Jueves, 07 Marzo 2019 00:00

Neuquén, una batalla de impacto nacional - Por Carlos Pagni

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Vaca Muerta es uno de los mayores yacimientos de petróleo y gas no convencionales del planeta. En consecuencia, es uno de los motivos por los que la comunidad de negocios internacional observa a la Argentina. Por eso las elecciones que se celebrarán para disputar la gobernación de Neuquén, el próximo domingo, tienen un significado que excede a esa provincia.

 

Sobre todo, porque allí compite con buenas opciones Ramón Rioseco, un aliado de Cristina Kirchner que estuvo cerca de triunfar en 2015.

Los grandes inversores energéticos, y quienes adquirieron la caudalosa deuda en dólares emitida por el gobierno local, podrían ver una victoria de Rioseco como el adelanto de una victoria de la expresidenta. Esa simplificación, extravagante, tendría consecuencias inmediatas sobre el comportamiento de los mercados en relación ya no con la provincia, sino con el país. Así se entiende que en el gabinete nacional miren esos comicios pensando en eventuales repercusiones sobre el tipo de cambio y el índice de riesgo soberano.

No es la única razón por la que la disputa neuquina se ha convertido, a su modo, en una reducción a escala de la escena nacional. Allí se ponen en juego también las tensiones internas de Cambiemos, sobre todo las que afloran entre la Casa Rosada y el radicalismo. Esos conflictos reaparecen en Córdoba. Y abren la posibilidad de un duelo por la candidatura presidencial del oficialismo.

La gobernación de Neuquén es un trofeo por el que pelean nueve competidores, de los cuales tres tienen chances de ganar. Uno de ellos es el gobernador Omar Gutiérrez, del histórico partido de los Sapag, el Movimiento Popular Neuquino (MPN), que aspira a la reelección. El otro es Rioseco, que encabeza una alianza que incluye al kirchnerismo. El tercero es el radical Horacio "Pechi" Quiroga, candidato de Cambiemos.

Gutiérrez tiene a favor ser el candidato del eterno oficialismo de una provincia que tiene un nivel de empleo público que araña el 25% de la población. Domina el territorio y conserva un vínculo más o menos estable con el sindicato petrolero, que conduce el senador nacional por el MPN Guillermo Pereyra. Gutiérrez tiene en contra los mismos factores. Su partido, que gobierna desde 1983, viene declinando desde hace muchas elecciones. Un desgaste que se manifiesta en algunos índices inquietantes. Neuquén bate el récord nacional en consumo de drogas per cápita y es una de las provincias más afectadas por la delincuencia. Los ingresos por regalías permitieron a Gutiérrez aumentar la recaudación en dólares como en ningún otro distrito. Pero también incrementó la deuda de manera preocupante. La infraestructura es mediocre y tardía. Un ejemplo: recién en octubre del año pasado Añelo, que es el expansivo centro urbano lindero con Vaca Muerta, asistió a la inauguración de un hospital.

Aun así, Gutiérrez es, según todas las encuestas, quien más chances tiene de ganar, en un torneo que se decidiría por una diferencia de pocos puntos. Esa hipótesis entusiasma a los empresarios, que ven en él a alguien que colaboró con el gobierno nacional para crear las condiciones que favorezcan el desarrollo energético.

Rioseco expresa a la izquierda. Exempleado de YPF, fue uno de los fundadores del movimiento piquetero en Cutral-Có. Con el tiempo se convirtió en intendente de esa ciudad, donde realizó una gestión muy aceptable. Sobre todo, si se la compara con la de la vecina Plaza Huincul, dominada por el MPN. Ambas localidades están separadas por una calle. Plaza Huincul fue una invención de los Sapag. La crearon en 1966 para quedarse con un nuevo municipio, ya que en Cutral-Có las elecciones les resultaban esquivas.

Quienes miran de cerca la política neuquina tienen a Rioseco como un pragmático que se despojó del pañuelo con que envolvía su cabeza, a la Arafat, cuando comandaba los piquetes. Es vecino del yacimiento El Mangrullo, del grupo Pampa, empresa en que le tienen simpatía. Más aún: en el bar del pueblo dicen que lo financia.

Este retrato se desfigura cuando se lo coloca en perspectiva nacional. Rioseco recibe el apoyo explícito de Cristina Kirchner, quien envió un mensaje a los neuquinos, en el que demostró que puede ser una patagónica encantadora.

El candidato aporta lo suyo. Su proselitismo está más basado en el repudio a Macri que en la polémica provincial. Estas peculiaridades hacen que, para la visión esquemática de un ejecutivo de Wall Street o de Texas, el éxito de Rioseco anticipe el de Cristina.

En el gobierno nacional no creen que eso suceda. Están convencidos de que Gutiérrez se reelige. Menos mal. Porque el lunes que viene Nicolás Dujovne y su secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, deben hablar ante un foro energético de Houston. Explicar que el yacimiento Vaca Muerta será regulado por Rioseco sería la peor forma de empezar ese road show. Hasta Rioseco lo sabe. Por eso está buscando desde hace algunos días alguna figura del empresariado para ofrecerle la Secretaría de Energía provincial, si es que las urnas le sonríen el próximo domingo.

El tercer candidato

Pechi Quiroga, el candidato radical y exitoso intendente de la ciudad de Neuquén, es el tercero en discordia. Ayer recibió el apoyo de las principales figuras de la UCR, que viajaron a Neuquén para apoyarlo. Hay que subrayar: de la UCR, no de Cambiemos, salvo por la presencia de un extrapartidario como Alfonso Prat-Gay. Ante la amenaza de Rioseco, en la Casa Rosada alientan a Gutiérrez, cuyo triunfo consideran más seguro.

Pechi procesa la amenaza de Rioseco de otro modo: despegándose de Macri. Ya quitó cualquier referencia a él de su publicidad. Una señal de alarma para el gobierno nacional: la figura del Presidente ya complica a varios candidatos locales. Más discordia con la UCR.

Si bien nadie se animó, por supuesto, a pedirle que desista de la competencia, Quiroga siente que el gobierno nacional conspiró contra sus chances. Se queja de que en las visitas de miembros del gabinete a Neuquén las fotos eran para Gutiérrez, quien fue recibido este verano por Macri en Cumelén. También reprocha que la política energética no haya tenido en cuenta la variable electoral. A su lado explican: "La resolución 46, que puso en tela de juicio los subsidios a la industria, le devolvió al MPN la posibilidad de levantar la bandera de los neuquinos contra el poder central, que fue su discurso de toda la vida".

Quiroga y sus amigos reprochan a Mauricio Macri la restricción en la obra pública. Ofrecen este ejemplo, tragicómico: "Estamos haciendo el metrobús, que es una obra complicada. La gente te insulta cuando la realizás porque le enloquecés la vida, y solo te aplaude después de inaugurarla. Pues bien, nosotros vamos a tener los fondos para inaugurarla después de la elección. Quiere decir que hicimos el metrobús solo para que nos insulten".

En la conducción nacional de la UCR creen que los padecimientos de Quiroga no se entienden solo por la peripecia local. Ven en ellos otra evidencia de una falta deliberada de compromiso del macrismo con la suerte radical. "A veces creo que, para Mauricio, es más importante una derrota del radicalismo que un triunfo de Cambiemos", recrimina, enojado, un histórico dirigente de ese partido que, en lo personal, se lleva fantástico con Macri.

En el Gobierno tienen también su talonario de facturas. Lamentan el internismo congénito de los hijos de Yrigoyen, que ahora altera la dinámica de las elecciones cordobesas, previstas para el 12 de mayo. Allí aspiran a la gobernación el intendente de la capital, Ramón Mestre, y el diputado nacional Mario Negri. Mestre controla un respetable aparato territorial a través de un grupo de intendentes. Negri consiguió el apoyo de la Casa Rosada y también de otras figuras eminentes de Cambiemos. Sobre todo de Horacio Rodríguez Larreta. Además, Negri es un ahijado de Elisa Carrió en contra de la estructura que acompaña a Mestre, en la que se destaca la UCR porteña, liderada por Enrique Nosiglia. Ese sector del radicalismo impulsa la carrera de Martín Lousteau. Se entiende, entonces, la pasión cordobesa de Larreta.

El problema de esta interna es que resulta muy difícil organizarla. El Correo alegó falta de tiempo. Por eso Negri propone que el candidato surja de una encuesta. Mestre sugiere montar una logística propia. Pero los colaboradores de Negri exageran: "Nos quieren hacer una elección a lo Maduro".

El gobernador Juan Schiaretti no es ajeno a la interna radical. Además de tener una excelente relación con el intendente Mestre, cree que le gana. Que la campaña no sea muy exigente es hoy esencial para Schiaretti. Le acaban de colocar cuatro stents, y su cardiólogo le recomienda, para sanarse, una operación más complicada. Afectado por esta fragilidad, el gobernador está por decidir quién será su compañero de fórmula. En los últimos días las preferencias recaen en su alter ego de toda la vida: Ricardo "Chaucha" Sosa.

La tensión entre la UCR y Macri se expresa en la estrategia nacional de ese partido. Se analizó, a 10.000 metros de altura, en el viaje presidencial entre la India y Vietnam.

En ese trayecto, Martín Lousteau trató de convencer a Macri de las ventajas de una competencia por la candidatura mayor.

Para Lousteau, como para muchos radicales, sería una forma de contener dentro de Cambiemos un malestar, sobre todo de origen económico, que corre el riesgo de canalizarse a través de la candidatura, todavía conjetural, de Roberto Lavagna.

Macri respondió como de costumbre: "Hablá con Durán Barba". Pero dio un paso más: "Martín, en vez de pensar ahora en la presidencia, ¿por qué no competís, dentro de Cambiemos, por la ciudad?".

Las diferencias del Presidente con Larreta y con María Eugenia Vidal aparecen cada vez más a menudo. Nacieron en septiembre, durante aquella crisis de gabinete en la que Larreta y Vidal, con el aval de Nicolás Caputo, sugirieron el desplazamiento de Marcos Peña y de Dujovne. Macri sospechó que esa jugada escondía un desembarco peligroso: el de Sergio Massa, a quien siempre asocia con el banquero Jorge Brito, el empresario que más detesta.

La presión radical es mucho más sencilla. Aunque nadie conoce del todo su destino. ¿En la UCR quieren una interna? ¿O ese desafío es solo una posición negociadora para conseguir la vicepresidencia? Solo falta que Macri se la ofrezca a Lousteau. Sería una salida inesperada: renunciaría a hacerse secundar por una mujer y sería una oferta muy porteña. Tendría, eso sí, un encanto personal: Macri lanzaría a Lousteau contra Larreta y contra Vidal en la carrera sucesoria. Por lo menos, hasta que se le pase el enojo.

Carlos Pagni

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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