Martes, 12 Marzo 2019 00:00

Cristina no une y Macri tampoco - Por Ricardo Roa

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En Neuquén, unido, el peronismo fue para atrás. Y en Córdoba, Cambiemos se desune.

 

Ahora se sabe: para pronósticos no hay como los del kirchnerismo. Pronósticos equivocados. Se venía el primer gran test electoral, el de Neuquén, y Cristina apostó a lo grande: hizo un video acá para bendecir a sus candidatos Rioseco y Martínez y mandó para allá un elenco de sus primeras figuras.

Kicillof, el abanderado, anticipó: “En Neuquén comenzará a gestarse la derrota de Macri y del neoliberalismo”. Y en tono doctoral, explicó: “Es muy claro, el que vota a Gutiérrez está votando a Macri”. Otra conclusión: el que vota a Rioseco está votando a Cristina.

Grabois juntó también a Macri con Gutiérrez en un “bipartidismo reaccionario”. Macri, agradecido: su verdadero candidato salió tercero. Grabois elogió que “en Neuquén se ha logrado sintetizar la unidad” de todos los peronismos con Cristina. Algo parecido había dicho Moreau: “Es la primera provincia en que todas las fuerzas opositoras se unieron... Tengo la plena convicción de que los neuquinos darán el primer grito que producirá un eco en toda la Argentina”. Aún lo está esperando.

La victoria de Gutiérrez fue champagne en el Movimiento Popular Neuquino, soda en la Rosada y vinagre en el kirchnerismo, que imaginó una escenografía de unidad de hierro y resultó de papel. En las legislativas del 2017, Rioseco y Martínez habían ido en boletas separadas. Martínez sacó el 19,31 % y Rioseco el 18,09. Ahora, juntos fueron diez puntos menos: sumaron 26,06. La unidad con Cristina no alcanza para ganar. Al menos no alcanzó en Neuquén.

El cristinismo quedó a 13 puntos de Gutiérrez y no tiene cómo disimularlo. Fantaseó con un trampolín y terminó en un tobogán que tiró para abajo a Rioseco. El mismo Rioseco cree hoy que el abrazo del cristinismo en lugar de ayudarlo lo perjudicó.

Tampoco se puede disimular que las encuestas volvieron a perder: la mayoría anticipó un empate técnico. Despertaron un exceso de entusiasmo en el kirchnerismo y un exceso de temor en el macrismo por la derrota política y por el impacto de una victoria kirchnerista en la provincia de Vaca Muerta.

Cuando vio, como Duhalde con De la Sota en 2003, que su candidato Quiroga no despegaba, Macri de vacaciones en el sur se sacó foto con Gutiérrez. Quiroga terminó tercero, lejos. A Macri le fue mal. A Cristina le fue peor.

La elección neuquina prueba que la polarización Macri-Cristina no es inexorable. Y si descascaró la cacareada unidad del peronismo, la de Cambiemos no luce mucho mejor. Terminó por hundirse el acuerdo en Córdoba y Mestre y Negri anunciaron que competirán en listas separadas para gobernador.

Córdoba es una provincia que ha votado muchas veces gobernador radical pero que votó, más cerca, gobernadores peronistas aunque en la presidencial votó Macri. Ahora las chances de Cambiemos se reducen claramente. Aplaude Schiaretti.

La crisis de Cambiemos es la crisis de la conducción del radicalismo o, lo que es lo mismo, la ausencia de un liderazgo nacional. Pero es también otra cosa: la incapacidad política de Cambiemos para construir y contener cuando hay complicaciones serias.

El intendente Mestre quiere las PASO porque maneja el aparato partidario. Y por la misma razón, el diputado Negri no quiere las PASO. El problema de Macri es que Negri, el más macrista de los radicales, puede ganar afuera, pero perder adentro. En Neuquén la ecuación se resolvió poco menos que sola. En Córdoba nadie supo o pudo resolverla.

Ricardo Roa

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