Viernes, 01 Marzo 2019 00:00

Todos contra todos: Macri y la decisión de reponer los caballos delante del carro - Por Hugo Grimaldi

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Rumbo hacia una elección que va a estructurar probablemente por muchos años un modelo de país, no sólo desde lo económico, sino también desde lo institucional, Mauricio Macri ha definido ante los suyos el actual momento como el de una "nueva normalidad", concepto que de su parte implica que ha comenzado a reconocer que siempre hay que poner los caballos delante del carro.

 

Expresarlo con todas las letras es otra cosa, ya que los políticos creen que están para desparramar optimismo y se conocen pocos casos que acepten de buen grado desdecirse y ponerse la soga al cuello.

En buen romance, la benévola descripción que suele repetir el Presidente apunta a significar que tuvo que recalcular y tirar a la basura casi todo lo anterior para darle paso a un esquema de mayor dureza. No es un problema de chapa y pintura: hay que rectificar el motor y si logra hacerlo funcionar antes de octubre es otra cosa. Esta incertidumbre es la que deberán superar los ciudadanos con su voto.

Al inicio de su gestión, Macri retomó rápidamente el contacto con el mundo, comenzó a arreglar las estadísticas y empezó a salir del esquema de economía cerrada que caracteriza al peronismo en general, algo que la discrecionalidad kirchnerista potenció por el lado de los controles de precios, la sustitución de importaciones, las tarifas de los servicios públicos planchadas y los múltiples planes sociales, todo bajo el paraguas de una supuesta ampliación de derechos. Sin embargo, tuvo dos errores de base: uno económico, por el lado del gradualismo, una receta que él creyó apropiada por entonces para hacer una transición soft, cuyas angustias -se especulaba- iban a quedar aplanadas por el crecimiento y otro de política comunicacional: la decisión de no blanquear de inmediato ante la opinión pública los agujeros presupuestarios de la herencia recibida.

Hoy, con el diario del lunes, el Presidente tiene en claro que perdió más de tres años en el experimento y que aquel capital político de origen, que hubiese tolerado mejor los ajustes actuales, se ha diluido. El desgaste, que se potenció con los acontecimientos externos de abril del año pasado y la necesidad de acudir en dos oportunidades al Fondo Monetario Internacional para reemplazar los fondos que el país ya no recibía a tasas acordes a su potencial, más la devaluación y sobre todo el grave rebrote inflacionario ha hecho que hoy cualquiera se le anime al Gobierno y que toda novedad que produce sea criticada de modo furibundo por derecha y por izquierda.

El fenómeno, que entra en la lógica de los opuestos entre cualquier gobierno y sus opositores, ha tomado en la Argentina la forma de insultos directos o de desgastantes memes o aún de noticias falsas sobre todo en las redes sociales, que eran una suerte de niña bonita de Marcos Peña y Jaime Durán Barba, porque la entendían como una nueva fase de la comunicación, más democrática y abarcativa, algo así como los nuevos canales de una vocería gubernamental que iban a llegar a todos en reemplazo de los medios tradicionales, considerados por el Gobierno como habituales lobbistas del círculo rojo. Nadie las manejaba y las entendía como ellos, se ufanaban.

En este error bien garrafal, por el que todavía nadie ha pagado un precio político dentro del Gobierno, se fundamenta la segunda pata del esmerilamiento que sufre Macri en la actualidad que amplifica el fracaso económico, ya que se ha visto que, ante el desgaste, todo le hace mella, desde los titulares de los diarios hasta los graphs de la televisión. Y como aquella soberbia de acudir a las redes dejó de lado la palabra oficial para empatar al menos en argumentos, cualquier prédica opositora siempre le pega al oficialismo por debajo de la línea de flotación, ya que o por ignorancia o para operar en contra del Gobierno se instalan supuestas verdades que nadie aclara.

Así, no hubo quien saliera a explicar desde el Gobierno que los "trabajadores de Coca-Cola" son en verdad de la envasadora FEMSA y nadie aclaró que el obrero que encaró al Presidente en Parque Patricios no lo "increpó", sino que habló con él, criticó y peticionó desde un lugar de muchísimo respeto. De este modo, el hueco en el que está metido Cambiemos se sigue cavando hacia abajo y debilita a una fuerza que parece que ha perdido el saque, que nunca se anticipa a la jugada y que solamente devuelve como puede todos los envíos, porque la corre de atrás en la mayor parte de los temas. Tanto estar a la defensiva acrecienta su debilidad objetiva.

Esto es así, en un momento en que, como contracara y amparada también en el tiempo transcurrido, la oposición no deja de sacar pecho y sumar probables voluntades de ciudadanos que, desde sus carencias, no se resisten a esos cantos de sirena o bien de quienes, como mucha clase media, privilegian lo económico porque no quieren seguir retrocediendo. Sin un progresismo orgánico en la cancha, muy perdido en cuanto a objetivos, la aparición de Roberto Lavagna o aún la de José Luis Espert, ambos economistas, tienen a esta altura más anclaje en la demanda del electorado que en los probables resultados. En ambos casos, hay por ahora más dudas que certezas, ya que los dos tienen afán de posicionamiento, aunque a su alrededor se generan internas feroces.

El economista liberal, quien criticó abiertamente el gradualismo desde el minuto cero, genera adhesiones en el establishment pero, a su pesar, está siendo opacado por un grupo de colegas de perfil más mediático que operativo, liderados por Javier Milei, a quienes muchos califican más como anarquista que como libertario. Otros caracterizan a este grupo bochinchero y desaforado en lenguaje e imposiciones como piantavotos, aunque les reconocen que han contribuido a la difusión de ideas de una derecha que en la Argentina no tiene canalización efectiva desde hace muchos años.

En tanto, Lavagna, ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, tiene su anclaje del llamado "peronismo alternativo", lugar desde donde se lo critica al Gobierno, aunque nadie quiere romper lanzas con él. Varios de ese espacio (Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Miguel Ángel Pichetto, el mismo Lavagna) han definido el espacio sin la senadora Cristina Fernández, a quien no desean tener cerca por nada del mundo. En cambio, Sergio Massa los tiene desconcertados: no quiere, pero quiere. Desde Unidad Ciudadana, la ex presidente les dedicó el miércoles a todos ellos un párrafo de su furibundo discurso en la Cámara Alta: "la oposición en serio (es) la de quienes nos oponemos a este modelo de entrega, saqueo y hambre. El resto es cartón pintado", les regaló al grupo más dialoguista.

Está claro que, a este renacido kirchnerismo, el más que tropezón del Gobierno le ha dado alas para galvanizar a los creyentes, denunciando persecuciones y la manipulación de la Justicia por parte de Macri a quien caracterizan como un demonio perverso dispuesto a imponer su modelo de ajuste y sumisión, algo peor que la mismísima dictadura militar. Para tratar de emparejar la cancha a su favor y como si todos fueran iguales, hablan de la venalidad de los jueces y de los fiscales, señalan conspiraciones internacionales y argumentan el fotocopiado de los cuadernos, como si los principales testigos de esa causa no fuesen personas de carne y hueso que no dejan de hablar, casi todos ellos colaboradores de los ex mandatarios, ya que participaron de modo directo en los negocios efectuados entre 2003 y 2015.

Y mientras CFK teje, Cambiemos desteje al compás de los revoltijos de sus propias internas, sobre todo tras la elección de candidatos en La Pampa. En esa provincia, las PASO son de carácter muy especial, ya que no se presentan los partidos que no tienen competencia interna, por lo cual los peronistas votaron cómodamente en la interna de Cambiemos. Según el perdidoso Carlos Mac Allister, los sobres de su rival, el radical Daniel Kroneberger, en Santa Rosa no dejaban lugar a dudas, ya que junto a su boleta invariablemente aparecía la del candidato a intendente camporista, Luciano Di Nápoli.

Este triunfo radical hizo que muchos pensaran en la UCR que había llegado el momento de competir internamente enfrentando a Macri en las PASO nacionales de agosto y se desató el ida y vuelta que ha llevado a una tregua hasta que la Convención Nacional lo decida. Hay quienes especularon que con la caída de imagen del Presidente, el partido podría tomar las riendas de la Coalición, otros referentes radicales piensan que las internas potencian a quien las gana, como en 2015 y un tercer grupo supone que aún no es momento y que Macri podría rehabilitarse en un segundo mandato.

En medio de estos tironeos y siempre de manera indirecta, el Presidente repitió ayer en Olivos la figura de la "nueva normalidad" para darle marco al actual escenario frente a los interbloques legislativos de Cambiemos, mientras algunos radicales sobre todo se preguntaban con el talonario de facturas en la mano si él, con esa misma sinceridad, estaría dispuesto a reconocer, aunque sea con un eufemismo parecido, otros errores de gestión que involucran haberlos dejado afuera de un montón de decisiones. La apertura de sesiones del Congreso será una buena oportunidad para calibrar el grado de seriedad de la nueva táctica o si finalmente se trata de un proceso de prueba y error.

Hugo Grimaldi

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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