Viernes, 08 Marzo 2019 00:00

Macri, entre el dólar y la teoría del "choreo" - Por Fernando Laborda

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Vuelve a ocurrir lo que tantas otras veces ha sucedido. El mundo estornuda y la Argentina parece sufrir los embates de una neumonía, cuyos primeros síntomas son las turbulencias en el mercado cambiario y la devaluación del peso, frente a lo cual ningún antibiótico está exento de provocar otros males.

 

El equipo de Mauricio Macri se venía debatiendo entre bajar las tasas de interés para intentar reactivar la economía, a riesgo de que muchos pesos se fueran al dólar, o bien subir las tasas para evitar la presión cambiaria. En las últimas semanas, el Banco Central optó claramente por esta última alternativa. Sin embargo, la fiebre dolarizadora no se atenuó, de la mano de un desarme de carteras que afectó a las economías emergentes y de cierta incertidumbre política de cara al proceso electoral argentino.

Lo cierto es que, cuando el Gobierno esperaba que la codicia de los inversores comenzara a vencer al miedo, el pánico sigue imponiéndose por varios cuerpos y el escaso poder de fuego que tiene el Banco Central para intervenir en el mercado cambiario luego de las condiciones acordadas con el FMI provoca menos esperanzas todavía de que el dólar pueda volver a los niveles que tenía apenas una semana atrás, cercano a los 40 pesos.

En términos políticos, es claro que al Gobierno le conviene que se hable lo menos posible de economía y todo lo que se pueda de corrupción y de cuestiones institucionales. Será difícil cuando cualquier encuesta sobre inquietudes de la población ubica a la inflación y al temor a perder el trabajo muy por encima de la corrupción. Sin embargo, la estrategia oficial quedó en evidencia con el primer proyecto de ley del Poder Ejecutivo que aterrizó en el Congreso, apenas iniciado el período de sesiones ordinarias: el referido al régimen de ética en el ejercicio de la función pública.

Esta iniciativa contempla, entre sus principales novedades, un nuevo régimen de declaraciones juradas patrimoniales que, además de alcanzar a los principales funcionarios de los tres poderes del Estado, involucrará a directores y administradores de sindicatos y obras sociales, al igual que otras entidades públicas no estatales o de derecho privado que perciban, gasten o administren fondos públicos.

El proyecto de ley de ética pública propicia, además, la publicidad de la información tanto de los funcionarios como de sus cónyuges y de sus hijos. Asimismo, incluye un capítulo sobre nepotismo, donde señala que ni el cónyuge o conviviente ni ninguna persona con vínculos de parentesco hasta segundo grado con los secretarios o subsecretarios del Poder Ejecutivo y máximas autoridades de entes descentralizados podrán ser designados ni contratados en el ámbito de sus respectivas jurisdicciones. Y en el caso del presidente, el vicepresidente, el jefe de Gabinete, los ministros y secretarios de gobierno la prohibición se extenderá a todo el ámbito del sector público nacional.

Uno de los puntos más conflictivos del proyecto pasaría por la posibilidad de que los caciques sindicales deban hacer públicas sus declaraciones patrimoniales, por lo que no pocos de ellos pondrían el grito en el cielo. Justamente eso es lo que espera el oficialismo macrista. Así, si el kirchnerismo y el peronismo no K hacen causa común con los sindicalistas, el tratamiento de la iniciativa podría demorarse y dejar a la principal oposición en evidencia. La estrategia del Gobierno es similar a la que mostró con su decreto sobre extinción de dominio, tendiente a recuperar lo robado por la corrupción, que fue rechazado por el peronismo.

En otras palabras, el macrismo buscará seguir potenciando la teoría que hizo pública el cineasta Juan José Campanella: los peronistas de cualquier color terminan siempre unidos para "defender el choreo".

¿Podrá entretanto el Gobierno eludir el debate sobre la economía? Difícilmente, pero al menos intentará que esta no monopolice la discusión hasta dentro de un tiempo, que algunos economistas ubican en junio, cuando podrían comenzar a sentirse los efectos concretos de la llegada de los dólares de la cosecha gruesa y de una recuperación parcial de los salarios del sector formal con el progresivo cierre de las negociaciones paritarias.

Fernando Laborda

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