Lunes, 18 Febrero 2019 00:00

El cabezazo de Macri, las confesiones de Tabaré y Cristina reconciliadora - Por Ignacio Zuleta

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La interna cordobesa motivó un inusual gesto presidencial. La charla de presidentes en Uruguay por Venezuela y el plan CFK 2019.

 

En el estribo, Macri blanqueó el apoyo de Olivos en la interna de Córdoba

Al final, movió Mauricio Macri en la pelea cordobesa, entre Mario Negri y Ramón Mestre, por la candidatura a gobernador. Le bastó con mover la cabeza en la reunión del viernes, antes de partir a la India y aledaños, con Marcos Peña y Rogelio Frigerio, a favor del primero. En realidad, sinceró la opinión de todo el Gobierno en favor del jefe del interbloque de los Diputados. Macri y su entorno querían que se resolviese de abajo hacia arriba, pero esa crisis es bien espinosa. Habilitaron cabildeos interminables entre los cordobeses, para que les trajesen una solución con un moño de unidad. Ese entuerto enfrenta a Negri, que está mejor en las encuestas, con el aparato local del partido que maneja Mestre.

Macri ha aprendido que lo último que tiene que hacer un jefe es elegir entre la propia gente, a uno por sobre el resto. Es una ley no escrita de la política, pero recomendada por los que mandan: si elegís a uno, lo ponés contento sólo a él, pero dejás enojado al resto.

En la crisis cordobesa ocurría que la elección a gobernador era difícil de ganar, y quien tomase a cargo la estrategia, corría además con el riesgo de pagar el costo político de las decisiones. Intervinieron directamente, por teléfono de manos libres: Peña, Frigerio –que habían parlamentado entre jueves y viernes en Buenos Aires con Mestre y Nicolás Massot, jefe del Pro en el Congreso–, Maxi Ferraro (Coalición) y Alfredo Cornejo para tratar de convencerlo a Mestre de no ir a una interna y pactar la unidad con Negri.

Se refregaron encuestas y discutieron sobre si había o no diferencias sustanciales. Para los anfitriones, Negri estaba arriba. Mestre decía lo mismo de sí. La fecha de este lunes como deadline de inscripciones forzó una cita el viernes a la noche de los dos precandidatos, en un hotelito del barrio Villa Belgrano. La promovió Peña, quien se encargó de contarle todo a Negri.

Mestre ofreció en ese encuentro una interna Negri-Mestre o Mestre-Negri, y que se armase la fórmula ganadora. Negri dijo que él tenía acuerdos con Héctor Baldassi de vice y a Luis juez de candidato a intendente de la capital cordobesa y que, además, si creyese que estaba abajo en las encuestas cedería la candidatura. Mestre respondió que con Juez nada, que él le ganó antes en una elección en la cual éste había salido cuarto.

El juego parece abierto hasta último momento, con algunas alternativas, como que haya una interna para la Ciudad entre Juez y el radical Rodrigo de Loredo, que cuenta con el apoyo de Elisa Carrió y Mario Quintana, para que la lista de Cambiemos termine siendo Negri-gobernador, De Loredo-intendente. El intríngulis pone a la oposición de Juan Schiaretti en el mismo rol que el peronismo frente a Cambiemos. El oficialismo nacional tiene candidato en la cancha -Macri- desde hace rato y la oposición da vueltas buscando un formato de unidad para confrontar.

En Córdoba, Schiaretti gobierna, maneja las fechas y está en la cancha como candidato desde hace rato, mientras sus opositores buscan todavía desde dónde competirle. Paga Cambiemos el formato de construcción de abajo hacia arriba, que le aporta el radicalismo y también el estilo de liderazgo de Macri, que apenas habla de política. Quienes lo rodean juran que es casi imposible sacarle palabra sobre candidaturas y que, cuando más, mueve la cabeza como lo hizo el viernes antes de viajar.

Radicales: ¿qué es mejor, ser amigo de Mauricio o de Horacio?

Este final cordobés es el final de una semana de deliberaciones en varias sedes. Fueron jugosas las discusiones en la primera reunión del año del Comité Nacional con un solo resultado formal, la intervención de la convención de Santa Fe, porque dio libertad de acción a los afiliados, pasando la alianza Cambiemos por el arco de triunfo.

Se dice fácil, pero costó tener los votos para darle ese premio a José Corral, candidato de la alianza. Hacían falta 10 votos para tomar la decisión, y había 11 presentes. Para que saliese, las tribus presentes en el órgano supremo de la UCR se entregaron a un debate sobre qué harán en la Convención Nacional, que tiene que reunirse en abril, para convalidar la alianza nacional con el PRO y la Coalición, que integran el partido del Balotaje, el que le puede permitir a Macri reelegir.

En marzo de 2015, la Convención sesionó en Gualeguaychú, y allí se enfrentaron quienes querían una alianza sólo con el PRO, con quienes buscaban una alianza más amplia que contuviese, en aquel momento, a la fuerza de Sergio Massa.

Ganó la primera opción, que permitió el triunfo de noviembre de 2015. Si hubiera ganado la segunda, eso no hubiera ocurrido. Rafael Pascual planteó el miércoles qué iban a hacer ahora los radicales, en estos términos: “A Gualeguaychú fuimos crudos, terminamos en una votación, ganó la alianza con Macri, y cuando se supo eso, el propio Macri dijo que esto no era una coalición”.

La pregunta que no terminó de responder ese debate en el Comité Nacional del miércoles es si van a participar de una PASO presidencial, y con qué candidato: Lousteau u otro. O si van a acordar una fórmula presidencial. Macri va a querer una mujer. En 2015 le ofrecieron a Ernesto Sanz ser el vice y declinó.

Esa PASO nacional, además, tendría que acordar listas de diputados y senadores nacionales en todos los distritos, para generar los efectos venenosos de las internas. Nadie cree que Macri quiera cambiar de fórmula, por lo cual el esfuerzo tiene que ponerlo en que haya listas únicas a legisladores nacionales, y cerrar las peleas locales.

En el tramo más discreto de ese debate, surgió otra pregunta, que sólo permite respuestas indiscretas: ¿de quién tenemos que ser más amigos los radicales, de Mauricio o de Horacio?

Asumen que no son lo mismo y que no juegan el mismo partido, por lo menos en el recorrido completo. Horacio necesita reelección como Mauricio, pero suma aspiraciones de sucesión en 2023. Larreta paga bien en la Capital, pero no tanto en el interior y el radicalismo tiene necesidades nacionales, que sólo les puede solventar Macri.

Confesiones de Tabaré en La Anchorena sobre Venezuela

El Macri global que se varea en estos días por la India, tuvo un golpe de energía en la última semana. Estuvo con Tabaré Vázquez en Colonia hablando en serio de Venezuela, en las mismas horas cuando el Vaticano hacía trascender los términos de una dura carta del Papa a Nicolás Maduro, reprochándole que hubiera boicoteado los intentos de pacificación de su país para ganar tiempo.

Venezuela no es un asunto en el cual Macri se timbee como otros políticos. En las charlas que rodearon esa visita al uruguayo, hizo notar que siempre sostuvo la misma posición ante Caracas, desde agosto de 2003, cuando protagonizó el enfrentamiento con Hugo Chávez en un recordado programa de Mirtha Legrand, al cual fue a cerrar su campaña en las elecciones por la Ciudad, que perdió en un balotaje con Aníbal Ibarra.

Desde entonces nunca movió su posición, ni aun cuando su canciller, Susana Malcorra, se ilusionó con una mesa de diálogo en 2016, que los maldicientes le atribuyeron a un intento de lograr el voto de algunos países para la votación de ella misma a la Secretaría de la ONU: le costó a Macri y a Malcorra un debate con golpes de mesa e intentos de agarrar la carterita con Elisa Carrió, aunque la carterita la quiso tomar Malcorra en aquella oportunidad.

En este encuentro con Tabaré hubo acercamiento de posiciones después de que la cumbre de países amigos de Venezuela y de la UE aislasen la posición pro-Maduro de México, que ocurrió hace diez días en Montevideo. Este final tiene un nombre poco mencionado: Federica Mogherini, una italiana que es alta representante de la UE en Asuntos Exteriores, que fatigó los teléfonos desde enero para hablar de Venezuela con Macri. De esa cumbre salió una posición más dura de los países de la región, de los europeos y del propio Tabaré, que tienen elecciones este año, y el Frente Amplio que gobierna tiene que cuidarse, por los efectos que tiene hacia adentro del Uruguay la crisis en Venezuela.

Algo parecido a lo que ocurre en la Argentina. El Gobierno hace músculo y aferra al electorado propio haciendo antichavismo extremo, y eso arrincona al peronismo en la defensa desajustada y anacrónica de un régimen que ya no tiene mucho que dar, aunque prolongue su permanencia en el poder. Tabaré, además, aprovechó para confesar a Macri algunas cuitas personales, como su sentimiento herido por las acusaciones de sus opositores, de que su posición ante Venezuela, de apoyo tibio y declinante, es porque su hijo tiene negocios de informática con ese país. Le explicó en la estancia La Anchorena, residencia presidencial de los uruguayos en Colonia, que su hijo es un empresario importante de ese rubro desde hace años, que trabaja en varios países del mundo y que con Venezuela tiene un compromiso chico y viejo, que no tiene nada que ver con la política.

Miel para los oídos de Macri, que se pasa la vida explicando que él no tiene que ver con negocios familiares de los que dice que migró hace años, y con un alto costo personal, emocional y dinerario. A Tabaré lo hiere que el portador de ese reproche sea Jorge Castañeda, una leyenda del pensamiento tercerista que pasó de ser asesor del izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas, durante su campaña presidencial en 1988, a ser el canciller de Vicente Fox Quesada, empresario y hasta presidente de la Coca-Cola de su país.

Ídolos de ayer, de hoy y de siempre: Frondizi y Alvear

Para un político en proceso de aprendizaje, las crisis globales hacen aprender mucho en poco tiempo, y a partir de experiencias ajenas. Les sirven, además, las charlas como la que tuvo hace dos semanas con Carrió y Mario Quintana, adonde no sólo compararon la experiencia de Frondizi y Kennedy frente a Cuba, con la de Estados Unidos y la región frente a Venezuela.

El esfuerzo de la Argentina es no quedar atrapada entre el bolsonerismo y el trumpismo, pero marcar diferencia con la oposición local, que se abraza a Maduro. Como Frondizi en 1961, Macri intenta que las izquierdas regionales no terminen ayudando al aislamiento de Venezuela, algo que puede aprovechar Maduro para ganar tiempo.

En esa charla, Carrió le recordó las palabras de Marcelo T. de Alvear a su partido, en el debate sobre el aislacionismo en plena Segunda Guerra Mundial, cuando dijo: “No se puede ser radical y totalitario. Si en mi partido hay nazis, yo estoy de más en este cargo”. Carrió le tradujo en esa reunión a Macri esta consigna, así: "En tiempos de crisis hay que estar junto a las democracias". Alvear, admirado por Macri y Carrió, que también coinciden en la devoción a Frondizi, lo dijo en junio de 1940 en una reunión del Comité Nacional de la UCR. Los radicales discutían entonces si plegarse a los aliados o aislarse. Tan fuerte fue esa pelea que ese año la Convención Nacional se quedó sin quórum por sus disidencias.

El Papa, al final cerca de Macri

Hace menos de un mes el ideólogo real de Francisco, el uruguayo "peronista" Guzmán Carriquiry Lecour, dio la pista sobre la posición del Vaticano en un texto titulado “Post Data" que hizo circular en el órgano de la Pontificia Comisión para América Latina. Este funcionario ejerce como secretario encargado de la Vicepresidencia de la Pontificia Comisión para América Latina, el cargo más alto de un laico. Allí adelanta la misma posición crítica hacia el madurismo del episcopado venezolano que, según le dijo hace pocos días en Roma a Federico Pinedo el ministro de Relaciones Exteriores, Paul Gallagher, expresa la opinión del Papa Bergoglio sobre el régimen de Caracas.

Ese texto contiene el trasfondo de la carta a Nicolás Maduro que filtró el Vaticano: tres páginas firmadas por Francisco, con reproches a la falta de voluntad de proponer alguna salida pacífica, pese a los esfuerzos del Vaticano. Esa "Post Data" de Carriquiry, mentor de Bergoglio desde los años '60, cuando le presentó a otro ideólogo del bergoglismo, Alberto Methol Ferré, tiene fecha de enero pasado y se queja de Maduro en los mismos términos que ahora propone el Vaticano. "¡Qué lamentable que la consigna y utopía de un 'socialismo del siglo XXI' queden degeneradas por el régimen autocrático y cada vez más liberticida del presidente Maduro, con un total fracaso económico y miseria social!"

Como estos hombres de la Iglesia hablan para los tiempos, ese texto de Carriquiry tiene también un palo para los tercerismos de la región, en donde hay que incluir al peronismo cristinista, al lulismo y a los ecuatorianos de Rafael Correa. "Es sorprendente -reza Carriquiry- que los gobiernos de izquierda desalojados del poder en varios países de América Latina, y en otros subsistiendo en medio del fracaso, no hayan elaborado una severa autocrítica de los motivos de su derrota y, al contrario, queden encerrados en una apología engañosa y en una espera de su revancha."

Las reconciliaciones privadas de Cristina

Esta señal tiene destinatario en estas costas. El peronismo busca su modo de hacer campaña a partir de la identificación histórica con su electorado sociológico. Pero le cuesta abrir algunos cursos de comunicación con el padrón moderado de clase media de los distritos con mayor cantidad de votos del país, adonde hasta ahora Cambiemos ha ganado elecciones, o ha tenido resultados que lo benefician (Santa Fe, Córdoba). Ese electorado moderado se resiste a identificarse con un peronismo que no tiene otro programa que el rechazo al Gobierno.

Particularmente en materia económica, en la cual el peronismo está anclado en el documento que preparó la CGT para las elecciones de 2017, que son un sumario de las razones por las cuales el público debería apoyar un cambio radical de programa. No han salido de ese esquema y, para complicar más su situación, domina en el PJ el gesto de reivindicación de los gobiernos Kirchner, sin ánimo de revisar nada.

El arbitraje de fuerzas entre el cristinismo y el peronismo alternativo -que ocurrirá en el proceso de acuerdos pre-PASO y en las PASO mismas- aclarará qué tribu domina. Este debate es claro en Alternativa Federal, y parece avanzar en el cristinismo. La jefa de esa formación hace un bordado fino de recomposición de relaciones personales con quienes se llevó más que mal durante su gobierno.

Los llama, se reúne con ellos, les pide perdón por haberlos maltratado, argumenta que la informaron mal y la hicieron equivocar, y que ahora en adelante las cosas serán de otra manera. Ha desplegado este recitativo en decenas de conversaciones que ha tenido con ex funcionarios, que se alejaron de ella después de 2015, y que no la acompañaron en la aventura de Unión Ciudadana.

El plan de reconciliación -que seduce a muchos de los llamados a la casa de la señora- busca acercar algunos hilvanes de unidad hacia su candidatura presidencial, y habilita gestos de superficie que parecían imposibles; por ejemplo, la actuación de Alberto Fernández como boquetero que busca relacionar tribus hasta ahora irreconciliables. O la tarea que le encomendaron a Ginés González García, de recorrer el país para armar los equipos técnicos del PJ como integrante de la comisión de Acción Política, que maneja Rubén Marín, quien no ha sido nunca un cristinista extremo, pero que tiene un olfato pampa –nunca mejor dicho, es pampeano– para la política.

Ginés fue ministro de Salud de Néstor Kirchner, pero Cristina lo desplazó para poner en su lugar a Graciela Ocaña. Pasó ocho años en Chile como embajador, después de un protagonismo central con Eduardo Duhalde y Néstor. Lo que pueda hacer en esa nueva función marcará la capacidad del peronismo de salir del formato del bloqueo y la reivindicación, porque milita entre quienes creen que el peronismo tiene que construir un programa con lógica positiva, y no negativa o de rechazo, para poder ser alternativa.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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