Domingo, 03 Febrero 2019 00:00

El ánimo de Macri - Por Eduardo van der Kooy

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La combinación CFK-Kicillof le ganaría hoy por tres puntos a Macri-Vidal en Provincia de Buenos Aires.

 

¿Imaginarías mi reelección en Buenos Aires con un gobierno kirchnerista o peronista en la Nación?” El interrogante fue formulado por María Eugenia Vidal a este periodista. No sucedió la semana pasada, cuando comunicó que no habrá desdoblamiento y enlazará su suerte política a la de Mauricio Macri. Fue el 6 de diciembre último. El debate no tenía entonces tanta temperatura. Pero aquella interpelación de la gobernadora trasuntó sus reparos de raíz sobre el desechado experimento electoral.

La democracia tuvo, en ese terreno, una excepción traumática. El gobierno de Fernando de la Rúa lidió sus dos años antes del estallido de la gran crisis con la administración peronista bonaerense que encabezó Carlos Ruckauf. El propio Macri en sus épocas de intendente soportó refriegas repetidas con Cristina Fernández. Los ejemplos no resultan parangonarles. La Ciudad es la geografía más rica del país. Donde el peronismo apenas representa un nicho. Buenos Aires es el principal distrito, bastión opositor, que congrega y sintetiza el agudo drama social del país.

Tales antecedentes merodearon la cabeza de Vidal al momento de adoptar la decisión. También pesaron en la del Presidente. La gobernadora no vislumbró que detrás del desdoblamiento pudiera esconderse, a lo mejor, su salvación personal. Porque esa sería imposible si naufraga la reelección de Macri. Al contrario, la continuidad del Presidente podría, quizá, garantizarle en el 2023 una disputa por el cetro máximo.

La determinación de la gobernadora encajó en la estrategia que Macri pergeñó con Marcos Peña, el jefe de Gabinete, y Jaime Durán Barba, el asesor ecuatoriano. Que Buenos Aires y la Ciudad acompañen en la difícil aventura al Presidente. Porque Vidal y Horacio Rodríguez Larreta son sus figuras más taquilleras y emblemáticas. Los socios radicales de Cambiemos, Alfredo Cornejo, de Mendoza, y Gerardo Morales, de Jujuy, recibieron instrucciones similares. Aunque sin tanta rigidez. De hecho, los jujeños votarán antes de octubre. Los mendocinos andan por un sendero parecido. Las presuntas victorias de Cambiemos en ambas provincias ayudarían a moderar el clima de optimismo opositor. Allí suponen que el encadenamiento de victorias en los comicios anticipados fabricarán una nube tóxica para el examen final del Gobierno.

El alineamiento de Buenos Aires produjo un gran alivio a Macri. El Presidente está transitando un verano algo destemplado por la infinidad de enigmas que cubren el horizonte. Por lo menos se sacó de encima el desdoblamiento. Aunque lo azotan otras angustias que, cada tanto, desembocan en algún bajón anímico. De esa manera pasó sus días de descanso en Villa La Angostura. Sigue igual, aunque ciertas cuestiones lo van tonificando. Su papel firme en el conflicto con Venezuela. El lugar visible que le concede el mismo Nicolás Maduro con sus críticas. El más relevante después de Donald Trump, el mandatario magnate de Estados Unidos.

Pese a todo eso, nunca consigue tranquilizarse cuando indaga sobre tres asuntos. La duración de la presente pero precaria estabilidad financiera. La posibilidad que la inflación encuentre a partir del cierre del verano una sólida tendencia declinante. El atisbo de un repunte de la economía que modifique las pesimistas expectativas sociales. No podrían ser de otra manera: el Ministerio de Producción y Trabajo comunicó que en 12 meses se perdieron 172.200 empleos registrados.

Peña, antes de salir de vacaciones, se encargó de proporcionar estimulantes al Presidente. Las encuestas poseen para el macrismo el efecto de los anabólicos en los deportistas de alta competencia. Dos trabajos, de Poliarquía e Isonomía, certificaron que en el peor trance de la crisis Cambiemos todavía reuniría un 35% de intención de voto. El jefe de Gabinete repite que eso significaría estar, tal vez, en las puertas de una victoria en la primera vuelta. A sólo cinco puntos.

Se trataría de una visión bien parcial y piadosa. Acorde con la necesidad anímica del Presidente en este tiempo. El 40% serviría siempre y cuando exista una ventaja de 10 puntos con el segundo. Allí el entusiasmo oficial trastabilla. Cristina conserva una base de 30 puntos. El conglomerado del peronismo federal se arrimaría a otros 20 puntos. Cualquier pronóstico mutaría así en una mera conjetura.

La unificación de la elección en Buenos Aires con la presidencial responde al tópico esencial del plan que el macrismo jamás abandonó. Sobre el cual apuntala las aspiraciones de victoria: la polarización con el kirchnerismo. Con Cristina. La separación hubiera atentado contra ese objetivo y permitido quizás la consolidación de la alternativa que persigue el peronismo federal.

¿Por qué razón? Los intendentes peronistas y kirchneristas del Conurbano jugarán sus reelecciones –interés primario de ellos-- ligados a la candidatura de la ex presidenta. No poseen una garantía distinta. Del mismo modo, tal encolumnamiento debilitaría la construcción de una propuesta en un andarivel intermedio entre Macri y Cristina. En esa comarca existen presidenciables: Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa, Miguel Pichetto. Pero instaladas las cosas como están ahora cualquiera de ellos carecería de un motor en el principal distrito electoral. Incluso podrían sufrir algunas secuelas de la guerra sucia: le sucede al líder del Frente Renovador, al cual el kirchnerismo suele mencionar en negociaciones permanentes con ellos.

Aún con este panorama, ni Macri ni Vidal la tendrán sencilla en octubre. Por empezar, no se repetiría un fenómeno que adquirió mucha incidencia en el 2015: el corte de boleta que ayudó a la gobernadora y terminó dándole un envión decisivo al Presidente para el balotaje en el cual doblegó a Daniel Scioli. Dicho corte resultó espoleado por la presencia de Aníbal Fernández. El ex ministro del Interior y ex jefe de Gabinete ahora no estará. Los aspirantes peronistas para destronar a Vidal son por lo menos ocho. Pero Cristina resiste la posibilidad de una interna. Es un error del pasado que tiene reconocido. Su preferido es, sin dudas, Axel Kicillof. Los barones del Conurbano pretenden otra cara.

Vidal, según los números de seguimiento que tiene el oficialismo, ronda hoy una intención de voto de 40%. Casi lo mismo que cosechó en 2015. Con cuatro años de complicadísima gestión en sus espaldas. Pero el Presidente permanece aproximadamente en un tercio. Parecido también a lo que obtuvo en Buenos Aires en octubre del 2015. ¿Será capaz la gobernadora de impulsarlo hacia arriba? ¿O será ella víctima de la actualidad de Macri? No hay respuestas para esas preguntas. Se trata del gran dilema que deberá resolver Cambiemos.

Los experimentos de laboratorio confirman las dificultades. Nada indicaría que Cristina pueda estar por debajo del 34%. Fue lo que obtuvo en la Provincia para senadora en 2017. Con un margen de 0,21% por encima de Esteban Bullrich. La realidad de Vidal es bien conocida. Los especialistas de Cambiemos en Buenos Aires realizaron un ensayo tempranero: cotejaron la combinación de listas de Cristina-Kicillof contra Macri-Vidal. En el total, los kirchneristas sacarían ahora tres puntos de ventaja.

El Presidente y la gobernadora tuvieron la semana pasada dos apariciones conjuntas en actos públicos. Una tendencia que se mantendrá. Periódicamente podrá sumarse Rodríguez Larreta. El tridente al cual apuesta el macrismo. La estrategia se orienta además a fortalecer la presencia de Cambiemos en ciudades grandes del interior de la Provincia. Que puedan compensar la flojera oficial en núcleos densos del Conurbano. Un foco está colocado en Mar del Plata. Por allí pasaron también Patricia Bullrich y Rogelio Frigerio, dos de los ministros mejor ponderados del Gabinete. La gestión del intendente Carlos Arroyo resulta muy cuestionada. Macri y Vidal le dieron vía libre a Guillermo Montenegro para que lance su precandidatura a intendente. El diputado macrista tiene pensado trasladar definitivamente su vida junto al mar.

En Cambiemos, en el kirchnerismo y en el PJ llamó la atención un aspecto del anuncio oficial sobre la unificación electoral. La anticipación con que fue realizado. El rumor del desdoble había desatado histeria en la oposición. Renació el sosiego. Macri y Vidal hubieran podido continuar con la intriga por lo menos hasta iniciado el mes de marzo. Prefirieron interrumpir la especulación.

El Presidente y la gobernadora se encontraron por primera vez cuando recorrieron el Playón de Extinción de Dominio de Mar del Plata. Bandera de lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Luego transitaron las instalaciones del nuevo Hospital Bernardo Houssay. Entre ambas actividades se sentaron a solas a hablar sobre Buenos Aires. Coincidieron en el fondo y en la forma. Vidal solicitó no postergar más el anuncio sobre la unificación. Apuntó que se trataba de un juego demasiado similar al que practica el peronismo. No le convenía a ellos. Aún hacía ruido el polémico y oscuro plebiscito en La Rioja para habilitar la re-reelección de Sergio Casas.

Ese anticipo transformó una cumbre programada en una comida social. Estuvieron Peña, Vidal, Larreta, Federico Salvai (jefe de Gabinete en Buenos Aires) y Durán Barba. El epílogo de la breve treta electoral ya había sido escrito.

Eduardo van der Kooy

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