Miércoles, 06 Febrero 2019 00:00

Macri, frente al peronismo en campaña - Por Joaquín Morales Solá

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Tienen el diagnóstico, pero no encuentran el remedio. Los peronistas no kirchneristas llegaron a la conclusión, acertada, de que entre el 65 y el 70 por ciento de los votos están repartidos entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner; es decir, afirman, que está vacante un porcentaje de la sociedad que oscila entre el 30 y el 35 por ciento, casi los mismos porcentajes que acompañan al Presidente o a la expresidenta.

 

Debe relativizarse, sin embargo, esa afirmación: la suma de los distintos grupos de izquierda significa en casi todas las elecciones presidenciales casi un 10 por ciento de los votos. Lo que queda, entonces, es entre el 20 y el 25 por ciento de los votos. No es poco. El problema real que tiene ese peronismo, al revés de Macri o de Cristina, es que carece de un liderazgo unificador y de un candidato claro para las elecciones de octubre. Podrán definirlo en las primarias de agosto, pero los otros dos ya habrán tenido seis meses, por lo menos, de campaña electoral implícita.

Otra cuestión no resuelta por los que integran el peronismo alternativo es qué harán con Cristina Kirchner. Ella los seduce con una interna en la que, dice, podrían participar todos, siempre que sea en Unidad Ciudadana, su partido. ¿Por qué en ese partido y no en otro lugar? "Porque ella duplica la imagen y la intención de votos de cualquier otro peronista. Tiene derecho a poner condiciones", responde un asesor de Cristina. Sabe que ella los arrasará en cualquier contienda interna, sobre todo porque tiene la simpatía de la monumental provincia de Buenos Aires. El conurbano bonaerense es el distrito de Cristina; ella es, por ejemplo, la jefa política indiscutida de La Matanza. Ni Verónica Magario ni Fernando Espinoza, los supuestos jefes matanceros, podrían hacer nada sin la aprobación de Cristina.

Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto tienen posiciones definitivas sobre Cristina. El peronismo alternativo no puede ni debe hacer alianzas con ella, coinciden los dos. Ellos llegaron a decir que, si una mayoría de ese peronismo decidiera acercarse a Cristina, ambos se irían. No tengo nada que ver con Cristina, señaló Urtubey. El cristinismo no expresa las ideas del peronismo, agregó Pichetto. La disidencia está en Sergio Massa, que habla vagamente de los fracasos del pasado, pero que, al mismo tiempo, trata de seducir al electorado de Cristina. Tenía razón, entonces, el exjefe de Gabinete Alberto Fernández cuando hace poco dijo en un reportaje a LA NACION que había muchas ideas en común entre Cristina y Massa. Jorge Lanata le recordó a Massa en un reportaje radial, el lunes pasado, aquella frase de Fernández. Massa no la desmintió, como tampoco cerró la puerta a una posible alianza con Cristina. Sobrevoló la idea de no acordar con ella, se acercó y se alejó, pero no dijo categóricamente que sí ni que no. Urtubey aclaró luego que la estrategia de no pactar con Cristina es una política consensuada y decidida por todo el peronismo alternativo. Nadie sabe si Massa comparte esa posición.

Tampoco se puede establecer una política definida del peronismo alternativo con respecto de los asuntos esenciales del país. Está claro que Urtubey es un político consensual que se siente cómodo con las políticas ortodoxas de la economía. Es lo que ha hecho en Salta en casi 12 años como gobernador. Es también el que más ha trabajado su instalación en el exterior. Pichetto reconoce que el mundo ha cambiado y que las políticas nacionalistas están cubriendo grandes partes del mundo. Es el más duro cuando habla de la inmigración y del combate al delito. Los macristas suelen llamarlo "Le Pen Pichetto", en alusión a la líder de la derecha francesa Marine Le Pen. Pichetto tiene un pergamino del que los otros carecen: es el único que se enfrenta cara a cara con Cristina Kirchner en el recinto del Senado, que los dos integran. "Quédese tranquila. Usted va a ser candidata", la frenó hace poco cuando la expresidenta fabulaba sobre conspiraciones para proscribirla en las próximas elecciones. Incluía en la conspiración a algunos peronistas y aludía, sin nombrarlo, al propio Pichetto. Massa es, como siempre, el más difícil de enmarcar en un conjunto de ideas. El ideario de Massa está en la última encuesta. Puede ser liberal o nacionalista, ortodoxo o heterodoxo. Puede ser enemigo de Cristina (como lo fue en 2013, cuando la batió y la dejó fuera de la re-reelección) o puede acercarse a ella, sobre todo a través de su hijo, Máximo Kirchner. Massa dice que no se ve con Cristina desde hace nueve años. Es cierto. Pero se reúne muy seguido con Máximo, el hijo político de la expresidenta y la extensión de su mano y de sus oídos.

Habrá una fórmula peronista no kirchnerista en las elecciones, con Massa o sin él. La unificación de las elecciones en la provincia de Buenos Aires lo condenó al ahogo político por la extrema polarización en esa provincia entre Macri y Cristina; Buenos Aires es el distrito natural del exalcalde de Tigre. No debería descartarse que la desesperación lo esté llevando a ese extraño sistema de toco y me voy con Cristina.

De todos modos, las preocupaciones del Gobierno no pasan todavía por los avatares de Massa ni del PJ alternativo. Son problemas para después. Los dos problemas fundamentales son las provincias de Córdoba y, más que nada, de Neuquén. Las elecciones en esta última provincia se harán dentro de un mes, el 10 de marzo. Las encuestas señalan que hay tres tercios y que la liebre puede saltar para cualquier lado. Un tercio lo ocupa el sapagismo; otro tercio está en manos del candidato provincial de Cambiemos, y el tercero lo lidera el candidato del kirchnerismo. Los candidatos son Omar Gutiérrez, el actual gobernador sapagista ("el PRI neuquino", le llama el macrismo al sapagismo); el actual intendente de Neuquén, Horacio "Pechi" Quiroga, por Cambiemos, y Ramón Rioseco, ex intendente de Cutral Co, por el kirchnerismo. La reserva de petróleo y gas no convencionales de Vaca Muerta, una de las tres más importantes del mundo, está principalmente en Neuquén. Rioseco ya anunció que cambiará los contratos con las empresas petroleras para sumar puestos de trabajo y defender el medio ambiente. Ni el sapagismo ni Cambiemos significan un riesgo para la inversión en Vaca Muerta, que es en el único lugar (si se aparta, desde ya, al sector agropecuario) donde hubo inversiones por miles de millones de dólares en los años de Macri.

El otro problema está en Córdoba, el distrito electoral de Macri; allí, el Presidente ganó en 2015 con más votos que en la Capital. Las elecciones provinciales de Córdoba se harán el próximo 19 de mayo. El gobernador cordobés, Juan Schiaretti, lo conoce a Macri desde hace 30 años. En sus tres años como presidente, Macri siempre dijo confiar en la seriedad de Schiaretti, uno de los protagonistas del PJ alternativo. Schiaretti aspira solo a la reelección como gobernador; ya descartó cualquier posibilidad de presentarse en las presidenciales. El buen romance entre Macri y Schiaretti se rompió en los últimos días. El gobernador mandó 400 mil cartas a cordobeses que recibían los beneficios de la tarifa social de servicios públicos. Les comunicaba que "por decisión del gobierno nacional" (es decir, de Macri) se terminaban los beneficios. En rigor, los gobernadores firmaron el año pasado el pacto fiscal, por el que recibieron varios beneficios impositivos a cambio de que se hicieran cargo de la tarifa social. En ese intercambio entre beneficios y perjuicios, las provincias no ganaban casi nada, pero salían compensadas. Schiaretti decidió ahorrar, no continuar con la tarifa social y le pasó la responsabilidad política a Macri. El Presidente se indignó y publicó una solicitada en todos los medios periodísticos de Córdoba aclarando que lo que decía Schiaretti no era cierto. Fue más directo: "Es falso", ordenó escribir. La campaña ya comenzó en el peronismo. Y comenzó con tales rupturas entre Macri y el más amigo suyo entre los peronistas.

Joaquín Morales Solá

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