Jueves, 21 Febrero 2019 00:00

Danza y contradanza en Defensa - Por Ricardo Roa

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Quisieron bajar costos en la obra social militar, pero hubo reacción y lo pagó el 2 de Aguad.

 

Si hay una gestión que sólo de vez en cuando entra en el radar político pero que cuando entra lo activa y fuerte, es la de Defensa. Acaba de probarlo el ministro Aguad, que tuvo que dar apurados pasos de danza y contradanza en las últimas horas.

Los pasos de danza fueron del hombre que Aguad puso como jefe de la obra social de las Fuerzas Armadas, que incluye a Gendarmería y Prefectura y que tiene unos 630 mil afiliados: es la séptima más grande del sistema. Pedro Barrios se propuso achicar costos y profesionalizar el organismo y planteó que le sacaran de encima a los militares que le endosan en la gestión. No midió que podría haber reacción militar. La hubo.

Reducir gastos y poner gente idónea es una discusión más que válida en una obra social montada en 2013 sobre tres estructuras y que no brinda buenos servicios, aunque recibe más aportes que las otras: entre 12 y 14% de los salarios frente al 9% del resto.

Las fuerzas destinan ahí 450 oficiales y suboficiales que conviven con unos 4.000 empleados civiles. Es otro número que no cierra. Los hospitales militares están colapsados y en parte privatizados: servicios y un porcentaje alto de camas han sido tercerizados y atienden afiliados de otras obras sociales. Y los directores rotan cada dos años como los jefes de un regimiento.

El problema es que Barrios en su propuesta omitió ir al grano y en cambio deslizó una incompetencia militar para la gestión por el hecho de usar uniforme. Olvidó que los militares son desde hace rato blanco de descalificaciones y ninguneos. La reacción la encabezó el propio directorio, al que Barrios se proponía reducir y al que pueden faltarle dotes gerenciales pero políticas no tanto: la voz del reclamo fue del hoy coronel retirado y héroe de Malvinas José Duarte, que dejó una carta en la mesa de entradas del Ministerio que al mismo tiempo y como corresponde a estos tiempos trascendió en las redes.

Dice Duarte: “Todo parece válido a la hora de humillar a las Fuerzas Armadas” y no teniendo “otro tema para el escarnio, se la toman con nuestra obra social, que es lo mismo que decir con nuestras familias. Es fácil, lo reconozco; los militares no tenemos sindicatos, no hacemos paros ni movilizaciones”. Duarte era teniente primero en Malvinas. Difícil cargarle procesismo.

Los pasos de contradanza los dio el propio Aguad: ordenó a los jefes de las fuerzas que comuniquen que el personal militar “seguirá prestando servicios en la obra social como históricamente lo ha hecho y su designación será realizada a propuesta de cada fuerza...”.

La crisis provocó la ida de Horacio Chighizola, radical de viejo cuño como Aguad y su segundo como secretario de Asuntos Militares. Simple: la necesidad de ponerle nombre al error. Marcos Peña aprovechó y ocupó la vacante con alguien de su equipo: Paula Decchiaro.

Y todo añadiéndole a Aguad otro dolor de cabeza cuando ya tiene los del submarino hundido y las maniobras con el Correo ex familia Macri, por las que debe declarar en marzo ante el juez Lijo.

Y también dolor de muelas para el ministro metido de lleno, nada raro entre radicales, en las internas por las PASO. Aguad, muy cercano a Mestre padre, apoya a Mestre hijo, que se enfrenta en Córdoba a Negri, radical macrista como pocos. Temor oficial: que el aparato radical cordobés copie La Pampa. También en esto, poca o rara estrategia macrista para las internas de Cambiemos.

Ricardo Roa

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