Imprimir esta página
Miércoles, 20 Febrero 2019 00:00

En su momento más incierto, Macri frenó su caída - Por Joaquín Morales Solá

Escrito por 
Valora este artículo
(4 votos)

La economía está reflejando ahora la decisión política de ajustar los gastos del Estado y sufre, también, las consecuencias de la corrida del año pasado (que obligó al Banco Central a fijar tasas incompatibles con el crédito para frenar la megadevaluación).

 

Los índices de caída del consumo son importantes. La anunciada afluencia a los centros vacacionales tampoco sucedió. Dos últimas encuestas serias señalan, a pesar de todo, que en febrero se detuvo la caída de la imagen del Presidente.

Mauricio Macri cayó en enero en las mediciones, después de un importante crecimiento en diciembre tras las reuniones y las parrandas del G-20. La caída se detuvo ahora.

Nada más. Podría haber un leve crecimiento de Macri en alguna medición, pero nada en condiciones de cambiar dramáticamente el escenario previo. Si se miran la economía o las encuestas, Macri está viviendo el momento más oscuro de su presidencia. ¿Podía ser de otra manera después de los meses de crisis económica y de la consiguiente zozobra social que lo obligaron a tomar duras e impopulares decisiones? El tercio de la sociedad que lo acompaña en las buenas y en las malas no lo abandonó.

La primera pregunta es hasta cuándo durará esa oscuridad y cómo lo encontrarán al Presidente los meses de las elecciones, que empezarán en agosto con las primarias y terminarán en noviembre con la segunda vuelta, si es que hubiera segunda vuelta. Los economistas ortodoxos no se ponen de acuerdo, aunque todos coinciden en que la reactivación de la economía comenzará en mayo o junio. Para algunos, esa reactivación será casi imperceptible para los lugares con grandes conglomerados urbanos, como la Capital y el Gran Buenos Aires. Solo uno de los economistas más respetados, Orlando Ferreres, pronostica que en los meses de las elecciones la economía estará creciendo cerca del 4 por ciento, aunque prevé un crecimiento anual de solo el 1 por ciento. Si Macri ha logrado conservar un tercio de la sociedad cerca de él en los peores momentos de la crisis, es posible deducir que estará mucho mejor que ahora en los domingos de elecciones si se cumpliera el pronóstico de Ferreres. La única incógnita con ese pronóstico consiste en saber si, aun con un crecimiento mensual del 4 por ciento, una mayoría social percibirá que estará mejor.

Un aspecto al que el Gobierno le prestó poca atención hasta ahora es lo que sucede con la coalición gobernante en el interior del país. Las últimas dos novedades no han sido buenas. El triunfo radical en la interna oficialista en La Pampa solo mostró que el radicalismo sigue teniendo una estructura más importante que la de Pro.

Pero la cantidad de argentinos que votaron fue muy escasa. De un padrón de 246.000 votantes habilitados, solo votaron afirmativamente 29.000 pampeanos (la mitad de la capacidad de la cancha de River); 18.134 votaron en blanco. Los que votaron por alguna opción de Cambiemos (radicalismo o Pro) significaron poco más del 10 por ciento del padrón. Una cifra insignificante de la que no se puede sacar objetivamente ninguna conclusión seria.

Otra cosa mucho más importante es Córdoba. Y lo es no solo porque es el segundo distrito electoral del país, después de la provincia de Buenos Aires, sino también porque el peronismo gobierna esta provincia desde hace 18 años. Es, además, el distrito que descubrió a Macri como futuro presidente y en el que más votos tuvo en 2015. Aunque ahora también cayó en las encuestas de Córdoba, lo cierto es que Macri podía hacer poco y nada en la interna de Cambiemos en esa provincia. Es una pelea entre radicales: Mario Negri, actual presidente del interbloque de la coalición en la Cámara de Diputados, y Ramón Mestre, actual intendente de la ciudad de Córdoba. Negri sumó a Pro a su propuesta y Mestre se encerró en una oferta puramente radical. Mestre, al revés de Negri, siempre fue para Macri un dirigente difícil, fastidioso y, a veces, terco. Resulta extraño, con todo, que haya sido imposible encontrar una fórmula de unidad en la alianza gobernante en una provincia clave para las elecciones presidenciales. Al frente de ellos estará en las elecciones generales el actual gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, con fama de buen administrador. Todo indicaba que debía haber un acuerdo entre los radicales para ganarle al taquillero Schiaretti, pero ellos prefirieron atravesar los inexorables desgastes de la batalla interna. Nada nuevo en el universo de los radicales.

Las elecciones se ganan no solo por los aciertos propios, sino también por los errores de la oposición. Nadie puede negarle a Cristina, vapuleada de la peor manera por los hechos de corrupción de su gobierno y de ella misma, que sabe controlar la estrategia y la ambigüedad. Un rumor falso recorre ahora la política: ella, dicen, podría no ser candidata presidencial. No es cierto, según el testimonio de varios dirigentes que la frecuentan. De hecho, esas dos últimas encuestas muestran un triple empate entre Macri y Cristina Kirchner: en imagen positiva, en rechazo y en intención de voto. Los dos conservan un tercio del electorado y los dos tienen un rechazo superior al 50 por ciento de la sociedad. Falta no solo mucho tiempo para las elecciones (cinco meses para las primarias obligatorias), sino también las consecuencias de algunos hechos que sucederán. ¿Qué pasará con un porcentaje de los votantes de Cristina cuando esta deba sentarse ante un tribunal oral y público por actos corruptos? ¿Seguirá siendo la misma Cristina? ¿Perderá algunas adhesiones? ¿Qué pasará cuando el Gobierno se coloque en modo electoral y ponga fin al silencio de estos meses? ¿Explicará alguna vez qué es lo que espera al final de este período de escasez económica para la sociedad?

La aparición de la figura de Roberto Lavagna -y las expectativas que eso provocó- señala claramente que el peronismo no kirchnerista carecía de una alternativa importante y con potencial electoral. Las encuestas señalan también que Sergio Massa cae más de lo que crece y que Juan Manuel Urtubey no logra instalarse como un serio candidato presidencial, aunque reúne varias condiciones para serlo.

El problema de Lavagna son las condiciones que pone Lavagna. Hay algo de verdad cuando él dice que una elección interna entre peronistas, como la que proponen Massa y Urtubey, impediría un acuerdo más amplio con el socialismo santafesino, con Margarita Stolbizer, con los radicales de Ricardo Alfonsín o hasta con algunas figuras de Pro, como Emilio Monzó o Nicolás Massot, críticos de la conducción política de Cambiemos. Son críticos, es cierto, pero de ahí a que den un salto hasta Lavagna hay un trecho tan largo que no está en la mirada de ningún mortal.

Lavagna es un candidato descaracterizado (Eduardo Fidanza dixit) del peronismo y es un economista. Esas condiciones le permiten albergar ciertas esperanzas, porque un sector importante de la sociedad le rehúye a Cristina, pero también al peronismo en general. Lavagna detestó hace poco haber figurado en una crónica periodística como un hombre obsesionado solo con derrotar a Macri. No es así. La fractura social es para él uno de los grandes problemas, si no el principal, de la política argentina. Ni a favor de Macri ni contra Macri. Ni a favor de Cristina ni contra Cristina. Lavagna es la segunda figura política con más aceptación social, después de María Eugenia Vidal, aunque hay un sector de la sociedad (los menores de 30 años) que no lo conocen. Lavagna abandonó la vida pública hace doce años, después de que fue candidato a presidente en una alianza con los radicales para enfrentar a Cristina Kirchner en su primera elección presidencial. Ese desconocimiento lo podría recuperar si fuera candidato. Pero él reclama que el peronismo alternativo esté dentro de esa amplia coalición en la que trabaja, sin elegir antes un candidato a presidente.

Massa lo frenó el lunes: "Uno no puede ponerse en el lugar de soy yo o nadie. Para eso están las elecciones internas. Es la gente la que debe decidir", le contestó sin nombrarlo. Ese mismo día, Urtubey aclaró también su posición: "Lavagna podría hacer un aporte valiosísimo para nosotros, pero la candidatura debe definirse en elecciones primarias".

Con las encuetas y con esas definiciones en la mano, un encuestador concluyó: "Si Lavagna no presenta su candidatura al lado de Massa, Urtubey y Pichetto, su proyecto presidencial habrá muerto antes de nacer". Un Lavagna acompañado por expresiones minoritarias no peronistas se convertiría solo en otra fractura dentro del fracturado peronismo.

Joaquín Morales Solá

Visto 372 veces
Joaquín Morales Solá

Latest from Joaquín Morales Solá

We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…