Jueves, 07 Marzo 2019 00:00

Cambiemos se dobla, pero no se rompe - Por Mauricio Maronna

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La UCR no puede abandonar Cambiemos. Desaparecería del mapa. Como en la canción de Pescado Rabioso (en ese caso era el Blues de Cris), el radicalismo tiene su destino atado a Mauricio Macri.

 

La UCR no puede abandonar Cambiemos. Desaparecería del mapa. Como en la canción de Pescado Rabioso (en ese caso era el Blues de Cris), el radicalismo tiene su destino atado a Mauricio Macri.

Se escribió en esta columna hace casi un año que el radicalismo está condicionado al éxito o desgracia del macrismo. Otros dirán que, además, de condicionado está condenado. Si a Macri le hubiera ido bien, la UCR estaría sin pretensiones, y con un rol todavía más insignificante. Y si a Macri le fuera mal, sería muy difícil para los radicales macristas despegarse de otro papelón, como con la Alianza.

Por lo pronto, el partido centenario sabe que es clave para la organización futura de un espacio que, en vez de ir a la derecha como con el PRO, vaya hacia una lateralidad más progre con los socialistas, Roberto Lavagna y conformaciones por el estilo.

El radicalismo es culturalmente clave para avanzar en escenarios políticos representados por la clase media. O que representen a la clase media. Por eso, ahora, a tres años de haber mordido la manzana de la centroderecha, los dirigentes radicales sacan cuentas hacia futuro, huelen a cala respecto al avance de la coalición de gobierno y evalúan los pasos a seguir.

En la jungla hay de todo. Están los radicales que no quieren llevarle problemas al presidente (José Corral), los que tienen ganas de ir a una interna con el PRO (Enrique Nosiglia), los que se conformarían con más cargos (Alfredo Cornejo) y los que desean ir hacia otra alianza (Raúl Alfonsín). Nadie en su sano juicio cree que, institucionalmente, una convención partidaria rompa lo que el encuentro de Gualeguaychú decidió (armar Cambiemos), pero son muchos los que sostienen que "así no se puede seguir".

El radicalismo no puede romper porque no tiene adónde ir. Y porque en varias provincias —como el caso Santa Fe— ya están definidas las estrategias y las listas para enfrentar las Paso.

Hace algunas semanas atrás, Macri y Cornejo se encontraron en el sur del país, más precisamente en Villa La Angostura, donde el presidente disfrutaba de uno de sus tantos periplos vacacionales. "Presidente, a ver si me arregla el despelote que tienen en Santa Fe", le dijo el gobernador mendocino. "Y vos, Alfredo, arreglame el quilombo que tienen en Córdoba", respondió, perspicaz, el jefe del Estado.

Al fin, Santa Fe está ordenada (Corral será el candidato a gobernador) y Córdoba es un desquicio interno ante la interna Ramón Mestre-Mario Negri, que puede hacer volar todos los tapones. La interna radical, cuando no, pone en peligro la unidad de Cambiemos.

Voto con tonada cordobesa

Al gobierno le preocupa otra cosa, no la compulsa de pago. Macri se llevó mejor con el gobernador peronista Juan Schiaretti que con cualquier radical. Lo que al presidente le interesa es mantener en las presidenciales las cuotas de apoyo que, en 2015, fueron de más del 70 por ciento. Hoy, no llegaría ni a la mitad.

En medio de la caída estrepitosa de la imagen y la intención de voto de Macri, los radicales le pisan la pelota a Marcos Peña y están a punto de decirle: "Si no nos das competencia en las Paso, danos el vicepresidente y más cargos". Hasta aquí, Peña ni en sueños le pensaba ofrecer a la UCR el cargo de vicepresidente. Pero pasaron cosas.

Algunos correligionarios pensaron en el nosiglista, ex kirchnerista y ex embajador macrista Martín Lousteau. Pero el enrulado dirigente porteño no entusiasma a casi nadie, y sería derrotado sin demasiado trámite por Macri. "A uno de los pocos que le puede ganar Macri es a Lousteau. Además, muchos radicales no lo bancan. Por caso, (Gerardo) Morales", confió a LaCapital un dirigente ucerreísta que conoce al dedillo el mundillo de boina blanca.

El radicalismo en pleno espera una definición de los capitostes del gobierno nacional. A Macri no le disgustaría ir a una interna con Lousteau, sabedor de que le gana, pero Peña prefiere no mover las aguas. "Es el presidente el que va a la reelección y hay que cuidarlo. A veces en una interna se rompe todo y después no hay pegamento para unir nada", se escucha decir cerca de la Jefatura de Gabinete.

Por lo pronto, los radicales santafesinos que están aliados al PRO no se pueden quejar. En 2017 encabezó la lista a diputado Albor Cantard, pese a que no lo conocían más allá de la ciudad de Santa Fe. Y ahora, en la elección a gobernador, la Casa Rosada, otra vez, le dio la derecha a Corral. Literal.

La provincia de Santa Fe también sirve para medir el estado del interés nacional por la bota. En 2017, el gobierno nacional y Corral se sacaron de encima a Jorge Boasso, quien finalmente tuvo que competir con una agrupación de alquiler. Hoy, Boasso competirá por adentro de Cambiemos, nada más ni nada menos que contra Roy López Molina, el ganador de los últimos comicios. El "pibe de oro", como le dicen algunos dirigentes del PRO. Cambiamos.

La UCR, como tal, no se irá de Cambiemos. Se dobla, pero no se rompe. La cuestión se solucionará parcialmente con unos cargos más o con una interna convertida en misce en sene.

Pero, atentos, ya nada es lo que era en la relación entre la UCR y el macrismo. Esta historia continuará.

Mauricio Maronna
Twitter: @MauricioMaronna
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