Lunes, 25 Febrero 2019 00:00

Macri arranca la campaña con todo el círculo rojo en contra - Por Sergio Crivelli

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La Corte, el Congreso, los sindicatos, la mayoría de la prensa, el peronismo, los radicales y el "establishment" económico: es inagotable la lista de los factores de poder que lo desafían.

 

La oposición es heterogénea y tiene en Cristina Kirchner un líder problemático, pero eso no le impide asediar al gobierno. Lo hace de manera turbulenta, poco efectiva y muchas veces contraproducente, pero la economía está en un bache, lo que le da espacio para enfrentar las decisiones de la Casa Rosada, aumentar la incertidumbre y contribuir a la sensación de que el presidente se debilita y aisla de forma progresiva.

La lista de los conflictos con los que Macri tropezó durante la semana que acaba de concluir es más que elocuente. Comenzó con el fallo de la mayoría peronista de la Corte Suprema que condenó a la Nación a pagarle 15 mil millones de pesos a San Luis en momentos de fuerte ajuste y con la misión del FMI en Buenos Aires para monitorear las cuentas fiscales. Un oportuno baldazo de incertidumbre con el sello de Lorenzetti.

La decisión tomó por sorpresa a un gobierno que no hace, ni hizo, ni hará pie en los tribunales. Su capacidad de operación en ese terreno es probadamente nula. La Justicia estuvo siempre sometida al poder político (o militar) de turno, por lo que su actual autonomía es encomiable desde el punto de vista institucional, pero desde el de la gobernabilidad y la estabilidad económica sugiere que el vacío de poder está a la vuelta de la próxima esquina.

El segundo revés para el presidente fue estrictamente interno. La derrota del precandidato del PRO a gobernador de La Pampa, una figura irrelevante, pero identificado con Macri. El padrón de la provincia tiene una incidencia electoral mínima, pero el triunfo de su candidato envalentonó a los radicales para reclamar cargos y candidaturas expectables.

El resurgimiento de la vieja burocracia partidaria no fue producto del azar, sino consecuencia directa del menosprecio que el macrismo siente por la clase política. Por desinterés o negligencia volvieron los exiliados como el ex senador Ernesto Sanz a aparecer en los medios.

Pero la torpeza mayor estuvo a cargo del propio Macri. Llevó a la gira por el sudeste asiático a Martín Lousteau, ocasión que aprovechó el autor de la inolvidable resolución 125 para reclamar internas presidenciales. Moraleja: si el líder del oficialismo no puede controlar siquiera su propia tropa, qué le espera a la hora de vérselas con un peronismo cada vez más belicoso.

La respuesta inicial a esa pregunta la tuvo el martes en el Congreso con el dictamen de rechazo al DNU sobre extinción de dominio. En este caso el resultado fue paradójica e inesperadamente positivo. Cambiemos estaba en condiciones de evitar la firma de ese dictamen, pero no lo hizo. Dejó que el kirchnerismo se abalanzase a derrotarlo y de paso arrastrara al resto del peronismo. Por primera vez en tres años dio muestra de alguna astucia política.

¿Por qué? Porque la repercusión negativa fue inmediata y puso fin a la trabajosa y estéril instalación de un peronismo "alternativo" que quiere presuntamente romper con el pasado. A la hora de la verdad los representantes de Massa, Urtubey y compañía aparecieron estrechando filas con el camporismo para trabar el rescate de los bienes producto de la corrupción.

Las consideraciones de tipo constitucional quedaron en segundo lugar y el peronismo unido en el Congreso proyectó la imagen de que a la hora de la verdad hay sólo dos posiciones: la macrista y la kirchnerista. Si bien se ha dicho hasta el hartazgo que la polarización es alentada por el gobierno, en esta ocasión el peronismo "alternativo" le ahorró el trabajo.

De allí que las campañas de prensa sobre candidatos alternativos como Roberto Lavagna o el ya olvidado Marcelo Tinelli estén condenadas sin atenuantes al fracaso. La realidad indica que la candidata opositora más fuerte es por mucho Cristina Kirchner quien persevera en un más que significativo "silenzio stampa".

Desde ese hermetismo mandó a sus seguidores a sellar acuerdos con el desacreditado "pejotismo" en diez distritos y dictará su ley inapelable en la provincia de Buenos Aires, donde los intendentes harán lo que ella diga. Todo se prepara por lo tanto para una batalla sin matices, en la que los factores de poder que votan todos los días ya eligieron trinchera, pero en la que la última palabra la tendrán los votantes comunes que lo hacen solo una vez cada dos años.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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