polarización a la que juega el Gobierno, "entre Cambiemos y Unidad Ciudadana", dice sibilinamente el interlocutor para desanclar al grupo del kirchnerismo y no pegarse a Cristina Fernández, tema sobre el que Massa no termina de definirse.

Los que no están de acuerdo con la estrategia del próximo turno y creen que habría que dar pelea ya mismo, con Lavagna a la cabeza, son quienes defienden una "tercera vía", alternativa que escape de la polarización. De momento, las mediciones auguran cierta consolidación de la imagen del ex ministro, aunque hay mucho desconocimiento del eventual candidato entre los votantes más jóvenes, muchos de ellos recién nacidos cuando el economista llegó a darle más que una mano al presidente Eduardo Duhalde (2002).

En este punto es dónde las referencias sobre la actuación de Lavagna se dividen, ya que hay muchos que dicen, como el tuitero, que Jorge Remes Lenicov le asfaltó el camino a su performance ministerial con la derogación de la Ley de Convertibilidad (devaluación incluida), la reimplantación de retenciones, la pesificación asimétrica y la reprogramación del pago de los depósitos en dólares. Con esas duras medidas de reordenamiento, la economía había comenzado a crecer en abril de 2002.

En ese mismo mes y ante la necesidad de acudir al FMI, cosa que a Remes se le negaba porque los organismos no confiaban en los gobernadores, Duhalde llamó a Lavagna para que se haga cargo del manejo de la economía. Quienes estuvieron cerca de él y no creen en la teoría del "trabajo sucio" dicen que "encontró el país incendiado, con una deuda defaulteada de 100 mil millones de dólares y con la gente cascoteando los bancos" y que, sin embargo, se lo entregó a Kirchner, de quien siguió siendo ministro tras el pacto entre el presidente saliente y el entrante a partir de 2005, "pacificado y en crecimiento". Ya en tiempos kirchneristas, Lavagna gestionó ante el Tesoro de los Estados Unidos el canje de la deuda y dejó en sus años de gestión el PBI con una tasa de crecimiento de 8 por ciento interanual. "Y no es cierto que lo ayudó la demanda china de soja. Cuando se fue, el yuyo estaba a 260 dólares la tonelada", dicen sus seguidores.

Otro motivo de fuerte discusión dentro de AF tiene que ver con la necesidad sí o no de sumar en una interna los votos de la senadora Cristina Fernández. No es ilógico entonces que a Lavagna también se lo critique mucho desde ese sector, ya que muchos no olvidan las acusaciones que le llovieron cuando debió irse del gobierno del presidente Kirchner por "ser funcional a las grandes empresas", tras haber desobedecido la orden de boicotear el Coloquio de IDEA de 2005, encuentro al que asistió en Mar del Plata como único representante gubernamental. Entre quienes defienden un perfil más de confrontación con las empresas se resalta que fue Lavagna quien le ordenó a los bancos abrir a pleno desde el mismo día de su asunción y que "se fue denunciando la cartelización de la obra pública". Tras haber regresado al llano, en las elecciones de 2007, como candidato presidencial, Lavagna enfrentó a Cristina y obtuvo entonces 17 por ciento de los votos.

Es evidente que la política más opaca, la que se regodea con el pasado y los prontuarios antes que con las ideas y los proyectos, ya está jugando a pleno en las elecciones nacionales de agosto/octubre y si bien los analistas económicos estiman que habrá algunas señales de recuperación hacia mediados de año, es probable que la envergadura del cambio que se perfila en Brasil obligue a barajar y a dar de nuevo. Quizás este tema central, que hace a la geopolítica y a la inserción de la Argentina en el mundo, podría ser un buen comienzo para sentar al mundo partidario en una mesa para definir hacia adelante qué hacer como país ante tamaño desafío, en parte la línea que Pichetto está proponiendo en otros temas bien importantes. Podría ser un buen comienzo para dialogar sin chicanas, aunque, por lo visto, en el mundo de la política las mayores energías suelen ir para otro lado generalmente a contramano de las necesidades de los ciudadanos.

Hugo E. Grimaldi

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Hugo E. Grimaldi

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